BOABDIL (cuento breve)

Una pequeña narración de Ignacio Rubio Arese

 

BOABDIL

¿Feliz Navidad?, repite Boabdil hecho un basilisco, fulminando con la mirada al mensajero de los reyes cristianos.

Por un instante duda si ajusticiar al blasfemo y dejar su cuerpo ondeando en las almenas.

Pero no, la suerte está echada, se dice el nazarí mientras recorre el adarve de las murallas que protegen la alcazaba.

Hace treinta días firmó la capitulación, acordando entregar Granada en un plazo de dos meses. Adiós, Alhambra, adiós, Al-Ándalus.

Siglos de oscuridad se avecinan para su pueblo, sin que la noche rasa ofrezca señal alguna de Alá, el todopoderoso, y su mediación salvadora.

Allá abajo, en los campos mordidos por la escarcha, se escuchan festejos y cánticos, el chisporrotear de hogueras, las tonadas de rabeles y salterios.

Bailan ebrios de vino los caballeros herejes que pronto ocuparán su reino, celebrando al mismo tiempo la victoria y la natividad de su mesías…

Autor: Shihabuddin

Psicólogo y escritor. Practicante del sufismo en la tariqat naqshbandi.

5 opiniones en “BOABDIL (cuento breve)”

  1. Durante la segunda mitad del pasado siglo, Henry Corbin profundizó en algunas experiencias históricas, en el ámbito del pensamiento y la espiritualidad orientales, desvelando aspectos inéditos que sugieren una honda sabiduría transcultural emanada a partir de la experiencia de la luz y de los colores. Corbin, miembro del Círculo Eranos —al que también pertenecían Carl G. Jung y Jacques Lacan— tras estudiar y traducir a Heiddegger y sintonizar con el ámbito de la fenomenología, descubre otras tradiciones filosóficas y gnósticas, el sufismo andalusí de Ibn ‘Arabi y las escuelas místicas de Irán. Leyendo algunos de estos ensayos en los que analiza detenidamente las experiencias de estos místicos a través de sus propias descripciones —de Ibn ‘Arabi, Sohravardi, Naim Razi, Semnani y, sobre todo, de Naim Kobra y Karim Jan Kermani— podemos darnos cuenta de que en diferentes contextos culturales han existido seres humanos capaces de percibir las energías sutiles, de tener una experiencia visual del mundo dinámica y vibrante, seres humanos que han sido testigos directos de la brotación luminosa del color en sus conciencias, del manantial de luces coloreadas que constituyen la urdimbre tanto de nuestra percepción visual como de nuestra experiencia conceptual e imaginal.
    algunos de estos ensayos en los que analiza detenidamente las experiencias de estos místicos a través de sus propias descripciones —de Ibn ‘Arabi, Sohravardi, Naim Razi, Semnani y, sobre todo, de Naim Kobra y Karim Jan Kermani— podemos darnos cuenta de que en diferentes contextos culturales han existido seres humanos capaces de percibir las energías sutiles, de tener una experiencia visual del mundo dinámica y vibrante, seres humanos que han sido testigos directos de la brotación luminosa del color en sus conciencias, del manantial de luces coloreadas que constituyen la urdimbre tanto de nuestra percepción visual como de nuestra experiencia conceptual e imaginal.
    Estos místicos frecuentaron con asiduidad la estación o maqam 26 que se halla “en la confluencia de los dos mares”, el ámbito donde brotan, al mismo tiempo, la percepción y su significado, el lugar donde la conciencia humana se abre a la Revelación, en un sentido holístico y universal, a ese Qur’án cósmico que, tal vez por esa y otras razones, dice estar en una tabla bien guardada. Lugar donde la creación se torna elocuente. A lo largo de su peregrinación interior, estos orientales fueron a menudo testigos de la aparición de luces coloreadas en sus propios cuerpos sutiles, en el órgano de su imaginación activa y creadora.

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