El musulmán y el zoroastriano

Envíado por Sheij Salahuddin de Ibiza

BRR

Un hombre de origen noble llegó a Balkh, que está situado al sur de Irán, acompañado por su esposa y sus hijas. Poco después de su llegada, el hombre cayó enfermo y murió, dejando a su esposa e hijas. Sin su apoyo, ellas se volvieron pobres, y sufrieron. Temiendo por ello la burla de los enemigos, ella huyó de Balkh con sus hijas, en dirección a Samarcanda.

En el día en que llegó, hacía mucho frío, así que dejó a sus hijas en una Masjid y salió a buscar comida. Pasó por delante de dos grupos de personas. Uno estaba reunido alrededor de un musulmán, quien era el Sheij, y otro grupo alrededor de un zoroastriano (Majusi), quien era el encargado de seguridad en la ciudad.

Ella se dirigió primero al Sheij musulmán, y le describió su situación, diciendo, «soy una mujer de familia respetable, con hijas a las que he dejado en la Masjid local, y he venido en busca de alimentos.» Él le preguntó, «Tráeme pruebas de que eres de una familia respetable.» Ella respondió, «Soy una extraña en esta población, y por ello no conozco a nadie que pueda testificar en mi favor.» Ella se alejó de él con el corazón roto. Después fue donde el zoroastriano y le explicó su situación, hablándole de su noble origen y de sus hijas huérfanas, que estaban esperando su retorno en la Masjid del lugar. Ella también le mencionó cómo la había tratado el Sheij musulmán. El zoroastriano se puso en pie y envió a algunas mujeres para que trajeran a sus hijas, y se las llevó a todas a su casa. Allí, hizo llover sobre ellas honores y generosidad. Las alimentó con alimentos refinados, y las vistió con ricas prendas.

En esa noche, el Sheij musulmán vio en un sueño el Día de la Resurrección, y se desplegaron las banderas alrededor del Santo Profeta Muhammad (la Paz sea Sobre él). Por delante de él, había un palacio verde, hecho con esmeraldas, sus balcones de perlas y rubíes, y cúpulas de perlas y corales. Él le preguntó al Santo Profeta Muhammad (la Paz sea Sobre él), «Mensajero de Allah, ¿para quién es este palacio?» El Santo Profeta Muhammad (la Paz sea Sobre él) respondió, «Para un Musulmán.» El Sheij musulmán respondió, «¡Yo soy musulmán!» El Santo Profeta Muhammad (la Paz sea Sobre él) dijo, «Demuéstrame que eres un musulmán». Ante ésto, el Sheij musulmán se quedó estupefacto. El Santo Profeta Muhammad (la Paz sea Sobre él) dijo entonces, «Tú le pediste a una mujer que presentara pruebas de su respetabilidad, y por ello mi pregunta para ti es, ¿puedes tú presentar pruebas de que eres un musulmán?» En este punto, el Sheij musulmán sintió remordimiento por cómo había tratado a la mujer y sus hijas que acababan de quedarse huérfanas.

Por la mañana, envió inmediatamente a alguien para encontrar a la mujer. Se enteró de que estaba en casa del zoroastriano, así que lo llamó. Cuando el zoroastriano llegó, el Sheij musulmán le pidió que le enviara a la mujer y sus hijas. El zoroastriano respondió, «¡Bajo ninguna circunstancia! He recibido grandes bendiciones gracias a ella.» El Sheij musulmán dijo, «Toma mil dinares de mi parte, y tráemelas.» El zoroastriano gritó, «¡Imposible! Aquél que te mostró el palacio en tu sueño lo ha hecho (el palacio) para mí. ¿Y te sorprende, porque yo no soy musulmán? Por Allah (Subhana Wa Taala), no me fui a dormir la noche pasada antes de que yo y mi familia aceptáramos el Islam por la mano de esa noble mujer, y yo he soñado algo parecido a lo que tú has soñado: el Santo Profeta Muhammad (la Paz sea Sobre él) me preguntó, «¿Están esa noble mujer y sus hijas contigo?» Yo respondí: «Sí, Mensajero de Allah.» El Santo Profeta Muhammad (la Paz sea Sobre él) dijo, «Este palacio es para ti y tu familia. Allah (Subhana Wa Taala) os creó a ti y a tu familia como creyentes en la eternidad”. A eso, el Sheij musulmán se quedó profundamente entristecido, y se lamentó por la oportunidad perdida para ganar una posición elevada en el Paraíso, debido a su desatención de la mujer que había enviudado y sus hijas.

Autor: Shihabuddin

Psicólogo y escritor. Practicante del sufismo en la tariqat naqshbandi.

Un comentario en “El musulmán y el zoroastriano”

  1. Salam Aleykum

    Enteramente hermoso.

    Jesus dijo que él estaba en aquel que pedía un vaso de agua, en aquel lleno de pulgas que pìde auxilio, en los mullidos que buscan un brazo con el cual caminar, expresó soy todo hermano que a tu casa se acerquié, a cualquiera de ellos lo que con él has hecho, a mí me lo has hecho-

    Algo tan Puro, bello y cierto.

    Somos simples motas de polvo,

    Y demos gracias a Allah, por ser conscientes, por su misericordia para llegar a Él, y siempre por todos los Awliyas, que le sirven y por su amor a Él están entre nosotros conduciendonos amandonos y enseñandonos

    Gracias por tan fantástico texto

    Bendiciones de Paz Amor Unidad en todos los corazones

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