Bienvenido a la Universidad Espiritual

Entre la confusión de instituciones orientadas a la enseñanza se mantiene una que continua conectada con la fuente de conocimiento, es la universidad para el alma. Para aquellos que quieran matricularse en ella vamos a exponer sus datos.

Pertenece al mundo islámico y su apariencia es modesta. Se conoce como Tariqat Naqshbandi Haqqani y está considerada como una de las escuelas o tariqats del sufismo. Su Rector se llama S. Nazim y tiene su Rectorado actualmente en Chipre, con facultades por todo el mundo. Hay dos catedráticos llamados S. Hisham, en EE.UU., y S. Adnan, en Líbano, y otros profesores titulares, como S. Hassan, en Alemania.

Esta es una universidad de educación a distancia, donde la comunicación es espiritual. Por eso, para matricularse, es necesario establecer esta conexión espiritual con el Rector, mediante el ritual denominado bayat. En ese momento no se recibe un número de matrícula sino un nombre espiritual.

La enseñanza es eminentemente práctica. También hay exámenes o pruebas necesarias para seguir adelante. Las pone el Rector, que es el principal maestro, y también son a distancia, mediante la conexión espiritual. Son pruebas del estilo de «examen sorpresa», aunque a veces se puede saber que se acercan por sueños u otras señales. Si no se pasa, es necesario repetir el examen más adelante. Hay un compañero de prácticas fundamental que es la propia pareja, por lo que en esta universidad es necesario casarse para poder avanzar.

El libro de texto básico es el Corán, aunque también se manejan otros como los que recopilan dichos del profeta Muhammad (s.a.w.s.), un libro de ejercicios donde se recogen las prácticas espirituales, denominado Awrad, otros que recogen discursos del Rector etc. Entre los libros que han escrito los catedráticos podemos destacar dos libros muy útiles para esta carrera cuyos títulos son “La ciencia sufi de la autorrealización” y “La verdad del verdadero” (“Haqqiqat al Haqqani”).

El lenguaje para las prácticas espirituales es el árabe clásico, con lo que aprenderlo es una asignatura básica, como las matemáticas para las ciencias naturales.

Se pide a los estudiantes que vistan con una indumentaria especial, la cual da un aspecto respetuoso y respetable y favorece la dimensión espiritual. Relacionado con esto, existen algunos aspectos destacables como cubrirse la cabeza o llevar ropa holgada.

A todos aquellos que quieran doctorarse en la auténtica ciencia del alma les decimos: Bienvenidos a la Universidad Espiritual.

Autor: Iahia

Licenciado en Psicología. Amante del Islam. Seguidor de Mawlana Sheikh Nazim (q.a.s)

14 opiniones en “Bienvenido a la Universidad Espiritual”

  1. ¡¡ MashalLah, Iahia !! Muchas gracias por este bellísimo texto. Me ha encantado. InshalLah sigas colaborando y haciendo algunas olas en este océano.

    He de reconocer que hace unas semanas leí Harry Potter (lo peor es que me gustó), y tuve un sueño graciosísimo en el que aparecían personas de la tariqa, mezcladas con personajes de Harry Potter. Salía, por ejemplo el profesor Dumbledore que es el Director del Colegio y era una mezcla entre Gandalf y Sheij Hisham; la profesora McGonagall, que era Jairiya; etc.

    Entre otras cosas, en mi sueño había una tienda de artículos de broma musulmanes. Se vendían los típicos productos de broma como la flor que echa un chorrito de agua, pero en versión musulmana, por absurdo que parezca, con tasbish o perfumes de broma, etc. Había también pins de S. AbdelWahid, S. Salahuddin y S. Omar. Todavía me entra la risa al recordarlo.

    Curioso sueño. Probablemente signifique que más que en la universidad estoy en el parvulario espiritual, y que ni yo mismo me tomo en serio. En fin, AstagfirulLah.

    También he tenido sueños en el pasado en que aparecían personajes de Star Wars o del Señor de Los Anillos en el contexto de la tariqa. Siempre recuerdo la primera vez que estuve en la dherga de Mawlana en Chipre. Nunca en mi vida había visto juntas a personas tan distintas, de tantas razas, colores, formas, idiomas… Entonces supe lo que sintió Han Solo cuando entra al bar de Star Wars y se encontró con seres extrañísimos de todas las galaxias conocidas y desconocidas.

    De hecho, alguna vez he explicado a ciertas personas que no conocen el Islam o que no tienen mucha formación espiritual que la tariqa es como el Señor de los Anillos o como Star Wars sólo que funciona de verdad (y me sigue pareciendo una buena aproximación). La barakah es la fuerza, hay que hacer un entrenamiento Jedy, y nuestro maestro está oculto en un país que no existe, como Yoda que vivía en un planeta que no figura en las cartas estelares justo antes de la última gran guerra de su tiempo…

    Pero, MashalLah, como dice Harry Potter sé que a pesar de todo (o mejor, a pesar de mí) tenemos a uno de los mejores rectores que nunca ha tenido la Universidad de Hogwarts, perdón la Tariqa Naqshbandi, así que sólo me resta entregarme a él y confiar, inshalLah. Quiera Dios darnos una fe plena en nuestro murchid Sultan Al Awliya y Rector de los corazones Mawlana Sheij Nazim alHaqqani ArRabbani (y darle a él todas las recompensas de este mundo y del otro).

    Bendito seas hermanos y Salam Aleykum wr wb!

    1. Salam aleykum

      Para responder a esa pregunta es muy útil el libro que he mencionado de S. Hisham, «La ciencia sufi de la autorrealización», donde explica los cuatro niveles para convertirse en discípulo. Además detalla el proceso para avanzar, en lo que denomina «los diez pasos del discipulado». Todo ello para ser un discípulo, o sea, que olvidémonos de ser un seikh. El nivel de discípulo ya es, en si mismo, altísimo, como también se explica en este libro en «las seis realidades del corazón». Creo que si alguien manifestara públicamente una sola de ellas sería seguido, a nivel global, como un mesías.

      Le he oído a S. Hisham, con humildad, situarse en el nivel más bajo de estos cuatro, con lo que mejor ni hablamos de dónde estamos nosotros. En cualquier caso se dice que S. Hisham y S. Adnan serían de los pocos discípulos de Mawlana que pueden tener este nombre.

      Gracias por tus comentarios.

      Que Dios te bendiga.

      1. para Iahia de la Vera

        BismiLlahi r-rahmani r-rahimEn el Nombre de Allah, el Clemente, el Misericordioso.Las alabanzas y la paz sean sobre el Amado de Allah, Sayyduna Muhammad, su familia y sus Compañeros, yaquellos que siguen rectamente su Camino, y sobre nuestros Maestros y los Maestros de nuestros Maestros
        Si Dios causa que Su siervo se acerque a El,
        Sin su conocimiento, El se revela a si mismo como el objeto de su deseo.
        Asi como el fuego de Moises, que el vio a traves del ojo de su necesidad,
        era la Divinidad que el no distinguio.
        Si entiendes mis palabras sabes que necesitas de la forma visible:
        si Moises hubiese buscado otra cosa que el fuego,
        lo hubiese encontrado a El en ello y no inversamente.

        Ibn Arabi, Fusus al-hikam
        Un distinguido shaykh le escribio preguntando, ‘Acaso los Companeros recibieron los estados que tu alcanzaste y describes?. Si lo recibieron, lo recibieron en una vez o separAdanente?’ El respondio, ‘No puedo darte una respuesta al menos que vengas a mi presencia.’ Cuando el shaykh vino, el inmediatamente quito los velos a su realidad espiritual y elimino la oscuridad de su corazon, hasta que el shaykh callo postrado a sus pies y dijo, ‘Creo, creo! Veo ahora que estos estados fueron todos revelados a los Companeros, simplemente con ver al Mensajero

        Se pide a los estudiantes que vistan con una indumentaria especial, la cual da un aspecto respetuoso y respetable y favorece la dimensión espiritual. Relacionado con esto, existen algunos aspectos destacables como cubrirse la cabeza o llevar ropa holgada……………EL HÁBITO NO HACE AL MONJE

        MÁS IMPORTANTE ESCUCHAR LA SED DEL SEDIENTO, DADLE DE BEBER, DESPUES TODO OCURRE, EL CUERPO ES SABIO CUANDO LO QUIERES TRATAR DE UN PROBLEMA QUE SIENTES DOLOR, LE ATACAS POR AHÍ Y ÉL TE PIDE IR POR OTRO, NO SIEMPRE LO MÁS EVIDENTE ES LO MÁS ESENCIAL

        HAY UN DICHO QUE DICE QUE CUANDO UN MURID IBA A ENTRAR EN UNA MEZQUITA ERA LA PRIMERA ENTRADA PASÓ POR LA MISMA A DICHO LUGAR DE ORACIÓN SIN QUITARSE LOS ZAPATOS, HUBO QUIEN LE RECRIMINÓ, PERO EL SHEIKH DIJO DEJENLE PASAR…
        RESPECTO A LA HUMILDAD, ES TODO UN CONJUNTO DE ACTOS FORMAS , NO EL QUE PROCLAMA EN VOZ POPULIS ESTOY BAJO TUS PIES O SOY TU SIERVO, REPRESENTA LA HUMILDAD ESTO NO ES LA VERDAD ESENCIAL DE LA VERDADERA HUMILDAD, EL HUMILDE ES ALGUIEN QUE NO SOBRESALE, sÓLO ES PERCEPTIBLE A QUIEN CON OTRO SEXTO SENTIDO FLUYE CON LA ESENCIA DE SU HUMILDAD PUES ÉSTE SÍ ES UN RANGO PERTENECE AL ESTADO DE LOS SABIOS
        PARA HABLAR DE UN ESTADO DE UN ESTUDIO DE UNA PRÁCTICA DE UNA ENFERMMEDAD; SABES COMO PSICÓLOGO QUE HAY QUE TENER UN SENTIDO ESPECIAL DE ESCUCHA ATENTA ,ESA QUE PERTENECE A UN CENTRO INTERNO QUE SI NO HEMOS DESARROLLADO NOS QUEDAMOS EN PURO ESQUEMA MENTAL,

  2. As salamu alaikum wa rahmatullah, por favor seamos serios decir que los Haqqani «…es la única (tariqa) que subsiste realmente»,no solo es poco serio, sino que es una completa falsedad, que hasta el mismo sheij Nazim o sus representantes no estarian de acuerdo con tal dicho.

    Antes de escribir de un tema sean más cautos y serios,hay muchas vías activas y los Haqqani son solo una rama de los Naqshbandi (la más cuestionada por lo demás).

    Ma´asalama

    1. Waleykum Salam, totalmente de acuerdo. Tengo entendido que Mawlana mismo ha dicho a veces que hay muchas luces, no sólo en la tariqa, incluso fuera del Islam. Y no me extraña que la Haqqani sea la más discutible. Yo que me declaro naqshbandi-haqqani sin fisuras, la discuto todos los días! Pero por otra parte, creo que el artículo no dice que sea la única sino que es una que está conectada, puede haber otras. Y lo de que es la «única universidad» es como una figura retórica. Se lo diré al autor por si quiere cambiarlo… Un abrazo y salam aleykum!

    2. Alhamdulillah. Gracias por tu comentario.

      Ciertamente, creo que el artículo queda mejor sin esa frase y, seguramente, todavía puede mejorarse más. Con el intercambio nos vamos perfeccionando.

      Lo que le he entendido a S. Nazim a este respecto es que realmente no subsiste ninguna tariqat, ni el mismo sufismo, ni ninguna otra división en el Islam, ni en el Cristianismo, ni en el Judaísmo… lo único que subsiste es el servicio al Creador, para lo que el propio S. Nazim es nuestro ejemplo.

      Que Dios nos permita seguir sus rectos pasos.

      Salam aleykum.

    3. Para Mustafa alí
      De acuerdo con lo que dices, además no importa, estar en esta o en la otra, cuando SUBAMOS A LA PRESENCIA DIVINA NO LLEVAMOS LOS CARTELES DE LAS TARIQAT U ÓRDENES A LAS QUE PERTENECIMOS, llevaremos nuestro dormir despertar que hayamos tenido, nuestras obras, sus intenciones, amores desamores etc

      Un hombre puede estar en éxtasis, y otros pueden
      tratar de despertarlo. Se considera bueno que lo hagan
      pues ese estado puede ser malo, y despertar puede beneficiarlo.
      Despertar a un durmiente puede ser bueno
      o malo, de acuerdo con quién lo haga. Si el que despierta
      posee logros superiores puede elevar el estado
      de quien duerme.
      Si no, le dañará la conciencia
      RUMI

      1. LA SABIDURÍA DE LOS SUFIES

        En la marcha hacia Allah (sáir) -cuando la sinceridad (sidq) gobierna a la intención y el deseo se trasforma en amor (hubb)- los corazones quedan pulidos y se convierten en receptáculo de inspiraciones que conforman un saber superior que recibe el nombre de Ma‘rifa. Esa ciencia profunda y suprema que nace y se diversifica con la progresiva trasformación del ser humano, ocupa un lugar privilegiado en las disertaciones de los sufíes.

        ‘Ilm y Ma‘rifa

        Los términos ‘Ilm y Ma‘rifa son prácticamente sinónimos, y significan ciencia, conocimiento, saber. Por tanto, los sustantivos que derivan de esas nociones (‘âlim, ‘ârif, conocedor, sabio), designan de forma indistinta a todo el que sabe algo, al experto en una materia (los ulemas), al dotado de una habilidad que lo hace maestro de aprendices (los alarifes). Así es en el uso común de estas palabras, pero los sufíes suelen diferenciarlas y emplean ‘Ilm para el conocimiento formal de las cosas que se consigue con el estudio (sobre todo, designa los saberes iniciales imprescindibles en el Islam, la Ciencia de la Ley), y reservan Ma‘rifa para el conocimiento de la esencia de las cosas que se alcanza con el refinamiento del espíritu, pues el espíritu, cuando se vuelve sutil al descargarse de fardos, coincide con la verdad de las cosas y la acoge como sabiduría que pasa a formar parte de su saber más íntimo: las realidades no dejan de desbordarse y comunicar su secreto, pero sólo el corazón puro se empapa de ese misterio por similitud con su delicadeza. El ‘Ilm, según los sufíes, describe la apariencia, lo exterior, de algo (el zâhir), mientras que la Ma‘rifa revela lo esencial, lo invisible para los sentidos (el bâtin). Esta distinción fue tardía. Los primeros sufíes no hicieron tales precisiones.
        En cualquier caso, ‘Ilm pasó a servir de nombre para la ciencia que se adquiere con el uso de las facultades racionales, por el aprendizaje o por la experiencia común de los hombres. Por su parte, la Ma‘rifa es un concepto que sirvió para designar al conocimiento que sobreviene al corazón cuando éste se purifica y bebe directamente de la Fuente de la Liberalidad (‘Ain al-Yûd), es decir, Allah mismo, que se da a quien le ama. La Ma‘rifa es un don y proviene directamente de junto a (ládun) Allah, de ahí que también se la llame Ma‘rifa Ladunía. Así, pues, el elemento diferenciador entre el ‘Ilm y la Ma‘rifa, es el Amor (Hubb), siendo este rango espiritual el último al que llegan las gentes del ‘Ilm, y el primer peldaño para las gentes de la Ma‘rifa. Por tanto, en la evolución normal, el musulmán comienza su peregrinación hacia Allah aprovisionándose de conocimientos que recibe de un maestro, saberes formales que guían sus pasos hasta que alcanza una cumbre en la que se enamora de Allah. A partir de ese momento comienza una nueva etapa en la que será iluminado por lo que empieza a acontecer en su propio corazón.
        Desde otro punto de vista, la ciencia exterior (‘Ilm az-Zâhir) es alcanzada gracias al esfuerzo, el estudio y el uso de la razón y el entendimiento. La Ma‘rifa Ladunía (que es el ‘Ilm al-Bâtin, la ciencia interior) pertenece a un grupo reducido (jâssa), que son aquellos en los que la ciencia exterior ha dado como fruto el amor -fruto del intenso combate espiritual y la trasformación del espíritu- y éste ha desencadenado otra forma de saber en la que los esfuerzos anteriores son recompensados directamente por Allah. Es decir, la Ma‘rifa Ladunía sólo tiene lugar cuando han sido suprimidos todos los impedimentos que obstaculizan esa relación directa con la realidad interior de las cosas. Esos impedimentos son los shawâgil, las ocupaciones, los ‘alâiq, las dependencias, y todas las enfermedades del ánimo, que enturbian al corazón y no le permiten ser receptivo ante Allah. La Ciencia del Islam (el ‘Ilm) consiste en el conjunto de conocimientos formales que permiten superar esos obstáculos, los cuales, una vez dejados atrás, deajn abrirse la puerta hacia al-Âjira, la Otra Vida, la Cercanía verdadera a Allah, de lo que derivan saberes sutiles a cuyo conjunto llamamos Ma‘rifa, y que convierten al sufí, que ya es walí, alguien cercano a Allah, que ha intimado con Él, en un ‘ârif, en un sabio, un conocedor (gnóstico, en las traducción occidental de este palabra). Por tanto, la Ma‘rifa es algo que se suma a la Wilâya, por lo que no todo wali es ‘ârif, pero todo ‘ârif sí es wali (no obstante, hay casos confusos, como el del adivino o el mago, cuyas técnicas a veces podrían presentarse como Ma‘rifa, pero lo son sólo en apariencia, pues falta la Wilâya que las ennoblezca). No nos detendremos aquí en esa falsa Ma‘rifa, que se adquiere con frecuencia por medios siniestros. Normalmente, en el sufismo, el concepto es matizado con una apostilla: el wali, el que ha intimado con Allah, dando un paso adelante, se ha convertido en un ‘ârif billâh, un conocedor con Allah, alguien que sabe porque Allah le enseña directamente, en la grandeza de lo infinito, sin que intermedie ya por su parte esfuerzo alguno.
        En resumen, el Corazón (Qalb) es capaz de saber, pero para ello debe ser purificado. Debe ser rescatado y desencadenado, y su liberación tiene lugar en su Señor, en lo eterno que está en la raíz de todas las realidades. Puesto que el corazón es el ser humano en su esencia, su plenitud se realiza en la pureza, en su incontaminación más absoluta, en la libertad (hurriya) que se logra dejando atrás el mundo (duniâ). Ibn ‘Atâ de Alejandría se preguntaba: “¿Cómo habría de resplandecer un corazón en cuyo espejo aún tuvieran cabida las imágenes del mundo formal?”.
        Los Ahl Allah (la Gente de Allah, los sufíes) se dividen en multitud de categorías en función de sus grados y experiencias, pues el camino hacia Allah tiene muchas vías y cada persona es singular y única. Por ello, la Ma‘rifa adquiere una gran cantidad de formas y se expresa de muchas maneras. Son dos las cuestiones que entran en juego, el Sidq, la sinceridad, de la parte del hombre, y la ‘Inâya, el Cuidado, la Atención de Allah, que es anterior a la existencia de cada ser humano y que determina el modo en que se expresa la sabiduría y la vertebra en un todo manifiesto bajo mil perspectivas. La ‘Inâya determina en lo insondable del Destino la parte que corresponde a cada aspirante. Abû Tâlib al-Makkí dijo: “El ‘âlim descifra la frase, el hakîm descifra la alusión, el wali descifra el símbolo, y aún después de todo ello hay sutilezas gnósticas que sólo son para los señores entre los maestros”.
        Antes de abordar un resumen de los rasgos generales de la Ma‘rifa, es necesario recordar el carácter imprescindible y preeminente del ‘Ilm Zâhir, la Ciencia Formal, es decir, el conocimiento de las formalidades del Islam, que debe estar en todos los comienzos y acompañar cada paso de modo que el aspirante se guíe rectamente. La ‘Aqîda (la Doctrina), el Fiqh (el Derecho), las instrucciones de un maestro,… todo ello son preámbulos necesarios que sitúan adecuadamente la marcha hacia lo infinito evitando desviaciones, distorsiones y fantasías. La Ley es el dâbit, el elemento regulador, el criterio corrector, al que acudir cuando la duda o la sospecha asaltan al peregrino hacia Allah.
        El Imâm al-Yìlânî describe siete estaciones en las que se desata ese saber interior resultado de la penetración en la realidad de las cosas. Primero, está la adopción de la cortesía ante Allah, siguiendo el ejemplo del Profeta (s.a.s.) durante su Ascensión Nocturna. Son las cortesías (ádab) propias de los Ahl at-Tamkîn, la Gente Afianzada. Efectivamente, el Tamkîn, el Afianzamiento, es el rango de los que han superado el titubeo y desconcierto de la emotividad desatada y concentran todo su ser en la contemplación calmada del Uno-Único. Estos recuperan la compostura, y en medio de ese sosiego destellan luces de sabiduría profunda.
        En segundo lugar, está la incapacidad para percibir (al-‘ayç ‘ani l-idrâk), es decir, cuando se llega a un grado en que lo infinito es tal ante el contemplador que éste descubre la imposibilidad de asimilar lo que tiene ante sí. Está realmente ante Allah, y entonces se activa su himma (su aspiración), que será lo que lo alce por ese universo, asentándolo definitivamente en el Tamkîn, acogiendo entonces luces que se derraman en su corazón sobre la Senda del Libro y de la Sunna. Este ‘ârif (sabedor) vale como maestro, y hay que seguir su senda y guiarse por su realidad.
        Una tercera estación es la de quienes han dejado atrás definitivamente el mundo (duniâ) como acto de liberación. Son los libres ante los que se han abierto las puertas de la meditación y pasan a comprender los secretos. Su emancipación les muestra lo que hay en el seno de las cosas, y sus espíritus reciben los saludos de Allah.
        En cuarto lugar, el vacío de espíritu, que se conquista con la práctica del ayuno y el hambre. La debilidad del cuerpo intensifica la presencia del espíritu, y las luces del Sámad (Allah Inexpugnable y Autosuficiente) se apoderan del aspirante en su ayuno: la Palabra de Allah se convierte en su alimento, y la Sunna del Profeta se trasforma en su bebida, y entonces su corazón se desborda bajo la forma de una sabiduría genuina.
        En quinto lugar, si durante los recogimientos y los coloquios con Allah (munâyât) se logra que el espíritu abandone el cuerpo, se alcanza una estación de paz y una dulzura de corazón que son absoluta pureza y trasparencia. Ahí, se aspira el aroma de la Cercanía en la Presencia de la Comunicación. En esta estación, el ‘ârif acaba convirtiendo todos sus instante en una comunión con Allah: sus alientos, sus palabras, sus miradas, todo ello se hace contemplación y presencia.
        Una sexta estación es conocida bajo el nombre de subordinación a la Unidad (al-wuqûf ma‘a t-Tawhîd). Es cuando el peregrino alcanza un momento en el que su visión deja de ver lo que no sea Allah. El universo entero se diluye y sólo contempla el movimiento de las Cualidades de Allah sobre Su Unidad Esencial. Este es el grado de la Plenitud de los Nombres de Allah. Y es aquí donde descubre también la Realidad Muhammadiana, pues el Profeta se le aparece como concreción de las realidades trascendentes, pues Muhammad (s.a.s.) es, en su esencia, el Hombre Perfecto a cuya luz todos los sabios comprenden los misterios.
        La séptima estación es la de los que hacen de la Sûrat al-Ijlâs (el capítulo ciento doce del Corán) el centro de todas sus meditaciones, puesto que esa Sûra proclama la Unidad de Allah y la abolición de la independencia de todas las cosas, quedando la realidad unificada bajo la Verdad Trascendente del Uno-Único. Esa Sûra abre las puertas de las Tayalliyât, y muestra el secreto guardado en el Destino.

        Formas bajo las que se manifiesta la Ma‘rifa

        El Conocimiento de Allah con Allah por Allah a través de Allah (Ma‘rifa billâh o Ma‘rifa Ladunnía) es “la acogida de un saber en el rango de la Firmeza cuando el peregrino cumple con Allah sobre la alfombra de la Cercanía”. Esa Cercanía a Allah que se traduce en saberes, percepciones y formas de comprender se manifiesta de muy diversos modos, algunos de los cuales son los siguientes:
        1- Firâsa (o tawássum), que es perspicacia. Cuando alguien que ha pulido su espíritu se sienta ante una persona, es capaz de penetrar en su secreto, saber lo que siente o piensa (en cierta medida, la firâsa es telepatía). Se dice que el ‘ârif dotado de esta visión penetrante mira con la Luz de Allah. El Profeta (s.a.s.) dijo: “¡Cuidaos de la perspicacia del que teme a Allah!”. Esta forma de saber es fundamental en un maestro que guíe a discípulos, pues le sirve para dirigir sus pasos mientras ellos ni se dan cuenta. De todos modos, la firâsa puede consistir en una visión penetrante con la que el ‘ârif accede al mundo interior de las cosas, sin que ello signifique que adivine los pensamientos y los sentimientos de quienes le rodean.
        Los dotados de firâsa corren un grave peligro, pues pueden degenerar y convertir su habilidad en un arma contra los demás, y por ello Ibn ‘Atâ dijo: “Quien se asoma a los secretos de la gente y no ha adoptado antes la cualidad de la misericordia, se expone a la discordia y atrae contra sí la calamidad”. Ante los “espías de los corazones”, como los llamaba el Imâm al-Yîlânî, los hombres son páginas desplegadas expuestas a su lectura. El Imâm decía: “Si no fuera porque la brida de la Sharî‘a me lo impide, os diría lo que habéis comido y lo que atesoráis en vuestras casas. Ante mí sois frascos trasparentes, y veo lo que tenéis dentro… Pero el conocimiento es un refugiado entre los mantos del sabio, y no puede divulgar sus intimidades”.
        En esas palabras de al-Yîlânî hay resumidas varias enseñanzas. El Imâm alude a Ley Revelada, que es un límite para el ‘ârif, y no puede trasgredirla. También alude a la misericordia de la que había hablado Ibn ‘Atâ: el verdadero ‘ârif no divulga los secretos de los hombres, protegiéndolos así de la humillación y la venganza. Por ello, según al-Yîlânî, Allah dice a los grandes entre los ‘ârifîn: “Oh, Gawz, enhorabuena a ti si te apiadas de mis criaturas; enhorabuena a ti si eres indulgente con mis criaturas”.
        2- Otra forma bajo la que se manifiesta la Ma‘rifa es el ilhâm (o hadîz), la inspiración. Se dice que el ilhâm es el advenimiento de una idea (una ocurrencia, jâtir) que desciende al corazón del aspirante trasmitiéndole una verdad. El jâtir (idea u ocurrencia, es decir, una imagen que se produce en el ánimo sin que medie una reflexión, y todos tenemos constantemente este tipo de ‘asaltos’ en nuestra mente) puede tener diversos orígenes: el ego (nafs), es decir, cuando es fruto de las pasiones e invita a satisfacer los instintos; el demonio (shaytân), cuando sugiere una perversidad que acaba en negación de Allah (kufr); el espíritu (rûh) cuando induce a algo noble; el ángel (málak) cuando ilumina al espíritu; la razón (‘aql) cuando conduce a algo sensato; la certeza (yaqîn) cuando proviene de Allah, y recibe entonces el nombre de ilhâm, inspiración. Las ideas surgidas del espíritu o el ángel son sugerencias de bien, pero puede predominar la voluntad de mal y vencerlas. Pero cuando una luz proviene de la certeza, no hay voluntad humana que pueda oponérsele.
        El ilhâm es la Ma‘rifa propia de los awliyâ, de los que el Imâm al-Yîlânî dijo: “Son la élite (jâssa) entre los amados de Allah, los queridos, los elegidos, los que han muerto en Allah, los ausentes al mundo, aquellos cuya devoción exterior ha pasado a basarse en una devoción interior, y junto al cumplimiento de las obligaciones formales y la atención debida a las recomendaciones del Profeta, están vigilantes y ven como Allah se hace cargo de ellos y los va haciendo sabios con inspiraciones que descienden hasta sus corazones”.
        Al igual que en el caso anterior, la Sharî‘a es la balanza en la que sopesar el valor de las inspiraciones: “Cuando se te ocurra algo, exponlo ante el juez de la Ley Revelada. Si ves que es algo prohibido en la Sharî‘a, recházalo, pues sin duda te viene del demonio. Si ves que esa ocurrencia te invita a algo permitido en la Ley, a modo de licencia, recházalo también, porque te viene del ego que busca satisfacer sus pasiones e instintos. Si la Ley no dictamina nada sobre aquello que te sugiere tu idea, y ni lo prohíbe ni lo declara lícito o permitido, espera a que se te repita y alguna señal te indique que te viene claramente de Allah. En cualquier caso, atente siempre a la Ley y lleva la contraria a tus inclinaciones, tanto en las generalidades como en los detalles”.
        El término hadîz es prácticamente sinónimo de ilhâm, y por eso lo mencionamos en este apartado dedicado a la inspiración. La única diferencia posible es, según algunos autores, que el hadîz consiste en “un discurso de la Verdad sobre el mundo de los secretos y las realidades ausentes a los sentidos, trasmitido por el Espíritu Fiel (Gabriel) hasta el corazón del ‘ârif”. En este sentido, Allah se dirige a los profetas con su Kalâm (la Palabra) que implica revelación y tiene valor literal, mientras que a los ‘ârifîn los guía son el hadîz, es decir, les inspira o insinúa un saber.
        El ilhâm (o hadîz), a su vez, se manifiesta de formas múltiples en cuyo detalle no vamos a entrar: la visión (ru-ya), el dictado (imlâ), el depósito (ilqâ) y el hálito (náfaz). Estas cosas sólo ocurren a la élite de la élite. Recordemos que los sufíes dividen a los musulmanes en tres categorías: el común, que son todos aquellos que cumplen sinceramente con el Islam, la élite (jâssa) que son aquellos que, además, han emprendido una vía de trasformación espiritual, y la élite de la élite (jâssa al-jâssa) que son aquellos que la han consumado.
        3- En tercer lugar, tenemos el Tâwîl, la interpretación, que es un término coránico con diversos significados. Y, así, aparece como “interpretación de sueños”, “comprensión de lo que realmente significan las inspiraciones” o “percepción de las realidades”, y también en el sentido de “entendimiento de lo que Allah quiere decir en el Corán”, como en “Sólo Allah conoce su Tâwîl” (Âli ‘Imrân, 7). Igualmente, el Profeta (s.a.s.) rogó a Allah a favor de Ibn ‘Abbâs diciendo: “Allahumma, proporciónale un conocimiento profundo del Islam y enséñale el Tâwîl”. En un hadiz trasmitido por ‘Âisha (radia llâhu ‘anhâ), el Profeta (s.a.s.) expresa el idea de que la alabanza dirigida a Allah engendra el Tâwîl, es decir, la devoción sincera -que se manifiesta como admiración de Allah y gratitud hacia Él- despierta en el corazón su facultad para comprender las significaciones más profundas.
        Entre los sufíes, el Tâwîl es la capacidad de interpretar informaciones gracias a un don especial que Allah hace a quienes pulen sus corazones. El Tâwîl va más allá de la significación superficial para penetrar en el sentido primero de un texto (el Corán y la Sunna, fundamentalmente), es decir, el significado que tiene junto a Allah: “Con esa luz, el ‘ârif ve significados infinitos que son invisibles a la generalidad de la gente”. Si bien el Tâwîl se aplica primero al Corán y la Sunna, la pericia en él revierte sobre la existencia entera, y el ‘ârif aprende a descifrar todos los misterios, tal como dijo al-Yîlânî: “Me detuve junto al Evangelio, hasta que lo descifré. Y también la Torah, a pesar de su escritura hebrea”.
        El don del Tâwîl proporciona, pues, al ‘ârif saberes que no están al alcance de quien esté alejado de lo esencial en las cosas (el Corán y la Sunna, fundamentalmente). No se trata de una interpretación arbitraria o subjetiva, sino que es el resultado de una inmersión en lo más profundo. Por ello, el Tâwîl del Corán, la interpretación ‘espiritual’, sólo debe ser hecha por quien ha conquistado tal grado, pues de lo contrario es una pretensión y una vanidad que no debe ser atendida. De ahí, el que los maestros hayan prohibido expresamente a sus discípulos interpretar espiritualmente por sí mismos el Corán. Al contrario, deben atenerse a su significación literal: “Sé sincero y no interpretes, pues el intérprete es un traidor”. En resumen, el Tâwîl es un don precioso, y serio, y sólo el rigor lo convierte en sabiduría.
        4- En cuarto lugar está el Shuhûd, la contemplación. El Corán dice: “Allah da testimonio de que no hay más verdad que Él, y (lo mismo hacen) los ángeles y los dotados de ciencia”. Este versículo es de gran importancia: dar fe de algo, testimoniar, (sháhida), sólo puede hacerse legítimamente si se es testigo directo de un hecho. De ahí que sháhida signifique también ver, contemplar. Sólo Allah se ve a Sí Mismo, pero también los ángeles (porque carecen de ego), y los dotados de ciencia (que han matado su ego). El ego (nafs) es el escollo que impide a los hombres ver a Allah. Superado el escollo, Allah se vuelve visible. Pero el que ha matado a su ego, no ve a Allah con sus ojos (pues han dejado de existir, abatidos también en la muerte de su banalidad): se dice entonces que el ‘ârif ve a Allah billâh, con Allah, por los Ojos de Allah. A esto se le llama Shuhûd, contemplación. En este grado, el Tawhîd, la Unidad, tiene su consumación.
        Primero, está la muhâdara, que significa que el corazón está absolutamente presente ante Allah, y recibe de Él saberes que consuelan al hombre (en este grado, aún hay un velo interpuesto). En segundo lugar viene la mukâshafa, en la que Allah se muestra en la disolución de todos esos consuelos, pero no se deja ver. Por último, está la mushâhada, cuando el ‘ârif ve con su ojo interior el resplandor de las luces del Ausente a todos los sentidos, y escucha el Discurso de la Verdad en todo lo que existe, a modo de eco que sólo habla de Allah, señala hacia Él y desaparece mostrándolo, tal como dice el Corán: “En ello hay Recuerdo para quien tiene Corazón, o presta oído y se hace testigo”.
        Al conquistar el rango del Shuhûd, el ‘ârif pasa a ver las manifestaciones o revelaciones (taŷalliyât) de Allah, sus reflejos, con los que se muestran las infinitas verdades de Sus Nombres y Atributos, en todo momento y en cada cosa, portando una Orden que es realizada en la existencia. Es el colmo de la diversidad, tal como dijo al-Ŷîlânî: “Allah no se manifiesta a un sabio de dos maneras distintas (en un mismo momento), ni se muestra de la misma manera a dos sabios distintos”. El universo entero, y cada cosa en él, habiendo perdido su opacidad ante el ‘ârif -cuando él mismo se ha trasformado descontaminándose hasta ser traslúcido- se tornan elocuentes. Todo es portador de un significado profundo que es el Misterio de Allah, lo infinito en cada realidad, cuando la realidad se ha desvanecido para dejar paso a su Verdad.
        El Shuhûd es de dos tipos: condicionado y absoluto. Es condicionado cuando el contemplador tiene aún algún límite, y ese límite influye acomodando la Verdad a su propia forma. Es absoluto cuando el contemplador ha superado todos sus límites: “Cuando el ‘ârif se sitúa más allá de todo límite, su contemplación es absolutamente libre”. Del Shuhûd derivan dos tipos diferenciados de Ma‘rifa: el conocimiento de las realidades esenciales, pues el corazón se asoma de forma inmediata a la Verdad contenida en las cosas; y el conocimiento directo de la Esencia de Allah bajo la forma de sus Nombres y Atributos, y ésta es la Ma‘rifa Absoluta, que se produce en el Ŷam‘, la Síntesis que junta todas las cosas.
        La sucesión de Taŷalliyât sumerge al entendimiento en la turbación, porque todas las formas que reconocía la mente hasta entonces se desdibujan en una Realidad que las engloba y engulle. Lo que era múltiple queda reunificado en la Soledad (Wahda), tal como dijo el Imâm al-Ŷîlânî: “Desde la Inefabilidad Más Noble se desborda sobre el corazón del hombre una verdad sobrecogedora que mata toda causalidad, singularizándose de un modo que impide toda multiplicidad, recubriéndose de una cualidad que sume al hombre en la Soledad… Cuando la Energía que hay en los Atributos se muestra, sus resultados quedan ocultos para alzarse sobre todas las cosas la Soledad en la que queda difuminada la diversidad: Oh, Uno, a tu lado no hay otra existencia; oh, Irreductible, la existencia se realiza en Ti, alzándose”.
        Muchos maestros -desde Bistami- expresaron en sus arrebatos esa íntima Soledad (Wahda), que es la esencia misma de la realidad: Ibn al-Fârid, Ibn ‘Arabi, Ibn Sab‘în, Sohrawardi,… fueron sabios que no dejaron de aludir a esa íntima percepción enraizada en sus conciencias, pero desconcertaron a muchos de sus contemporáneos que no comprendieron el alcance de sus enseñanzas, y así, calificaron como doctrinas lo que era un modo de expresar la percepción que tenían de la radicalidad de Allah. De este modo, se llamó doctrina de la Soledad en la Contemplación a la experiencia de Ibn al-Fârid, doctrina de la Soledad de la Existencia (términos traducidos con frecuencia como Unidad del Ser, o, incluso, monismo o panteísmo) a la experiencia de Ibn ‘Arabi, doctrina de la Soledad Absoluta en el caso de Ibn Sab‘în, doctrina de la Soledad Luminosa para las enseñanzas de Sohrawardi, etc. Son nombres distintos para una sola cosa, el conocimiento paladeado de las realidades del Islam.
        5- Por último, los Asrâr o Secretos. El Shuhûd es aniquilación en la Esencia de Allah, teniendo cumplida realización los grados de muhâdara (en la que recibe conocimientos dirigidos a su entendimiento), mukâshafa (en la que percibe las esencias) y mushâhada (en la que recibe luces), tal como hemos visto en la sección anterior. En todas esas estaciones, el yo del ‘ârif es progresivamente desarticulado hasta el vacío. Pero tras esa contracción (qabd), si Allah quiere, el asunto se relaja y se produce una expansión (bast), que consiste en que el ‘ârif intima con esa Inmensidad en la que se ve inmerso. Tiene lugar entonces la muhâdaza, la conversación.
        El término Asrâr sirve de nombre a la ciencia particular, aquel conocimiento con el que Allah honra a alguien en la privacidad con Él. Es un saber entre Allah y una persona determinada: “Cuando el ‘ârif accede a ese recinto se convierte en el Sultan del Islam, y se asoma a lo que sólo él puede asomarse”. Todo de lo que hemos hablado antes suponía una inmersión en el océano de las luces, pero a partir de aquí se produce la inmersión en sus profundidades, en sus Secretos. Los saberes que se derivan de los Secretos son extraños: “las rarezas depositadas en las alacenas de lo ausente”. Se trata de gemas únicas que singularizan a aquél que ha sido enriquecido con ellas, tal como dijo Mawlana Abd al-Qâdir al-Ŷîlânî: “Oh, polos de la existencia, acudid a mi presencia, rodead mi taberna, amparaos en mis pilares, ahogaos en mis mares y lograréis mis gemas, mi oro puro, mis perlas, mis esmeraldas y mi coral”.
        En la intimidad de las confidencias que tienen lugar en la Cercanía, en los momentos de expansión, se produce ese coloquio al que llamamos muhâdaza, en el que se trasmiten los Secretos (Asrâr). Se produce en la Síntesis, y cuando el ‘ârif abandona esa estancia para volver al mundo y sumirse en su Dispersión (Farq), lo hace como sabio que tiene autoridad para decir: “Yo soy la luna llena sobre el mundo, y los demás seres son estrellas tenues. Todo enamorado es mi esclavo. Mi océano rodea todos los mares y mi ciencia contiene lo que ha sido depositado en los corazones que me han precedido y los que han de venir después de mí. Mi secreto tiene Secretos que rasgan la oscuridad, como el ángel de los rayos desgarra las nubes”.
        Esos Secretos hacen referencia a la esencia de verdades que escapan a la gente porque al nivel lógico encierran contradicciones insuperables: el secreto del saber, el secreto del destino, el secreto de la preeminencia de Allah,… Situándose en el Secreto, el ‘ârif supera las contradicciones porque su perspectiva se alza por encima del entendimiento común. Por ello precisamente, los Secretos deben ser guardados, pues su difusión sólo aumentaría la confusión además de ser difícilmente expresables en el lenguaje de los hombres. Esto produce una fuerte tensión, tal como la expresó Sohrawardi: “¡Misericordia para con los amantes! Se les ha impuesto guardar el secreto de su amor, pero la pasión los denuncia. Si divulgan el secreto, es lícito derramar su sangre…”.
        Sólo en un caso puede ser proclamado abiertamente un secreto: si lo acompaña una autorización (idzn). Si Allah ordena a un ‘ârif comunicar lo que Él le trasmite, debe hacerlo: “Y no digo estas palabras por arrogancia, sino con una autorización, para que reconozcáis mi rango”. Ese idzn está en el origen de muchos libros sufíes en los que sus autores dan rienda suelta a las inspiraciones que los asaltan.

        El temor de los ‘ârifîn

        Allah se muestra al ‘ârif exponiendo ante él Su Belleza (Ŷamâl), o bien Su Majestad (Ŷalâl). Si Allah le enseña Su Belleza, se produce en el hombre un estado de distensión que lo invita a la familiaridad con su Señor. Pero si los reflejos le muestran la Majestad, el corazón queda sobrecogido. Lo normal es la sucesión de estos estados, como puede verse en la biografía del Profeta, oriente de todos los ‘ârifîn.
        El temor (jawf) tiene un valor especial, pues mantiene al ‘ârif en una constante guardia, sobre todo si su destino es el de acabar siendo maestro para la gente. Por otro lado, es la cortesía que merece la Inmensidad. Crecer en sabiduría es crecer en la percepción de lo infinito, que va reduciendo el hombre a la nada, y esto le sobrecoge, tal como dijo Sidnâ Muhammad (s.a.s.): “Soy, entre vosotros, el que mejor conoce a Allah, y yo soy el que más le teme”. Ese temor -signo de conocimiento auténtico- tiene que tener sus manifestaciones físicas, y así los Compañeros del Profeta llegaban a escuchar el latido de su corazón cuando realizaba el Salât y se recogía profundamente en Allah. El Imâm al-Ŷîlânî lo explicó diciendo: “Era por la Majestad que el Profeta veía en ese estado, pues se le mostraba lo descomunal de la Inmensidad Infinita”.
        La Majestad siempre precede a la Belleza, de modo que los corazones de los ‘ârifîn se sumergen en un estado de íntima contracción que los sumerge en la tristeza hasta que la Belleza se muestra arropándolos bajo el manto de la Misericordia. El temor lo separa definitivamente del mundo para entregarlo a su Señor, libre de adherencias, y a partir de entonces la existencia se trasforma en Jardín. El dolor que precede al placer es el propio de toda separación. El aspirante se va distanciando de su mundo, sumiéndose en el vacío, hasta que descubre en la profundidad de su abismo la luz de su Creador. De ahí la importancia de resaltar la bondad de ese temor que va abriendo puertas. Es signo de estar en el camino correcto, de que se está produciendo una auténtica liberación.
        ¿Es la Ma‘rifa el punto final de la peregrinación sufí? Con ella, sin duda, el aspirante se sumerge en la eternidad. En su estilo alusivo, al-Ŷîlânî dijo que el ascetismo debe durar una hora, es decir, que si alguien se esfuerza durante un poco de tiempo consigue acostumbrarse a las privaciones que lo liberen de las dependencias; si alguien se mantiene dos horas en estado de vigilancia, se aparta definitivamente de todo lo malo; en tercer lugar y por último, si se sumerge en la sabiduría, ese instante es inmediatamente eterno. No obstante, aún queda un último paso, el que se da para alcanzar el grado de Qutb o Polo de la existencia, del que hablaremos, in shâ Allah, próximamente.

  3. Salam aleikum. También aquellos que tengan dificultades en aprender el árabe muy lentamente, para quienes incluir la oración esta siendo poco y poco sabrosón introducida en el día a día…¡¡también les damos la bienvenida a esta Universidad Espiritual y hasta incluso la esperanza de aprobar¡¡¡…El matrimonio espiritual forma parte importante en nuestro camino, tenemos diversidad tal cual le gusta a nuestro Sheik Mawlana, la variedad aunada en un sólo Camino, por y para ello, tenemos matrimonio tipico y clásico de hombre-mujer, otras personas deciden hacer otro tipo compromiso que es la oración y el servicio constante a la tarika (el Camino) trazado por el Rector, son monjes y monjas tal cual vemos su avance de ese 50% en el estilo de matrimonio que hacen su pareja no visible y si late su fuerza amorosa desde lo invisible e incluso cuando no se tiene hijos en la vida real y nos cuidan como si lo fueramos. En mi caso hago dúas para casarme de momento no llega la forma clásica, si disfruto de tantisimas bodas que estan sucediendo a mi alrededor, mientras llega o no llega…
    Tardé más de dos años en decidirme a que me pusierán el «nombre divino» que nos ayuda a caminar, era un compromiso importante y en ese esperar y estar segura me dió resultado, pocas y actualmente ninguna crisis vivo, o sea no aparece ni el deseo, ni la intención de alejarme de la Familia Espiritual, siendo afortunada de sentirme cercana al Sheik, hasta en los momentos que me salgo del Camino, para mí fue una especial unión esta aceptar el regalo del nombre, el primer pasito hacia el matrimonio. El segundo paso importante, también realizado desde la paciencia del saber esperar y buscar el momento, el tiempo adecuado, ha sido la aparición en el cuarto al quinto año de nacer a este tipo de vida que voy realizando y la siguiente introducción de mi hijo de sangre uufff ¡¡ha sido impresionante, en el cual la huella la hemos vivido día a día¡¡ Alhadhulillah instalado está, aunque siempre con la precaución de no apostar por «el seguro absoluto», para mí como madre ha sido este hecho fundamental, pues mi familia de origen medio aceptaba que me estuviera haciendo musulmana, lo del nieto y sobrino no han podido con ello, y de momento puertas se han cerrado, aún así sigo con la firmeza y lo veo y siento con claridad, lo bien que le sienta y la rápida transformación de mi joven hijo, casi el Paraiso esta siendo la vivencia.
    Bueno os deseo lo mejor para esta página, de momento mis intervenciones ya están cumplidas y me despido como pronto hasta el Mawlid, el cumpleaños de nuestro Profeta, la Paz sea con Él. Es mi tiempo de silenciar cuando hay una máquina por medio, así he de cumplirlo. Por el contrario para ti sheik, te toca hacer uso de este instrumento válido y hasta aqui te, os acompañé, ¡¡suerte y bendiciones¡¡. Salams.

    1. Salam Aleykum. Muchas gracias por tus palabras. Bendita seas tú y tu familia. Y benditas todas las personas de buen corazón. Gracias por tus buenos deseos, espero que Mawlana (qas) esté contento con nosotros, inshalLah. Un abrazo de corazón para los dos y que Dios me perdone y os bendiga. Salam Aleykum wr wb

  4. Asa hermanos y hermanas de corazón, leer este texto ha puesto una sonrisa en mi cara y en mi corazón. Cierto que nadie se plantea cuando entra en la Universidad que va a pasar los próximos 3, 4, 5, 7… años de su vida y que se tiene que ajustar a unas asignaturas y contenidos que les vienen impuestos desde arriba. No obstante, cuando entra o simplemente se acerca a «la universidad espiritual», nos creemos en condiciones de ser nosotros los que podemos decir qué asignaturas y qué contenidos. Eso sí, los suspensos vienen si o sí en las dos. También tienen en común, junto con los suspensos y que hay que repetir curso que nos permiten marcar la velocidad. Comparto con vosotros esta sonrisay mi agradecimiento.

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