Próximas actividades en Murcia

La asociación murciana Abenarabi programa las siguientes actividades:

Talleres de Eneagrama Psicológico

NIVEL I: Una Vía Directa a nuestra Realidad: 25 y 26 de Febrero

NIVEL II: Los Grados del Ser: Niveles del Ego y Estaciones del Corazón: 28 y 29 de Abril
 
Imparte: Abdul Karim Baudino

Taller de Respiración Holotrópica

2 de Marzo a las 19 h: Conferencia abierta y gratuita.

3 y 4 de Marzo: Taller. De 10 a 14:30 y de 16:30 a 21h. 
Imparte: Cristian «Ahmad Isa» Martinez

Seminario Taller Mediación Danza Giro Derviche

23 de Marzo a las 20 h: Dikr. Meditación Sufí.

24 de Marzo de 17 a 21h.: Taller Iniciación Giro Derviche
25 de Marzo a las 11h.: Dikr. Meditación Sufí. Hadra
Imparte Sheij Ahmed Dede

 

 

 

Para más información:

 

Asociación Sufí Murciana «Abenarabi»

 

Secretaria María Khalil

www.asociacionsufi.com

corazon.sufi@yahoo.es
Tel. 620198303

Autor: Shihabuddin

Psicólogo y escritor. Practicante del sufismo en la tariqat naqshbandi.

6 opiniones en “Próximas actividades en Murcia”

  1. http://www.rebirthingbreathwork.com/

    http://www.youtube.com/watch?v=NFoN53dK_Z0&feature=player_embedded

    RBI stands for Rebirthing Breathwork International or Rebirth International.

    RBI is the worldwide non-profit organization for the Rebirthing movement. It was founded by Leonard Orr and the original Rebirthers in 1975.

    The purpose of RBI is to unite Rebirthers-Breathworkers and Conscious Breathers around the world and to improve the quality of the Rebirthing work on the planet.

    RBI is also dedicated to teaching the substance and the form of practical personal mastery of Spirit, Mind, and Body. The three secrets are:

    1. Judging each thought as it flows through our consciousness.
    2. Cleaning and balancing our energy body with earth, air, water, and fire.
    3. Building spiritual community by sharing secrets 1 and 2 with as many people as possible.

    We, at RBI, network our members and supply all kinds of support – literature, seminars, an annual convention, trainings for our members and the public. We also train professional Breathworkers and healers while supporting their own success and healing.

    The Annual RBI Rebirthers & Conscious Breathers Convention is held every July, for the whole month, usually at the RBI Training Center in Virginia, USA. The RBI Training Center is open all year round, offering trainings, retreats, seminars, and workshops. Tuition can be negotiated if necessary. We always make it possible for anyone who is interested to learn and benefit from Rebirthing-Breathwork.

    RBI issues a newsletter quarterly, called The Conscious Connection. It contains the latest RBI news, inspiring articles, coming RBI events, as well as the worldwide RBI Rebirthers Breathworkers directory.

    Our organization has to keep our priorities right. We have to carefully and sensitively maintain an organization that is not lost in techniques, human power games, emotional problems – including birth trauma, parental disapproval syndrome, death urge and greed – in any way that consciously or unconsciously causes us to lose the Power and Presence of God. Organizations are created by their members.

    Rebirth International membership is for everyone who has an interest in and supports Rebirthing Breathwork, spiritual enlightenment, spiritual purification, spiritual community, spiritual growth, and total healing through all forms of self-improvement. The only requirements for becoming a member are to have an interest in healing & growing as a Divine human being and to pay annual dues.

    Would you like to join RBI and play with us?

  2. La presente obra se basa en el

    Curso de Agricultura de Rudolf Steiner que fue solicitado por un grupo de agricultores hace ya casi cincuenta años, asícomo en el método de agricultura biodinámica que se derivó de este curso. Hemos podido desarrollar más ampliamente muchos conocimientos gracias al estudio de la Antroposofía y a los resultados concretos de nuestros ensayos sobre el terreno. Las experiencias de una juventud transcurrida en la granja paterna, y numerosos años de prácticas y de investigaciones sobre el suelo y las plantas, unidos a la observación de los fenómenos meteorológicos y astronómicos, nos han suministrado la base sobre la cual se apoya esta pequeña guía.En nuestra pequeña granja seguimos haciendo acopio de más experiencias en relación con la ganadería y la apicultura. De ellas dedujimos que, según las constelaciones, existen diferencias en la elaboración de los alimentos vegetales y animales, como el pan, la col fermentada, la mantequilla y el queso, y en la producción de miel. Aquí pretendemos comentar los ritmos cósmicos que a lo largo de años de experimentos todavía no concluidos han mostrado ser los más dignos deconsideración para el interesado. Esperamos que sirvan de base al lector como puntode partida para sus propias observaciones

    Ritmos cósmicos y constelaciones

    Todos los procesos vitales del reino natural, del mundo vegetal, del animal y del hombre se desarrollan en estrecha relación con los ritmos cósmicos. Al hombre actual, que se las da de realista, le resulta difícil reconocer esto. Con su subconsciente vive todavía intensamente en el tiempo en que la Tierra era aquella base reposada alrededor de la cual giraban todos los astros. ¿Cómo podría surgir si no, tan amenudo, la discusión y la duda cuando se habla de la influencia de las estrellas en e lcrecimiento de las plantas? ¡Cómo!, ¿que lo que sucede allá arriba tiene una influencia aquí abajo? ¡No lo creo! Esta negación, oída con frecuencia, demuestra que todavía no se ha convertido en vivencia propia del hombre el hecho de que la Tierra sea un astro que, por una parte, oscila en el ritmo de los planetas de nuestro sistema solar con un ritmo propio, pero que, por otro lado, en relación con el Sol y los demás planetas surgidos de los designios creadores de los dioses, se adapta a las necesidades de los seres vivos que en ella habitan, bien dirigiéndose hacia determinadas influencias cósmicas, bien rehuyéndolas. Los ritmos de los planetas y de las constelaciones tampoco proceden de la teología o de la psiquiatría, sino que son hechos astronómicos, que se pueden conocer como cualquier otro aspecto de laciencia.En este pequeño escrito vamos a tratar de ritmos y constelaciones. En elsentido de lo antes expuesto, entendemos por ritmos los ciclos que surgen por mediodel movimiento y se orientan gracias a puntos fijos. Por ejemplo, observemos unplaneta cuando pasa por delante de una estrella fija, y sigamos su curso hasta quevuelva a pasar frente a dicha estrella; entonces habrá concluido su revolución, habráconsumado su ritmo sideral, y habremos leído una relación temporal en el espacio.Aquí entendemos, además, por constelación otro tipo de situación, a saber: larelación de los planetas entre sí o con el Sol. En este sentido, podemos observar lasfases de iluminación, tal como se manifiestan claramente, por ejemplo, en la relaciónde la Luna, de Mercurio y de Venus con el Sol, aunque condicionadas por nuestroemplazamiento en la Tierra. Los planetas se presentan en diferentes ángulos queobedecen a la distancia a que están, pero en relación con la Tierra.Por último, podemos observar que los ritmos están en relación con fuerzasuniversales que actúan sobre las envolturas de la Tierra, y que por medio de los cuatroelementos clásicos (calor o fuego, aire o luz, agua, y tierra) actúan sobre la Tierra. Lasinfluencias procedentes de las constelaciones siguen, en parte, esta vía de acción,cuando se trata de los planetas clásicos; pero en el caso de los planetas nuevos, queen los últimos siglos han llegado al conocimiento del hombre, gracias a la ayuda deaparatos ópticos, como Urano, Neptuno y Plutón, podemos observar que su influenciase realiza por medio de las fuerzas centrales de la Tierra: electricidad, magnetismo,vulcanismo y otras fuerzas parecidas. Estas fuerzas de dirección contraria puedendebilitarse, desplazarse o superponerse parcialmente

    http://es.scribd.com/doc/27254498/Constelaciones-y-Agricultura-Biologico-Dinamica

  3. ALQUIMIA INTERIOR

    Todo aquel que desee comprender el Zen no debe perder de vista en ningún momento que se trata de la vía abrupta. El Zen, por cuanto niega que el hombre tenga que conquistar una liberación o que tenga que elevarse en forma alguna, no podría admitir que su condición pueda ir mejorando poco a poco hasta llegar a ser por fin normal. El acontecimiento del satori no es más que un instante entre dos períodos de nuestra vida. Se asemeja a la línea que separa una zona de sombra de una zona de luz, no tiene más existencia real que esa línea. 0 bien veo las cosas tal como son, o. bien las veo como no son. No existe período alguno durante el cual yo vería poco a poco la Realidad del Universo.

    Pero aunque la noción de progresividad no esté en relación con la Realización misma, aunque la transformación sea rigurosamente abrupta, el Zen enseña que esta transformación está precedida por cambios sucesivos en las formas de nuestro funcionamiento interior. Decimos sucesivos y no progresivos para recordar que esta evolución que precede al satori no corresponde a una aparición gradual de la Realidad, sino a simples cambios graduales de las modalidades de nuestra ceguera.

    Una vez recordado claramente este punto, es interesante que pongamos nuestra atención en esta evolución gradual (pero no progresiva) que precede al satori. A medida que se profundiza nuestra comprensión o vista penetrante observamos que nuestra vida interior espontánea – emociones e imaginaciones – se modifica. Tú te conviertes en aquello que piensas, dice la sabiduría hindú. Esta modificación evolutiva es comparable a la destilación que, aplicada a un cuerpo cualquiera, lo purifica, lo sutiliza. Cuando se destila una maceración de frutas y se obtiene de ella el alcohol, la modificación del producto primitivo consiste en una rarificación cuantitativa y una exaltación cualitativa. Hay menos materia, pero la materia es más fina; hay menos fuerza grosera – el alcohol es menos pesado que los frutos de donde ha sido extraído – pero existe una mayor potencia sutil: la ingestión del alcohol produce efectos que la ingestión de frutas no podría producir. Las destilaciones sucesivas acentúan esta modificación de las sustancias tratadas. La alquimia de la Edad Media, con sus retortas, sus alambiques y su búsqueda de la quintaesencia, era una representación simbólica del proceso interior que estamos estudiando. Cuanto más se sutiliza una sustancia, menos perceptibles a la vista son sus características esenciales: el aspecto visible del fruto evoca claramente lo que dará al ser consumido; el alcohol, por el contrario, aunque posee una fuerza acumulada, se presenta en un aspecto más borroso. La palabra sutilizar, en el lenguaje corriente, significa hacer desaparecer, La sutilización es también, como hemos dicho, una purificación. La sustancia más sutil es, al mismo tiempo, más simple.

    La comprensión evolutiva representa una destilación de nuestro mundo interior, es decir, de nuestro material de imágenes. Hay purificación, sutilización, simplificación, de este material y, correlativamente, de todos nuestros procesos imaginativo-emotivos. Este proceso de destilación que se debe al trabajo de la intuición intelectual corresponde a la idea de que nuestra evolución interior justa no destruye nada pero lo realiza todo. La aparente muerte del hombre viejo no es en realidad una destrucción. Cuando extraigo el alcohol del fruto, no destruyo su esencia, la purifico, la concentro, la realizo. Hay muerte aparente porque hay disminución de lo visible, de lo perceptible por los sentidos y la mente; pero nada ha sido destruido por el hecho de que cese de existir la creencia en la realidad de una percepción. La realización del ser humano lleva consigo la desaparición de la ilusoria realidad de las imágenes percibidas por los sentidos y la mente.

    La condición del hombre desde su nacimiento es sentirse fundamentalmente insatisfecho. Cree que le falta alguna cosa, lo que él es y lo que él tiene no le conviene. Espera otra cosa, una verdadera vida; busca la solución de su pretendido problema; reivindica tales y cuales situaciones en la existencia. No hay que destruir esa actitud reivindicadora que engendra todos nuestros sufrimientos, hay que completarla. Todos nuestros afectos individuales derivan de nuestro apego central a la imagen de nuestro ego, a la imagen de yo-en-cuanto-distinto por asociación identificadora entre una imagen particular y esta imagen general. Mientras más se profundiza mi comprensión, más se anulan estas asociaciones. Mi apego se purifica, se sutiliza, se concentra: se vuelve menos y menos aparente, más y más no-manifestado. La reivindicación apegada no disminuye ni un solo átomo antes del satori, pero se purifica y se realiza a medida que se aproxima el instante de la transformación abrupta donde se conciliarán apego y desapego.

    Mi amor propio es un aspecto de mi actitud reivindicadora. El también se purifica a medida que yo comprendo. Parezco más modesto a quienes me observan desde afuera. Pero comprendo muy bien que no es así. Mi amor propio se vuelve cada vez más sutil y concentrado de suerte que se lo ve menos. Se realiza tendiendo, en un sentido hacia el cero de la perfecta humildad y, en otro sentido, hacia el infinito no-manifestado de mi dignidad absoluta.

    La angustia que está asociada a la reivindicación egotista experimenta la misma modificación gradual. Es un grave error creer que la comprensión pueda agravar la inquietud del hombre. Las falsas informaciones, al introducir en nuestra mente creencias apremiantes, pueden aumentar nuestra angustia. Pero la intuición de la verdad la sutiliza, por el contrario, disminuyendo su aspecto manifestado y aumentando su aspecto no-manifestado. La angustia profunda, de la que derivan todas las angustias particulares manifestadas, no disminuye un átomo antes del satori, pero es gradualmente más no-manifestada. El practicante del Zen, a medida que evoluciona (sin progresar), siente cada vez menos angustia. Cuando ella ha llegado a ser casi totalmente no manifestada, el satori está próximo.

    La agitación interior del hombre traduce el conflicto existente entre el movimiento vital, por una parte, y el rechazo de la limitación temporal que condiciona este movimiento, por otra. Colocado ante su vida tal como esta es, el hombre la desea y al mismo tiempo no la desea. Esta agitación se purifica a medida que la comprensión produce la disminución del rechazo con respecto a la limitación temporal. El movimiento vital no es alcanzado, en tanto que disminuye lo que se le opone. De tal modo este movimiento se purifica: la agitación desaparece, nuestra máquina funciona cada vez mejor.

    La evolución que estamos estudiando supone – ante todo – la sutilización de nuestro material de imágenes. Ellas pierden poco a poco su aparente densidad, su ilusoria objetividad. Se tornan más sutiles, más amplias, más generales, más abstractas. Su poder de hacer surgir nuestra energía vital en contracturas emotivas disminuye. Todo el proceso imaginativo-emotivo pierde su intensidad, su violencia. Nuestro film imaginativo presenta menos contrastes, nuestro ensoñar interior se alivia.

    Se puede considerar que el satori es un despertar, ya que nuestra condición actual – con respecto a ese despertar – es una especie de dormir en el que nuestro pensamiento consciente es el sueño. Hay algo verdadero en esta manera de ver, pero esto encierra una trampa en la que puede caer nuestra comprensión. Siempre soy propenso a querer representarme las cosas y a olvidar que el satori – acontecimiento interior inimaginable – no puede ser asimilado analógicamente a nada de lo que yo conozco. De tal modo, tengo tendencia a suponer una analogía entre el satori – despertar definitivo – y el despertar que experimento todos los días cuando paso del sueño a la vigilia. En esta ilusoria analogía reaparece de manera insidiosa la concepción progresiva. Así como mi despertar común me parece un progreso en relación con mi sueño, el satori sería un super despertar, un despertar verdadero, un progreso supremo en relación a mi estado de vigilia actual. Así como mi despertar común me devuelve una consciencia de la que carecía mientras dormía, el satori me habrá de dar una super consciencia que me faltaría ahora. Esta concepción falsa – puesto que estoy de toda la eternidad en el estado de satori y puesto que, a pesar de las apariencias, no me falta nada – entraña ideas equivocadas acerca del proceso interior que precede al satori-acontecimiento. Entre el dormir profundo y la vigilia, paso por el estado del dormir con sueños. La aparición de la actividad consciente, en el curso del dormir, avanza en el sentido del despertar: cuanto más sorprendente, emocionante, urgente e ilusoriamente objetivo sea el sueño, más próximo estoy al despertar. Siguiendo mi falsa analogía progresista puedo llegar a creer que el satori ha de estar precedido de una exacerbación de mi pensamiento consciente, de mi film imaginativo. Creo que una hiperactividad mental, en el éxtasis o en la pesadilla, al llegar a un punto crítico de tensión, obtendrá el estallido de la última barrera y la entrada en un estado de super consciencia cósmica. Todo esto está en completa contradicción con la concepción abrupta del Zen. Observemos cómo se vuelve a encontrar, en esta quimera progresista, la identificación egotista que entraña la ilusoria adoración de nuestro consciente. Nuestro universo imaginario interior, centrado en nuestro ego, pretende que es el universo. El consciente que fabrica ese universo se asimila en esta forma a la Mente Cósmica, y entonces no es sorprendente que contemos con ese consciente para conquistar la Realización.

    En realidad, durmiendo o en vela, estoy desde ahora en el estado de satori. Sueño y vigilia entran por igual en este estado. El estado de satori desempeña, en relación con el dormir y la vigilia, el papel de una hipóstasis que los concilia. Sumergidos en lo intemporal, dormir y vigilia son dos modalidades extremas del funcionamiento de mi organismo psicosomático, extremos entre los cuales oscilo. Entre el dormir profundo y el estado de vigilia, el dormir soñando ocupa una posición intermedia, que supone proyección sobre la base del triángulo de su límite superior. De ahí la sabiduría trascendental del sueño. Su pensamiento simbólico, en el que se expresan las situaciones de nuestro microcosmos particular desprovistas de toda ilusoria objetividad del mundo exterior, es actualmente en nosotros el único pensamiento capaz de ver determinadas cosas tal como son. Por eso, el pensamiento del sueño se expresa de manera simbólica, ya que las cosas-tal-como-son no pueden ser expresadas adecuadamente de manera directa.

    En esta perspectiva correcta, tratemos de concebir cómo se traduce en nuestro consciente, en nuestro sueño despierto, la evolución gradual no-progresiva que precede al satori. Nuestro sueño despierto, como todo en nosotros, se cumple gradualmente sutilizándose, lejos de hacerse más terminante, más aparentemente real, más alucinante. Se aligera, por el contrario, se hace menos opaco, menos denso, más volátil; es menos adhesivo, menos viscoso.

    Las cargas afectivas que llevaban imágenes disminuyen, nuestro universo interior se iguala. Bajo ese sueño despierto cada vez más liviano, nosotros cumplimos con mayor plenitud el dormir de nuestra condición egotista actual. En resumen, la ejecución de nuestro pensamiento consciente se aproxima, en cierto sentido, al dormir profundo. Y al mismo tiempo que nuestro pensamiento consciente se aproxima al dormir, se diferencia de éste desarrollando hasta el máximo sus posibilidades intelectuales sutiles. Hay aproximación real en lo no-manifestado, alejamiento aparente en lo manifestado. Según el aforismo hermético: Lo que está arriba es como lo que está abajo; lo que está abajo es como lo que está arriba.

    La actividad imaginativa se sutiliza y tiende hacia la no-manifestación, aun cuando la mente se mantiene despierta, es decir, continúa funcionando. Una concentración sobre nada se desarrolla por debajo de la atención siempre captada por las imágenes. Mi estado se asemeja entonces al del sabio distraído; pero, a la inversa del sabio que está distraído porque su atención está concentrada en algo que tiene forma, yo estoy distraído porque mi atención está concentrada sobre algo in-formal, ni concebido ni concebible.

    Todo el proceso imaginativo-emotivo se aligera. Esto se traduce por el hecho de que me siento dichoso sin motivo aparente. No soy dichoso porque la existencia me parezca buena sino que la existencia me parece buena porque soy dichoso. La evolución que precede al satori no implica exacerbación de la angustia sino, por el contrario, un alivio gradual de la angustia manifestada. Un equilibrio neutralizador de angustia fundamental precede al instante en que veremos directa y definitivamente que nuestra angustia ha sido siempre ilusoria. Esto enlaza con la idea de que nuestra nostalgia de la realización desaparece a medida que nos acercamos al asilo del reposo.

    Los occidentales tienen frecuentemente dificultad en comprender la expresión de Gran Duda de que se sirve el Zen para designar el estado interior que precede inmediatamente al satori. Piensan que debe ser el colmo de la incertidumbre, de la inquietud y, por lo tanto, de la angustia. Y es precisamente lo contrario. Intentemos ver con claridad este punto.

    El hombre viene al mundo con una duda con respecto a su ser y esta duda domina todas las reacciones del mundo exterior. Aunque muchas veces no me dé cuenta de ello, la pregunta: Soy o no soy? está detrás de todos mis esfuerzos: busco una confirmación definitiva de mi ser en todo lo que investigo.

    Mientras esa pregunta metafísica está identificada en mí con el problema de mis éxitos en el plano material, mientas debato esa cuestión en la Manifestación, la angustia me domina a causa de mis limitaciones
    temporales, porque la pregunta formulada así, está siempre amenazada por una respuesta negativa. Pero a medida que mi comprensión se profundiza y mi representación imaginativa del universo se sutiliza, se va deshaciendo la identificación entre mi duda metafísica y la eventualidad de mi fracaso temporal; mi angustia disminuye. Al final de este proceso de destilación, la duda se ha hecho casi perfectamente pura.

    La Gran Duda, al mismo tiempo que pierde todo carácter angustioso, es el colmo de la evidencia, evidencia sin objeto formal, tranquilidad, paz: El sujeto tiene entonces la impresión de vivir en un palacio de cristal, trasparente, vivificante, exaltador y real; y al mismo tiempo, es como un idiota, un imbécil. La famosa e ilusoria pregunta: Soy o no soy?, al purificarse se anula y, por fin, voy a escapar a su fascinación, no con una solución satisfactoria del problema sino con la evidencia de que no ha habido jamás problema.

    Observemos por fin cómo este proceso evolutivo que sutiliza nuestro mundo interior modifica nuestra percepción del tiempo. Nosotros creemos en la realidad del tiempo porque esperamos una modificación de nuestra vida en el mundo de los fenómenos, capaz de colmar nuestra falta ilusoria. Cuanto más sentimos la nostalgia de un llegar a ser, más dolorosamente nos hostiga este problema del tiempo. Nos reprochamos porque dejamos escapar el tiempo, por no saber aprovechar los días que pasan. A medida que mi impulso hacia el llegar a ser se sutiliza en mí, convirtiéndose cada vez más en no-manifestado, se modifica mi percepción del tiempo. Aunque manifestado en mi vida cotidiana, el tiempo se me escapa cada vez más y dejo que se me escape dándole cada vez menos importancia. Mis días están cada vez menos llenos de cosas que yo pueda decir, de las que pueda acordarme. Paralelamente, siento disminuir mi impresión del tiempo perdido; cada día me siento menos frustrado por la marcha inexorable del reloj. Y en esto, como ocurre con todo, cuanto menos me esfuerzo en alcanzar, más poseo. Aclaremos, sin embargo, que no se trata de una posesión positiva del tiempo sino de una disminución gradual de la impresión punzante de no poseerlo. En los momentos de la Gran Duda no poseemos el tiempo de ninguna manera, pero no se nos escapa porque ya no lo reivindicamos. Y esta suspensión del tiempo anuncia nuestra reintegración a la eternidad del instante.

    Ya hemos dicho que nuestra percepción de un objeto exterior es la percepción de una imagen mental que se produce en nosotros estimulada por el objeto. Pero, detrás del objeto exterior y de la imagen interior, hay una percepción única que los une. En el universo todo es energía vibratoria. La percepción del objeto se produce por una combinación unificadora de las vibraciones del objeto y mis propias vibraciones; esta combinación sólo es posible porque ellas son de una misma esencia. La combinación manifiesta esta esencia única bajo la multiplicidad de los fenómenos. La imagen perceptiva se produce en mí, pero esta imagen se inicia en el Inconsciente o Mente Cósmica, que no tiene residencia particular, sino que reside lo mismo en el objeto percibido que en mí percibiéndolo. La imagen mental consciente es individualmente mía, pero la percepción misma que es el principio de esta imagen no es ni mía ni del objeto; en esta percepción no existe ninguna distinción sujeto-objeto: es hipóstasis conciliadora que une sujeto y objeto en una síntesis ternaria. Sin embargo, todas las percepciones del mundo exterior no provocan en mí el satori. Por qué? Porque actualmente mi imagen mental consciente acapara toda mi atención; este aspecto puramente personal de la percepción universal me fascina, a causa de mi creencia de que las distintas cosas son. Todavía no he comprendido con todo mi ser la afirmación de Hui-Néng: desde el comienzo, ninguna cosa es. Yo creo todavía que esto es esencialmente distinto de aquello; soy parcial. En mi ignorancia, las múltiples imágenes que son los elementos de mi universo interior son claramente distintas y se oponen las unas a las otras. Cada una de ellas se define ante mis ojos por aquello en que difiere de las otras. En esta perspectiva ninguna imagen puede representar anónimamente, al igual que cualquier otra, la totalidad de mi mundo interior. Es decir, ninguna imagen es Yo sino solamente un aspecto del Yo. En tales condiciones todo ocurre, como si no se realizase unión alguna, a través de la percepción, entre yo y no-yo, sino solamente una identificación parcial. Como el yo no está integrado, sólo se identifica parcialmente con el no-yo. Y la revelación de la identidad total, o sea el satori, no se produce.

    Esta revelación sólo se hace posible al término del proceso de sutilización simplificadora. Cuando más se sutilizan mis imágenes, más se diferencia su distinción aparente. Yo continúo viendo en qué se diferencian unas de otras, pero cada vez veo menos oposición en estas diferencias. Todo pasa como si yo presintiese la unidad debajo de la multiplicidad. Las oposiciones discriminativas se hacen cada vez menos manifestadas. Ninguna unidad verdadera se realiza en mi universo interior con anterioridad al satori, pero, a medida que la multiplicidad se hace no-manifiesta, mi estado interior tiende a la simplicidad, la homogeneidad, la unidad matemática (que no hay que confundir con la unidad metafísica o primordial). Al producirse la imparcialidad ante mis imágenes, se produce la integración del yo. La identificación parcial con los objetos exteriores disminuye; me siento cada vez más distinto del mundo exterior. El proceso que precede a la identificación total no consiste en un aumento progresivo de la identificación parcial, sino, por el contrario, en su desaparición gradual. Para emplear una expresión espacial, diremos que el yo manifestado se va reduciendo y tiende hacia el punto geométrico sin dimensión. A medida que tiendo hacia el punto, mi representación del mundo exterior tiende, así mismo, hacia el punto. Todo sucede como si se purificase una zona medianera de interpretación entre el yo y el no-yo, como si el yo y el no-yo estuvieran cada vez más separados al mismo tiempo que disminuye su oposición aparente. Así como dos hombres enemigos, a medida que desaparece su odio, se sienten cada vez más extraños el uno al otro, y al mismo tiempo desaparece su oposición.

    Al final de esta evolución gradual, mi universo interior alcanza la homogeneidad en la que no desaparecen las formas, sino la oposición de las formas.

    Todo se convierte en lo mismo. Y entonces una imagen cualquiera puede representar adecuadamente la totalidad de mi universo interior. Me ha hecho capaz de experimentar, en una percepción, no ya solamente una identificación parcial con el no-yo sino mi identidad total con él. Todavía es necesario que se manifieste el no-yo; y esto es lo que ocurre en esta percepción liberadora a los que han experimentado el satori. Ante el yo integrado en una totalidad no manifestada aparece el no-yo totalmente integrado en un fenómeno que lo representa. Entonces surge la percepción en la que se manifiestan a la vez, sin discriminación de ninguna especie, la totalidad del yo y la del no-yo. La totalidad del yo se hace manifiesta pero en la unidad en que todo se concilia y en la que el yo parece destruirse en el instante mismo en que se realiza.
    Hubert Benoit

  4. Van Gogh y el Mundo Invisible

    Innumerables filósofos, místicos y físicos cuánticos han trabajado laboriosamente en descifrar nuevos códigos sobre la naturaleza invisible de la realidad. Hoy día disponemos de una gran cantidad de información en el campo de las comunicaciones que constantemente nos está proporcionando conocimiento sobre las teorías de la física moderna. Capra, Wheeler, Bohm, Sheldrake, Talbot, nos permiten atravesar nuevas fronteras entre la realidad objetiva y subjetiva, entre la onda y la partícula, viaje protagonizado por la consciencia. En relación a esto, Wigner afirma que es imposible dar una descripción de los procesos de la mecánica cuántica sin una explícita referencia de la consciencia.

    Que la física moderna esté llegando a conclusiones similares a las que hace miles de años encontraron los místicos de oriente y occidente constituye una de las convergencias más interesantes en beneficio del desarrollo de la humanidad y su proyecto universal.
    Por un lado encontramos que desde hace milenios los Tantras nos hablan del espacio como se estuviese atravesado por líneas de fuerza conocidas como los cabellos de Shiva y que serían capaces de causar la expansión y contracción del tejido del espacio mismo. Entre tanto, actualmente Wheeler asegura que la carga eléctrica o las líneas en un campo eléctrico o magnético son literalmente líneas de fuerza atrapadas en el tejido del espacio tiempo. Safartti sugiere que la organización de la materia se debe a un espectro de campos organizados que estructuran la materia fuera del turbulento mar de la espuma cuántica, que la estructura de la materia no puede ser independiente de la consciencia y que ella no es más que luz atrapada gravitatoriamente.

    Toda interpretación de la realidad no puede estar exenta de poesía y creatividad. Semeja esa ventana a un mundo invisible que son capaces de construir algunos artistas. En la vida cotidiana la ilusión de una realidad única no es otra cosa que el resultado de la interferencia constructiva de todas las realidades. Hemos soñado el mundo y dentro de él soñamos que estamos inmersos en un mundo real y continuo, pero siempre hay pequeños intersticios donde algunos seres humanos de mirada escrutadora son capaces de atravesar para captar la vibración de la luz y vivenciar los campos de fuerza que constituyen el sustrato de la realidad.

    Vincent fue un visionario capaz de captar esa energía sutil, su mente y sus ojos febriles parecían estallar por el vértigo provocado por el constante movimiento de las líneas de fuerzas entrelazadas y circulantes que constituyen indistintamente la materia. Este pintor, poseedor de visión etérica, ha legado a esta generación el privilegio de introducirnos a un mundo en vibración, y a viajar tal vez como una partícula-onda a través de los trigales arlesianos.
    Este gran genio de la pintura, nacido en Holanda en 1853 bajo el rojo signo de Aries, tuvo una existencia muy contradictoria, donde se combinaban períodos de extremada lucidez con otros de excentricidad y gran tensión nerviosa o locura. Su vida se fue dificultando, le costaba enormemente relacionarse debido a su carácter áspero y al constante mutismo provocado por la inmersión en su mundo psíquico. Trabajó sin concesiones de ninguna especie, centrado totalmente en la búsqueda de la forma ideal de expresar sus diferentes sensaciones ópticas, integrando en forma magistral los sentimiento y emociones. Fue capaz de sondear las profundidades humanas mucho más lejos que lo que insinuaban las determinantes estéticas del movimiento de los simbolistas, y a través de su muy particular visión de la materia y de la luz nos entregó paisajes cuánticos, trascendiendo cualquier ismo de su época.

    Vincent Van Gogh pintaba, por lo general, directo desde el natural, tratando de capturar con máxima precisión la realidad que él captaba. Todas las imágenes elegidas quedaban finalmente subordinadas a su propia percepción visionaria, lo que implicaba la aparición de un verdadero mundo invisible. Así, por ejemplo, tenemos algunos paisajes donde la línea del horizonte no establece necesariamente un sentido espacial habitual sino que, por el contrario, con frecuencia nos lleva a percibir otras dimensiones o realidades, miles de líneas de color vibrando en diferentes dimensiones, constituyendo especies de mareas de materia incluso discos iridiscentes. Con frecuencia sus personajes parecen viajeros de sus propios pensamientos y como si vivieran a cabalidad en la bidimensionalidad de la tela. El uso magistral de sus características pinceladas de color puro de pintura y de trazos gruesos obtenidos directamente del tubo, le permitieron lograr esa atmósfera tan especial que nos muestra el viaje de ciertos contenidos esenciales de la realidad para configurar una nueva dimensión más parecida a los sueños.

    La vida de Vicent no fue fácil, continuos dolores emocionales, contradicciones y agotamiento psíquico lo llevaron a vivir momentos sobrecogedores, a tal punto que su vida y su obra no sólo ha sido larga y profundamente estudiada por historiadores y estetas, sino que muy especialmente por psiquiatras y otros estudiosos de la psiquis humana.
    Para Jung, el proceso creativo tiene dos aspectos: uno que corresponde a aquello que produce un despertar creador mediante el impacto sobre la consciencia de ideas que emanan de alguna fuente superior, y por otro lado están las ideas menores, visiones y conceptos que capta el artista. Todo artista es una dualidad o una síntesis de actitudes contradictorias. Por un lado es un ser humano con una vida personal, mientras por otro es un proceso creador impersonal. Siendo así, el artista está en constante conflicto, entre su anhelo natural de felicidad, satisfacción y seguridad como individuo por una parte, y por la otra una pasión avasalladora por crear, la que a menudo lo lleva al olvido de sí mismo. Con frecuencia esto conduce a vidas altamente insatisfactorias o trágicas, pareciendo que es muy corriente que se pague caro el don de crear.

    En Vincent la tormenta era constante, había una pugna inmensa entre su deseo de amar y el deseo irrefrenable de crear. Ansiaba tener una mujer a su lado, pero su dificultad de relacionarse sin asperezas, junto a una apariencia poco agraciada, reducía mucho las posibilidades reales de encontrarla. Su facilidad para crearse expectativas después de conocer a las dos o tres mujeres de su vida, lo llevaba a estados de dependencia emocional y pasión sólo conocidos por él. Su fértil imaginación en este caso creaba una situación inexistente en la realidad, un perfecto guión que llegaba a ser tan real que permitía que él mismo cayera en su propia trampa, al punto de creer que la mujer en la que había proyectado su amor estaba también enamorada y le correspondía. Esta especie de ensueño era tremendamente dañino, ya que, además de extenuarlo, lo hacía realizar en el mundo cotidiano acciones inexplicables para la sociedad, los amigos, y más aún para esa mujer que no tenía idea de lo que estaba sucediendo. Estos procesos causaron grandes estragos en su personalidad; la realidad le era tan dolorosa que caía en profundos estados depresivos e incluso paranoicos. Ninguna de estas mujeres llegó a conocerlo realmente y menos a amarlo, y su vida en general fue muy desprovista de cualquier afecto, con excepción de un solo ser humano que lo amó, protegió y acompañó hasta el fin, su hermano Theo, quien lo sustentó tanto en el mundo material y práctico como en el vertiginoso mundo emocionaL
    Otra contradicción constante en la vida de este pintor eran los asuntos religiosos. Se interesó profundamente en conocer a Dios y la justicia divina. Primero intentó el sacerdocio, más tarde prefirió ser evangelista para trabajar y convivir con los pobres en busca de un mundo más justo. Fue destinado a una zona minera muy pobre en Bélgica. Pronto empezó a discrepar fuertemente con la estructura clasista de la Iglesia, lo que motivó la cancelación de su licencia por parte de la Iglesia evangélica Belga. Después de este infortunado episodio decidió alejarse definitivamente de la Iglesia y de Dios, llegando a la conclusión de que sólo existía un doloroso y cruel caos.

    La desilusión amorosa, la falta de justicia divina y sus propios desequilibrios lo llevaron a una profunda depresión, de la que la recuperación fue muy lenta. Ayudado por su hermano empezó a dibujar, al principio era muy torpe, de forma que se le hacía muy complicado vaciar lo que su mente percibía. Así comenzó un combate febril, pues quería expresar con veracidad lo que sentía, lo que veía, y por sobre todo la intensidad de la vida, pasando varios años de trabajo para dominar todos los aspectos de la pintura en Bélgica y Holanda, al tiempo que atravesaba por períodos de extremada pobreza y decepciones amorosas.

    Nunca lograba vender nada de sus obras a pesar de los esfuerzos de su hermano, que trabajaba en las Galerías Goupil, de propiedad de un tío de ambos. Una vez que terminó su etapa formativa, incentivado por los relatos de Theo sobre los pintores e intelectuales que constituían la conocida fuerza vanguardista, decidió radicarse en París. Al comparar el uso de los colores oscuros de su etapa flamenca con los vibrantes colores de los impresionistas no pudo menos que recibir un fuerte impacto libertario que lo estimuló a abrirse a nuevas experimentaciones en su propia obra. Encontraba fantástico el uso de colores primarios sin graduación, y sin el uso de líneas definidas de los impresionistas, apreciando que esto permitía que las luces y las sombras se fundieran unas en otras como el ojo las ve fundirse en la naturaleza. Estas pinturas tenían aire y luz.
    Muy estimulado, empezó a frecuentar Le Bataille, restaurante donde confluían los pintores, conociendo e interactuando con varios de ellos. Lautrec lo impactó con su visión auténtica y profunda de la vida. Gauguin por su pasión, Seurat por su investigación para convertir la pintura en una ciencia abstracta, Rosseau lo paseó por su colección fantástica de animales.

    Su pintura empezó a proliferar, trataba desgarradoramente de expresar la esencia, sus cuadros empezaron a desbordarse de la tela, así como también su tensión nerviosa. Estuvo una temporada en esta cofradía, discutiendo y filtrando ideas sobre diferentes tópicos, tales como la función del arte, el valor de las emociones, la pulcritud y precisión de la mente, el valor de la luz y sus efectos en la materia, y fueron muchas la horas de encierro entre el humo de las pipas y el vapor del ajenjo. Incluso llegó a participar de proyectos colectivos en pro de una mejor posición del arte y del artista en la sociedad.

    Pronto su alma libertaria, la disminución de su obra y el agobio propio de la ciudad lo llevaron a establecerse al sur de Francia, lugar donde su pintura tomó la dimensión propia de un genio. Viajó en febrero de 1888 a Arlés en las riberas del Ródano
    El sol artesiano lo deslumbró, las estrechas calles de adoquines configuraban unas especies de nichos sombríos que permitían guarecerse del sol y del mistral, viento impetuoso que sólo era posible frenar en las callejuelas gracias a los recovecos. El paisaje lo llamaba con sus innumerables elementos, a su disposición estaban los techos de las casas que parecían apilados en intrincados dibujos, los campos labrados, los huertos en flor. El intenso colorido llegaba a herir sus ojos, los colores parecían brotar puros y deslumbrantes. Casi no podía resistir tanto despliegue de la naturaleza, con aquellos azules tan profundos, la plenitud de los verdes del campo, el enceguecedor amarillo del sol sobre los trigales, y la sensualidad de los rojos de la tierra.

    La percepción de la realidad fue demasiado para él, se sentía incapaz de poner ningún control ni freno. Se entregó por entero a la luz y al fenómeno impersonal de la creatividad, así dejó de ser observador para introducirse al mismo campo vibratorio que observaba, ávido de las sensaciones corporales y emocionales que dicha realidad provocaba en él. Embriagado de vivencias pudo experimentar la ausencia de fronteras definidas entre él y el paisaje, entre el artista y su obra, entre el girasol y una silla, una iglesia, la luna o un ciprés., totalidad de miles de trazos de color viajando a velocidades vertiginosas en el rectángulo de la tela.

    Podrían resistir su alma y su cuerpo las grandes contradicciones entre su propio estado de onda y de partícula?
    Pintaba al aire libre sin ninguna protección, hasta que lo dominaba una especie de embriaguez creativa que lo impulsaba a crear y crear inconteniblemente. Cada noche regresaba con un cuadro nuevo bajo el brazo, cansado por su titánica lucha contra el viento que trataba de arrebatarle las telas. Un día cuando el viento arrasaba con las flores de un huerto de ciruelos que él trataba de pintar, vio por primera vez y con gran regocijo al indómito mistral que giraba vertiginoso por el espacio total.

    Aunque en esta zona era difícil conseguir modelos, logró que una prostituta y otros lugareños posaran para él. Es notoria la presencia del cartero y su familia, que le prodigaron una agradable amistad además de posar con frecuencia para el artista. Pronto el día se empezó a hacer corto y Vincent se introdujo en las valoraciones nocturnas del color bajo la luz de la luna o de la luz eléctrica.

    El constante esfuerzo y la febril explosión creativa lo tenían al borde del delirio y de una de sus peores crisis nerviosas, cuando decidió compartir su famosa casa amarilla con Gauguin. Esta convivencia entre dos hombres tan pasionales y creativos no pudo convertirse en otra cosa que una batalla campal emocional. Es durante este período y en medio de las discusiones con Gauguin cuando Van Gogh nos dejó varias aproximaciones acerca de su búsqueda íntima a través de la pintura:

    Si pinto el sol quiero que la gente sienta su enorme potencia, su luz y su poderío; si pinto una fruta quiero que sientan su jugo, y cuando pinto un trigal quiero que se adviertan en él hasta los átomos que conforman los granos de trigo que pugnan por crecer. Así también, cuando pinto el retrato de un hombre quiero que se advierta su lucha. Para mí la uva y tú están formados de la misma materia. Si pinto un campesino en el campo quiero que se advierta la unidad que existe entre uno y otro. Quiero que se sienta que el sol vivifica por igual al campesino, al caballo y al trigo.

    Este visionario que regaló al mundo innumerables imágenes de ese mundo invisible, pagó caro sus permanentes viajes a otros estados de consciencia, ya que su fragilidad no pudo resistir la extremada tensión nerviosa de las innumerables percepciones y contradicciones. Se habla de epilepsia, de esquizofrenia, de varias alteraciones psíquicas. Quizás sería interesante plantearse qué hubiese pasado si este genio creador hubiera tenido acceso a los conceptos actuales de la física y a los estudios de la consciencia.

    En 1890 experimentó un quiebre total provocado por la soledad, la falta de códigos, y una carrera desbocada en busca de una imagen que mostrará la fuerza y el movimiento constante del mundo. Llegó al extremo de autoagredirse cortándose una oreja en medio de sus alucinaciones. Finalmente fue internado en St. Remy, donde sufría frecuentes ataques epilépticos en medio de los cuales desarrolló nuevas obras, interesado por las patologías y las vidas de los otros internos.

    El 29 de Julio de 1890, después de pintar una bandada de pájaros negros sobre un trigal, puso fin a su vida.
    Patricia Zárraga

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