Tu Parto III

Yolanda nos espera en el hospital. He dilatado aún muy poco y las contracciones son todavía lentas. Me falta, al parecer, un poco de azúcar. Tomo un zumo y galletas. Pareces estar un poco dormido. Nos quedamos solos tu padre, Abraham y yo a la espera de que se desencadene el parto. Intento concentrarme. Ya estamos aquí, ya quiero que ocurra. Esa esperanza.

El zumo anima a las contracciones y se vuelven más frecuentes y dolorosas. Yolanda regresa: estoy de parto. Llamamos a los abuelos y le explicamos a Abraham que se está abriendo una puerta en mi cuerpo para que Omar salga a la vida. Lo entiende todo. Si Dios quiere, ya nunca nada volverá a ser igual.

Como parece que aún falta mucho tiempo y caminar le vendrá bien al trabajo de parto voy con Rauf y Abraham a hacer el ingreso y a dejar al pequeño con los abuelos. Prefiero estar con mi marido que quedarme sola en la habitación. A partir de ahí empiezo a acceder a otro estado. Serán las 15:30 o las 16:00. Las contracciones se vuelven más intensas, dolorosas, y frecuentes, y me obligan a retorcerme de dolor mientras esperamos, no podía faltar la escenita kafkiana, a que llegue nuestro número para que nos atiendan en ventanilla. Mis padres llegan y también nuestro turno y nos envían extrañamente a una nueva cola. Los dolores aumentan. Estoy pendiente del afuera y el adentro se estremece. No me concentro y el dolor se extiende como un grueso velo por toda mi realidad.

Intento frenar el proceso. Siento que Omar se me va a salir en medio del pasillo, en una cola administrativa, en una loca escena. Y el padecimiento se vuelve insoportable.

La mujer de la ventanilla discute con nosotros mientras yo me agacho en cada contracción. A regañadientes me arregla el ingreso y nos despedimos de Abraham y los abuelos en busca de un lugar más íntimo para parir. Intento decirle al pequeño que lo quiero. Nada será igual cuando nos volvamos a ver.

Sobre mardia

Licenciada en Filología Hispánica y licenciada en Historia, Máster en Ciencias de las Religiones y doctoranda en Literatura Hispanoamericana, escritora, maestra Reiki federada y simpatizante de la escuela sufí Naqshbandi.