Tu parto, I

Omar, hijo,

Cuando hayas crecido lo suficiente como para comprender mis palabras te contaré.

Sé que esto no se repetirá. Abraham y tú durmiendo a mi lado. Tu completa inocencia. La vulnerabilidad de tu estado. Esa dulzura en que se convierte el mundo en tu presencia. El espacio para el corazón. El amor inundando la noche. Cansada, y sin embargo, éste es el momento más feliz de mi vida. Entregado cada segundo a tus necesidades, y, paradójicamente, nunca he sido más libre ni más dichosa. Dormís. Abraham acaba de cumplir dos años. Tú no llegas a un mes. Mamas a las 3 de la mañana. Y todo merece hoy la pena.

Cuando este momento fugaz haya pasado te contaré. Te diré que tu parto fue un milagro. Que parir es imposible. Que Dios le abre una puerta a la vida a través de un acto inaudito. Imposible y repetido en cada alma que vino a la historia unida a un poco de barro.

Un domingo por la noche durmiendo mal. Unos días anteriores de lenta preparación para tu llegada. Me apetecía dar largos paseos por la tarde. Las contracciones se volvían cada vez más intensas. El esfuerzo me preparaba lentamente para tu venida. Te insinuabas. El domingo mi rostro había cambiado, labios hinchados, ojos de frontera, tú ya querías salir.

Al despertar el lunes las contracciones empezaron a ser regulares. Sin dolor durante toda la mañana. Dios quiso que a kilómetros de distancia, recordando otro milagroso acto liminar (mi abuela Tomasa murió un día de agosto en que, después de un mes de camino, sin móvil ni modo de comunicarme, llegara yo a Santiago), Patri y Laura entraran en la catedral compostelana y, anunciada tu venida por una iglesia de Santa Marta y un Bar Omar, se metieran a misa para rezar por ti. Dios quiso que Yolanda, la matrona que había conocido gracias a Susana, estuviera el lunes de guardia en un hospital que gracias a Dios nos pillaba a 3 minutos andando desde casa. Yolanda se marchaba de vacaciones 3 días después. Al otro lado del mundo. Pero era la elegida desde arriba para facilitar su salida. O dulce entrada en este mundo.

Dios también quiso que tu papá tuviera el primer día libre en meses, y la realidad se llenó así de significación, se volvió más sutil y más densa, hay una alegría tan profunda justo antes de parir. No he comprendido mejor nunca la palabra esperanza.

Sobre mardia

Licenciada en Filología Hispánica y licenciada en Historia, Máster en Ciencias de las Religiones y doctoranda en Literatura Hispanoamericana, escritora, maestra Reiki federada y simpatizante de la escuela sufí Naqshbandi.