Seminario de Sufismo en Madrid por AbdelKarim Baudino 10 y 11 de marzo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Autor: Shihabuddin

Psicólogo y escritor. Practicante del sufismo en la tariqat naqshbandi.

10 opiniones en “Seminario de Sufismo en Madrid por AbdelKarim Baudino 10 y 11 de marzo”

  1. Taqwa: Ponerse a salvo del castigo de Allah
    El término coránico taqwa se suele traducir por temor de Allah. Esta es una traducción muy inexacta pues parece indicar un estado de ánimo o emoción de sobrecogimiento o de susto ante la omnipotencia divina. Esa es tan solo una faceta del significado de taqwa. Taqwa y el verbo tener taqwa aparecen tantas veces en el Corán y su significado es tan importante en la existencia que debe reconsiderarse su correcta traducción al español. Prueba de ello es que hay otro término que estrictamente y literalmente significa temor o miedo de Allah y que también aparece muchas veces en el Coran, tanto como nombre, jashi´atu, como en su forma verbal, jash´a.

    Taqwa: Tener cuidado y mucha cautela de no ganarse el castigo de Allah, de no caer en lo que Allah ha prohibido, de no dejar lo que Allah ha ordenado.

    Taqwa: Guardarse, protegerse, ponerse a salvo, atención y consciencia a las repercusiones de los propios actos, tanto por hacer como por dejar de hacer.

    Si no tienes taqwa de Allah y si no conoces a Allah, eres como un niño: lo único que te impide proporcionarte todo lo que te apetece y te gratifica, en todas las esferas de la vida, es la experiencia de que sobrepasando los límites y abusando de las demás criaturas sueles incurrir en la ira, el castigo o la venganza ajenas. Sin embargo, si no fuera por esa experiencia, no tendrías más límite ni más freno que la propia saciedad. Aún así, al no haber iman en el corazón, ni conocimiento de Allah, no hay verdadera restricción interna y la fuerza de las pasiones y de los apetitos bestiales procurará encontrar las escapatorias, los atajos y la forma de darse cuanto más gusto, gratificación y satisfacción les sea posible.

    Ese es el juego de la vida de la gente que no tiene taqwa y la sociedad kafir está en constante innovación y cambio, intentando ordenar, reglamentar y estructurar ese juego. Un juego cuyas consecuencias son destructivas y nefastas para el individuo y para la tierra.

    Cuando el corazón está enfermo, el cuerpo entero enferma.

    Cuando no hay taqwa no hay discernimiento y uno se hace daño a sí mismo y hace daño a los demás. Taqwa es la herramienta necesaria para el éxito en la vida.

    He aquí algunas amonestaciones del Corán en las que se menciona taqwa y que empiezan con la primera línea de Al Baqara:

    “Alif, Lam, Mim. Ese Libro. En el no hay duda. En el se contiene una guía para los que están alerta y vigilantes de las consecuencias de sus actos.” (Al Baqara. 1,1)

    “Vosotros que creéis, guardaos de caer por vuestros actos en el castigo de Allah y temedle como merece ser temido. Y que no os alcance la muerte sin estar a El sometidos” (Ali-Imran, 3, 102)

    “Vosotros que creéis! Sed pacientes, tened aguante, manteneos firmes y sed vigilantes de no incurrir por vuestros actos en el castigo de Allah para que podáis tener éxito”. (Ali-Imran, 200)

    “…y guardaos de incurrir en el castigo de Allah. Es cierto que Allah es rápido en la cuenta”. ( Sura Al-Maeda, 5, 4)

    “Di: aunque te admire su abundancia, lo malo nunca será igual que lo bueno. Y temed a Allah vosotros que sabéis reconocer lo esencial! Para que así podáis tener éxito.» (Al-Maeda, 5,100)

    “Si las gentes de las ciudades hubieran creído y se hubieran guardado de no incurrir en lo que merece castigo, les habíamos abierto las bendiciones del cielo y de la tierra. Sin embargo negaron la verdad y los castigamos a causa de lo que ellos mismos se ganaron.” (Al-Araf, 7, 96)

    “En verdad los que tienen conciencia de Allah, cuando una instigación de Shaytan los tienta, recuerdan y entonces ven con claridad”. (Al-Araf. 7, 201)

    “¡Vosotros que creéis! Si estáis vigilantes de no incurrir en el castigo de Allah, El os dará discernimiento, ocultará vuestras malas acciones y os perdonará.. Y Allah es el que tiene un favor inmenso”. (Al-Anfal, 8, 29)

    “..Y sabed que Allah está con aquellos que se guardan de no incurrir en Su castigo”. (Tawba. 9, 124)

    “Quien obedece a Allah y a Su mensajero y se guarda de incurrir en Su castigo…esos son los triunfadores”. (An Nur. 24, 50)

    “Verdaderamente los creyentes son hermanos. Poned pues concordia entre vuestros hermanos y estad vigilantes de vuestros actos para que recibáis misericordia.” (Al Huyurat.49,10)

    “Y esta es indudablemente una amonestación para los que se guardan y son vigilantes de sí mismos por temor de Allah.” (Al Haqqa. 69,48)

    Ali ibn Abi Talib, que Allah ennoblezca su rostro, definió así la taqwa de Allah:

    “Obrar conforme a la Revelación
    Temer al Mejestuoso, glorificado sea
    Conformarse con poco
    y estar preparado para el día de la partida”

    1. BELLO SER AMAL ESTE ES UNO DE LOS TRABAJOS QUE REALIZA aBDUL KARIM ENEAGRAMA, DEL QUE HABLAMOS

      Hay tres técnicas contemplativas que permiten la entrada a lo Profundo: La invocación
      o el recuerdo de Dios (dhikr), la audición espiritual o el concierto espiritual (samâ) y la
      contemplación de la belleza. El dhikr es utilizado por todas las corrientes sufíes. La
      invocación es una manera de estar en el mundo y un refugio para el creyente. El
      practicante repite uno de los 99 Nombres más bellos de Dios. Cada uno de ellos
      produce sobre él el efecto deseado y le permite progresar en la vía. Pero la principal
      invocación es: «No hay Dios, sino Dios». El dhikr tiene varias capas según las
      profundidades del corazón: el pecho, el corazón, el corazón interior y el corazón
      escondido. La atención queda fijada en la invocación, el practicante se sumerge
      progresivamente en él mismo hasta la extinción (fanâ), es decir la suspensión del yo, y
      la entrada en lo Profundo impulsada por el Propósito. La audición espiritual (samâ)
      consiste en escuchar poesías cantadas acompañadas de flautas, tambores, golpeteos
      con las manos o de baile. Ello despierta significados profundos que conmueven
      fuertemente al discípulo. Combinado esto con la repetición del dhikr interior y los
      movimientos circulares del cuerpo, permite la inmersión en sí mismo hasta la
      suspensión del yo y la entrada en los Espacios Sagrados. La contemplación de la
      belleza es una práctica poco desarrollada y criticada en el mismo seno de la comunidad
      sufí. Encontramos sus raíces en el maniqueísmo (la religión de la Belleza), así como en
      el amor udhrita (cortés) que tiene como origen la poesía preislámica de los pueblos del
      desierto. La contemplación de jóvenes provoca en el místico un trance pasajero porque
      despierta la carga del Complemento y de significados profundos. La atención enfocada
      en un punto de observación cada vez más interno sumerge al místico en sí mismo y de
      este modo es absorbido hacia los espacios profundos.
      Podemos concluir que el sufismo es una ascesis de tipo devocional de componente
      energética que se construyó teniendo como base la acumulación de experiencias de
      místicos en el curso de los siglos VIII y IX. Estos místicos, empujados por el Propósito
      de fundirse en Dios a través de diversos procedimientos contemplativos, manejan su
      energía a partir del plexo cardíaco y a partir del corazón entran en lo Profundo. Su
      Propósito se manifiesta en un estilo de vida que gravita alrededor de un estado de
      conciencia inspirada, lo que los conducirá a dar testimonio y a transmitir su experiencia
      hasta las puertas de China. Sin embargo, no encontramos en el período estudiado la
      sistematización de una experiencia fundamental, estructurada en pasos, que permita
      reconocer una eventual disciplina «devocional».

  2. Jutba de la luz

    Bismillahi ar rahmani ar rahim

    Assalamu aleikun:

    Ni siquiera estamos seguros de que lo que vemos sea la luz. Abrimos los ojos y nos reconocemos en una visión, en una forma plena de movimiento y de color. Necesitamos esta visión para poder vivir en este mundo, para tratar de comprender, con la ayuda de Allah, aquello que se revela a nuestra mirada. Cada visión es un maqam donde nos detenemos para reconocernos y contemplar nuestro intinerario. Cada profeta vive en un tiempo y lugar que determinan su cualidad específica, su perfume, su maqam genuino. Cada uno de ellos vive un tayali, una manifestación única que nos llega mediante la revelación.

    Sentimos cómo este mensaje luminoso hace mella en nuestro cuerpo sutil, cómo afectan a nuestras lataif las diferentes etapas de la revelación. Sentimos con más o menos claridad cómo esta revelación nos van modelando, al tiempo que vamos reconociéndonos en las maqamat y agotando las etapas mismas de nuestro viaje. Al borde de nuestro camino lineal encontramos una onda pura, una circularidad que no es sino luz palpitante que nos sugiere la cercanía de Allah, Su presencia, más cerca de nosotros que nuestra yugular, tan cerca que no tenemos distancia para verLe.

    La luz nos constituye pero es también un signo que nos ayuda a comprender. La única luz que podemos contemplar es la luz de la revelación, la luz del Qur’án. Sin ella no podríamos contemplar la creación, no podríamos mirarnos, porque es la propia materia de los mundos. Una luz que es el eco de otra Luz que no podemos ver ni concebir, y que nos habla incesantemente desde la claridad que alumbra cada uno de nuestros días y de nuestros años. Allah así nos lo dice en el Qur’án:

    «Pero ahora hemos hecho de este mensaje una luz con la que guiamos a quien queremos de Nuestros siervos.»

    Sura 42. As Shura. La consulta, aya 52.
    Y en el Sura de la Luz, el Qur’an nos aclara:

    «Allah es la Luz de los cielos y de la tierra. La parábola de Su luz es como un nicho que contiene una lámpara; la lámpara está encerrada en cristal, el cristal brilla como una estrella radiante: una lámpara que se enciende gracias a un árbol bendecido —un olivo que no es del oriente ni del occidente— cuyo aceite es tan brillante que casi alumbra por sí solo aunque no haya sido tocado por el fuego: ¡luz sobre luz!

    Allah guía hacia Su luz a quien quiere ser guiado; y con tal fin Allah plantea parábolas a los hombres, pues sólo Allah tiene pleno conocimiento de todo.»

    (Sura 24, An Nur, aya 35)
    Ya hemos visto con Musa, la paz sea con él, que la Verdadera Luz no puede ser vista ni descrita, sólo puede ser aludida en la metáfora, sugerida mediante un signo que nos hace ver. Ese signo de la luz, ese parpadeo brillante que roza la superficie de nuestro espejo, es el Qur’an generoso que nos vuelve hacia la Realidad mediante el sentido.

    La luz del Qur’an está plena de realidad en la visión de Muhámmad, la paz sea con él, y es la misma visión de Adam cuando vivió en el Jardín, antes de ser traído a esta tierra donde nos encontramos. Allah creó el alma de Muhámmad antes que ninguna otra alma humana, antes incluso que la de Adam, la paz sea con ellos. Adam vivió en la tierra verde que Muhámmad divisó a lo lejos mientras hablaba con Yibril.

    Esta Tierra Verde luminosa existe en el mundo imaginal, en el ‘alam al mithal, y es intemporal, trasciende las estaciones y los años. La Verdadera Luz no puede ser tocada por nosotros, porque entremedias hay un cristal, un velo, una barrera imaginal que no es sino la apariencia de las cosas. Y es apariencia porque ese velo sólo existe para nosotros, estos seres extraños que aceptamos el desafío de la conciencia, de la ámana. Allah, con Su Rahma, nos procura Sus Signos, Sus preguntas ¿Es acaso el vidrio una barrera que impida el paso de la luz? ¿Está prisionera la luz cuando vive encerrada dentro de una caja de vidrio? ¿No será que la luz quiere revelarnos Su secreto?

    Sólo nos separa de la luz una materia ilusoria, una visión, una imaginación establecida por el lenguaje del claroscuro. Nuestras manos sienten la solidez del vidrio, su impenetrabilidad, y vemos la superficie del cristal reflejando las escenas del mundo, como en un espejo radiante. La luz encerrada en ese fanal es inaccesible a nuestras manos pero no lo es a nuestra visión. Allah nos sugiere que vemos la luz a través de la materia, que la propia materia que vemos y nuestros propios cuerpos son luz y que, a fin de cuentas, estamos siendo creados en la conciencia. Allah nos regala la luz en forma de metáfora, y así nos ofrece la posibilidad de comprender y compartir Sus más íntimos secretos.

    En nuestros corazones arden encendidas las lámparas de nuestras conciencias mediante el aceite de un árbol bendito, un olivo, que no es de aquí o de allá, que no es el olivo que vemos, sino un árbol antiguo que crece dentro de nosotros. El aceite que alumbra nuestras almas es el fruto de ese árbol interior, que provee de energía a nuestras lataif, a nuestros centros sutiles. Su cualidad única provoca la disolución de nuestras maqamat, porque cualquier maqam se asienta en una sombra, en una irrealidad, y esta iluminación muhammadiana nos conduce hasta una mirada luminosa que nos hace vivir en lo real, más allá de las sombras.

    Una mirada luminosa que ha comprendido que aquello que contempla es sólo una visión, una descripción de la realidad. Una mirada así es la de alguien que está aceptando su destino, alguien que se está librando de sí mismo, de sus estados y de sus maqamat. Sus lataif vibran armoniosamente sin resistencia. Nuestra energía ya no se detiene en un lugar sino que avanza sin resistencias, plena de belleza y de significado.

    Esta es la luz que el Qurán mantiene viva en nuestros corazones, la misma que iluminó a los que constituyeron la comunidad de Medina, y tal vez por eso la tradición nos dice que las gentes de Medina no tienen maqam, porque Medina es Al Munawwara, la Iluminada y Radiante, una ciudad dulcificada por la mirada de quien albergó en su corazón la más grande de todas las luminarias. Muhámmad, la paz sea con él, es un centro radiante de claridad para todos los seres humanos de cualquier sitio. Alhamdulilah. La Medina Al Munawwara es un reflejo en este mundo de aquella tierra verde que divisó el profeta, la paz sea con él, porque sus habitantes disfrutaron de la mirada que había contemplado aquella visión. Muhámmad, la paz sea con él, transmitió el mensaje con todo su ser. También con su mirada.

    Quienes le miraron vieron la lámpara encendida tras el cristal de sus ojos negros. Algunos se iluminaron súbitamente; otros, atraídos por el brillo, cayeron como mariposas hipnotizadas, pero todos se conmovieron. Algunos optaron por explicar aquella luz en términos de locura o de invención interesada, pero Muhámmad sabía que lo que brotaba en su corazón era el propio tayali de la luz. Y Allah se lo confirma:

    «Quieren apagar la luz de Allah con sus palabras: pero Allah no permitirá que esto ocurra, porque ha dispuesto que Su luz resplandezca plenamente, aún a despecho de quienes niegan la verdad.»

    Sura 9 At Tauba, aya 32.
    Quienes se empeñan en vivir pegados a las sombras no pueden hacer nada para impedir la iluminación. Cuando recitamos el Qur’an, cuando recitamos la Fatiha un día y otro, despiertan nuestros centros luminosos, nuestras lataif, una en cada cielo, en cada estación, en cada aya, una latifa en cada nivel de nuestra conciencia, de nuestra comprensión. Cada aya de la Fatiha es una de nuestras maqamat. Y todas los maqamat nos conducen al jalifato, al pronunciamiento consciente y luminoso del bismillah, que es el tayali de la conciencia despierta. Nos asisten los profetas en nuestras lataif, pero todos los profetas y todas las lataif siguen a Muhámmad, la paz sea con él, porque él habita y anima el centro sutil que nos abre a la conciencia de lo real. Por eso los sufíes llaman a este centro sutil latifa haqqiya, el maqam de la verdad y de la realidad.

    Los siete ayat de la Fatiha, las siete maqamat, se resumen en el bismillah, en el pronunciamiento de la conciencia clara. Y esta creación de los mundos se resume en la Ba, una media luna y una estrella, un espejo iluminado y un astro radiante, como dice el Qur’an:

    «¿No veis cómo Allah ha creado siete cielos en perfecta armonía entre sí, y ha puesto en ellos la luna como una luz reflejada, y el sol como una lámpara radiante?»

    Sura 71. Nuh, ayats 15, 16
    Nos sentimos agradecidos a Allah porque nos ha hecho conocer una luz que nos conforta y nos ilumina. Porque ha creado esos siete cielos para nosotros y ha enviado un mensajero para cada una de estas estaciones. Y todos los mensajeros, todas las lataif, se sitúan detrás de nuestro Imam, detrás de Muhámmad, la paz y las bendiciones sean con él.

    Allahumma: Te pedimos que nos hagas conscientes de lo que nos procuras y de lo que nos evitas.

    Haznos conscientes de aquello que Tú nos estás procurando.

    Haznos amar a Muhámmad con todo nuestro ser.

    Haz que Muhámmad interceda siempre por nosotros.

    Amin.

    2.

    La luz que nos hace ver aparece siempre en un reflejo, en una mirada, y por eso la luz de los que se someten a Allah es la luz de la mirada de Muhámmad, la paz sea con él. Muhámmad es la luna de nuestra humanidad, el espejo radiante que casi alumbra por sí solo aunque no haya sido tocado por el fuego. Él es la luna de nuestro cielo interior, el sello luminoso de nuestra vía que se expresa en nuestras miradas. La luz que seamos capaces de contener en esa mirada es lo único que tenemos. El Qur’án nos señala el sentido de esta luz cuando nos dice:

    «Y hemos hecho de la noche y del día dos símbolos; y hemos extinguido luego el símbolo de la noche y en su lugar hemos puesto el símbolo luminoso del día, para que busquéis el favor de vuestro Sustentador y seáis conscientes del paso de los años y del ajuste de cuentas que ha de venir. ¡Pues hemos expuesto todas las cosas con la mayor claridad!

    Y a cada ser humano le hemos atado al cuello su destino; y en el Día de la Resurrección le sacaremos un registro que encontrará abierto; y se le dirá: ‘¡Lee este registro tuyo! ¡Hoy te bastas tú mismo para ajustarte cuentas!’.»

    (Sura 17. Al Isra’. El viaje nocturno, ayat 12-14)
    La noche y el día no son la luz y la oscuridad sino sus símbolos, las ayat que nos permiten comprender. La alternancia de luz y de sombra nos está expresando un ritmo, un pálpito, una expansión y un regreso. Este pálpito es una vibración que nos recorre por dentro y por fuera. Cada amanecer y cada atardecer nos recuerdan nuestra propia condición, el paso del tiempo, de los años, una experiencia del vacío que nos conduce hacia Allah, hacia la Única Realidad que existe y que se nos revela de todas las maneras posibles.

    A cada uno de nosotros se nos da la posibilidad de conocer la luz y la sombra por medio de los signos de Allah, de dirigirnos hacia lo luminoso o hacia lo oscuro. Somos responsables porque somos conscientes de ello. De pronto, como Daud, comprendemos que los litigantes son esos polos de la existencia que construyen en nosotros el sentido de lo real apuntalando una visión determinada. Y nos daremos cuenta, insha Allah, de que somos probados en esta vida mediante esa contradicción, esa posibilidad de adherirnos a la luz o a las sombras.

    Llevamos nuestro destino atado a nuestro cuello, no como un peso ajeno a nosotros, no como una carga, sino como expresión de la energía que nos va constituyendo en función de nuestras decisiones. No se trata tanto de nuestro destino biográfico sino de nuestro destino espiritual, que se va construyendo mediante nuestras decisiones conscientes. Cuando aceptamos la ámana, cuando aceptamos ser conscientes de nosotros mismos y del mundo, cuando nos abrimos a la revelación y al sentido, Allah deja nuestro destino espiritual en nuestras propias manos. Eso quiere decir que no nos queda ya más remedio que asumir la responsabilidad de nuestros estados, de nuestras lataif y de nuestras maqamat, y que somos entonces la luz que somos capaces de albergar en nuestros corazones. Como dice el Qur’án:

    «Y cada ser humano comparecerá con sus antiguos impulsos internos y su mente consciente, y se le dirá: ‘¡En verdad, has vivido desatento a esto, pero ahora te hemos quitado el velo, y hoy tu vista es penetrante!’.»

    (Sura 50, Qaf, ayat 21-22)
    Nuestro verdadero destino es la conciencia de Allah, porque no podemos desembocar en otra conciencia que no sea la Suya. Masha Allah, porque Él es la Única Realidad. Desvelamos y alcanzamos nuestro destino acompañados de testigos: nos acompañan nuestros impulsos más primarios (sa’iq) aquellas fuerzas que nos empujaron hacia el olvido y la inconsciencia y también aquella parte de nosotros que es testigo consciente (shahid) y que es fruto de nuestro despertar espiritual. Cuando Allah aparta de nosotros el velo vemos el desenlace de nuestra Yihad, su forma luminosa o sombría. Y es Muhámmad, la paz sea con él, quien nos hacer ser testigos, quien nos procura una revelación definitiva.

    Nur ara Nur, Luz sobre Luz que Allah mantiene ahora viva en nosotros mediante Su Qur’an, para extenderla ante nuestros ojos, para que nos asista:

    «El Día en que veas a los creyentes y a las creyentes, con una luz que se extiende rápidamente delante de ellos y a su derecha, y a los que aguarda esta bienvenida: ‘¡Vuestra buena nueva en este Día: jardines por los que corren arroyos, en los que moraréis! ¡Este, precisamente, es el supremo triunfo!»

    Ese Día los hipócritas y las hipócritas dirán a los que han llegado a creer: ‘¡Esperadnos, para que tomemos un rayo de luz de vuestra luz!’ Pero se les dirá: ‘¡Volveos atrás, y buscad vuestra propia luz!»

    Sura 57. El Hierro, ayats 12, 13
    En este momento, masha’ Allah, estamos despiertos en la Luz, la vemos extenderse ante nuestros ojos, desplegándose ante nuestras miradas. Alhamdulillah. Porque la luz que Allah extiende ante nosotros es una luz contenida en nuestra mirada, unan claridad que despliega el mundo y rompe nuestra visión en mil facetas, como un cristal tallado por Al Musawwir. Es una luz que brota de la mirada de quienes Le recuerdan. Es la claridad de quienes han conocido la luz y han mirado después al mundo. En esa mirada compasiva centellea la realidad y se constituye la luz sobre la luz y, cuando brota radiante, los hipócritas, ensombrecidos, buscan a los sometidos a Allah para que les miren, y buscan ansiosamente sus miradas, pero es en vano porque la luz que nos hace vivir nos brota desde dentro, y es radiante. Los munafiqún no entienden la metáfora porque no aceptan la misericordia que Allah ha depositado en sus corazones, porque no ven las señales, porque están velados para el Qur’an. De nada sirve la luz a quien no quiere ver, a quien se refugia en las sombras.

    Tenemos la luz que somos capaces de albergar en nuestro interior y transmitir en nuestra mirada. No podemos ver con los ojos del otro, y menos aún ver con la luz del otro, así que hemos de limpiar paciente y humildemente nuestro cristal para que la luz de la realidad se refleje sin resistencias. Hemos de pulir nuestras lataif y ser conscientes de que la luz nos alcanza porque Allah así lo quiere. Alhamdulilah. Él quiere que el Qur’an brote vivo en nuestros corazones y para eso nos hace musulmanes, para eso mismo nos envía a Muhámmad, la paz sea con él, y para eso mismo nos dice:

    «¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! Volveos a Allah con arrepentimiento sincero: puede que vuestro Sustentador borre vuestras malas acciones, y os haga entrar en jardines por los que corren arroyos, el Día en el que Allah no avergonzará al Profeta ni a los que comparten su fe: su luz se extenderá delante de ellos, y a su derecha; y suplicarán: ‘¡Oh Sustentador nuestro! ¡Completa nuestra luz, y perdona nuestras faltas: ciertamente, Tú tienes poder para disponer cualquier cosa!’.»

    Sura 66. At Tahrim. La prohibición, aya 8.
    En el momento de descorrer el velo Allah no nos avergüenza si somos conscientes de Él. Allah nos regala el jardín de la visión de Muhámmad, la paz sea con él, una conciencia unificada más allá de cualquier claroscuro, más allá de las sombras y de los velos. Así despiertan nuestras lataif y así vamos siendo conscientes de la Realidad, de esa Luz que trasciende todas las sombras, Alhamdulilah. Ese es el fin de nuestra Yihad, porque nos conduce de la mejor manera posible hacia nuestro destino seguro, porque ya estamos sometiéndonos a la realidad, al hecho de que habremos de morir a este mundo diverso y peregrinar hacia lo único desconocido. Esta sumisión nos ilumina, nos hace capaces de vivir como seres humanos despiertos y vigilantes, como habitantes de esa región de las dunas donde los habitantes del Jardín disfrutan a veces de la Presencia.

    Allahumma. Extiende la luz de la Realidad delante de nosotros.

    Procúranos una existencia verdadera, que Te sirva conscientemente a Ti y a Tu creación. Y haznos entrar en Tu Jardín con la gente de Muhámmad.

    ¡Oh Rabb! ¡Completa nuestra luz, y perdona nuestras faltas: ciertamente, Tú tienes poder para disponer cualquier cosa!

    Amin.

    1. SALAMS.

      CON MIS MEJORES DESEOS DEL CORAZÓN PARA LAYLA Y ABDUL KARIM

      QUIERO Y DESEO DECIR, QUE LAYLA, ESPOSA DE ABDUL KARIM, ES UN SER ENCANTADOR, QUE EN LEFKE LA HE VISTO TRABAJAR DESDE BIEN TEMPRANO EN LA CASA DE MUJERES , QUE CONMIGO SE HA PUESTO DE NOCHE A DECIRME O A ACLARME ALGUNAS ORACIONES, QUE EN NINGÚN MOMENTO SE PRESENTÓ COMO LA ESPOSA DE ABDUL KARIM, PERO CUANDO LA VÍ SINCERAMENTE, ALLÍ SENTADA EN LOS ESCALONES DEL COMEDOR DE LA CASA DE MUJERES Y DIJO SÓLO DE DONDE VENÍA YA SUPE, TIENE VIDA EN SUS OJOS, SUPER VIVA, ME ENCANTABA COMO COGÍA A LOS NIÑOS, NO SÉ SI ELLA LEERÁ ESTO, SI ASÍ FUERA, RECORDARÁ QUE EN UNA OCASIÓN EN CASA DE MAULANA, HABÍA UN NIÑO LLORANDO, UN BEBE, ELLA MUY SUTILMENTE LO COGIÓ, Y EMPEZÓ A MECERLO, DE UNA FORMA QUE NUNCA ANTES HABÍA VISTO, ERA EXQUISITA VERLA SINCERAMENTE LO DIGO, LE PREGUNTÉ SI ES QUE TENÍA NIÑOS, DIJO QUE NO, BUENO LAYLA, SI LEES ESTO PERDÓNAME, PERO TENGO QUE CONTAR ALGO HERMOSO QUE CONTASTE DE TU VIDA, DE NIÑA, QUE PARA MÍ TERMINÓ DE CAUTIVAR MI CORAZÓN, COMENTASTE AL RESPECTO QUE CUANDO ERAS PEQUEÑA TU MADRE CUANDO SE IBA A TRABAJAR TÚ COGÍAS A LOS NIÑOS QUE ESTABAN SOLOS EN TU BARRIO, LOS LLEVABAS A TU CASA Y LOS BAÑABAS, QUE UN DÍA VINO UNA VECINA POR SI CUIDABAS NIÑOS, PARA DEJARTE LOS TUYOS, QUE CUANDO LE CONTASTE LA VERDAD, SE LO DIJERON A TU MADRE Y AHÍ SE ACABÓ TU SERVICIO DADIVOSO.

      CUENTO ESTO QUE PARA MÍ ES BELLO, PUES SIEMPRE CONOCEMOS, HABLAMOS DESTACAMOS A LOS SHEIKH, PERO SUS ESPOSAS, SON BALUARTES IMPORTANTES Y BELLOS Y SUS ACCIONES DICEN MUCHO DE SUS CORAZONES, Y DE DONDE APRENDER.
      RESPECTO A ABDUL KARIM, TODOS LOS RESPETOS Y APRECIOS, MI PRIMER BAYAD LO RECIBÍ DE SU CORAZÓN, LA APERTURA PARA IR A VER A MAULANA, SALÍO DEL AMOR QUE PROFESA AL MAESTRO, ESTO LO HE VISTO, Y LA FORMA DE REZAR, EL SENTIDO DE LA ORACIÓN, DE LAS POSTRACIONES LAS APRENDÍ DE ÉL, Y SIEMPRE LE ESTARÉ AGRADECIDA.

      BENDICIONES

  3. Muchas personas, especialmente aquellas que buscan su verdadera naturaleza a través del amor y la devoción, asumen que la esencia va a ser alguna clase de estado emo­cional. En verdad, se piensa que el estado emocional que se persigue es libre, hermoso, lleno de amor y de alegría lo que se llama un corazón abierto. Lo que se busca es un maravilloso sentimiento de felicidad y por eso es visto y esperado como un estado emocional.

    Esto puede resultar muy engañoso, porque un senti­miento está más cerca de la experiencia de la esencia que un pensamiento o una imagen, y a causa de esta proximidad necesitamos ser más conscientes y más precisos en nuestro entendimiento. Sin tener en cuenta lo hermosos, felices y profundos que son los sentimientos y las emociones, no son la esencia.

    La esencia es una dimensión diferente de la experiencia.

    La principal diferencia entre estados emocionales y esencia es que los primeros son procesos descargados por nuestro sistema nervioso, mientras que la última, definiti­vamente, no. Los estados emocionales son, en primer lugar, procesos psicológicos acompañados por cierto conteni­do de ideas, mientras que la esencia no es un proceso fisio­lógico ni una descarga del sistema nervioso. La esencia es independiente del sistema nervioso, transciende los procesos fisiológicos y, de hecho, puede existir sin el organismo físico. Cuando está presente, afecta al sistema nervioso, pero no es la descarga, o la emoción, que resulta del contacto entre la esencia y la fisiología.

    Se trata de una diferencia fundamental. Significa que las emociones no existen realmente excepto en el sentido de que existen las actividades. Son actividades, y como tales no poseen una presencia ontológica. La esencia, por otra parte, no es una actividad. Como hemos visto en el primer capítulo, la esencia es una presencia, y su cualidad básica es su existencia como una realidad ontológica, como «totalidad». Una emoción es una actividad que empieza y termina, mientras que la esencia es una presencia. Una emoción es como el movimiento del agua, una actividad que es movimiento, pero el movimiento del agua no es el agua. El agua puede estar quieta, sin movimiento. La esencia, por otra parte, es como el agua. Existe como tal al margen de si hay movimiento o no.

    Así pues, la persona que toma sus emociones positivas como su verdadera naturaleza o esencia está falseando la verdad. Dicha persona continuará desarrollando la vida de su personalidad, basada en ciertos estados emocionales más que en la vida de la esencia. Esta es la condición habitual de las personas no realizadas que siempre están buscando experiencias emocionales positivas. Y es esta búsqueda incesante de emociones positivas lo que nos impide a la mayoría de nosotros realizar nuestra esencia, que transciende tanto a las emociones positivas como a las negativas.

    Aunque aquí podemos ver la diferencia fundamental que existe entre esencia y emoción, en general, no resulta tarea fácil llegar a comprenderla, especialmente para los principiantes, porque sus sensaciones son similares. La situación se complica mucho más a causa de la condición del hombre occidental, que se encuentra muy alienado por sus emociones. Mucha gente ni siquiera las experimenta, y los que lo hacen normalmente no las experimentan en profundidad o plenamente. Las emociones que sufren es­tán normalmente tan distorsionadas y dominadas por la negatividad, que supone un esfuerzo muy duro empezar a sentidas en profundidad y de una manera equilibrada.

    Las personas involucradas en muchos de los nuevos movimientos de expansión y terapias New Age piensan que están inmersas en un «desarrollo personal», pero la mayoría se refiere a un desarrollo emocional. Esto es verdad en general, incluso cuando piensan que están inmersas en un «desarrollo espiritual». En realidad, lo que buscan es la satisfacción emocional y los estados emocionales positivos, aunque con demasiada frecuencia lo que consiguen no es el desarrollo emocional, sino la descarga emocional.

    No obstante, esta capacidad para descargarse emocionalmente es necesaria para el desarrollo y el equilibrio emocional. Además, el desarrollo emocional equilibrado es necesario para encontrar y desarrollar la pro­pia esencia. Sin embargo, la vida emocional no es todavía la vida esencial. Resulta útil establecer esta diferencia entre la persona emocionalmente sana y normal y la persona realizada.

    Sabemos cuán empobrecida se encuentra la vida de una persona emocionalmente bloqueada en comparación con la de otra normal que disfruta de una vida emocio­nal profunda y plena. Sin embargo, desde la perspectiva de la esencia, la persona que lleva una vida emocio­nal profunda y plena es tan pobre en su experiencia, comparada con la del individuo esencial, como la persona emocionalmente bloqueada comparada con la sana, empobrecida, de hecho, por otros muchos aspectos. En la experiencia del individuo esencial, la persona normal emocionalmente desarrollada es superficial, incomple­ta y todavía se encuentra en la infancia en lo que se refiere al potencial del ser humano.

    Se suele decir, aunque no es exacto, que la esencia se experimenta como un sentimiento, porque se siente y no se enseña. Es una experiencia que sentimos, pero no se trata de un sentimiento. No es difícil comprenderlo: podemos sentir nuestro estómago, por ejemplo, pero nuestro estómago no es un sentimiento. El estómago existe realmente. Lo mismo sucede con la esencia: pode­mos sentida, pero no es un sentimiento. Existe realmen­te, pero como podemos sentirla y, con frecuencia, produce efectos en el cuerpo similares a los producidos por la emoción y además no se trata de una presencia física, la gente tiende a confundirla con las emociones y los sentimientos, y por eso nunca la identifican como lo que es. Podemos expresar el problema con un koan:

    ¿Cuál es la parte de ti que puedes sentir pero no forma parte de tu cuerpo y no es un sentimiento?

    Utilizando los términos del lenguaje de algunas escuelas psicológicas, la esencia puede confundirse con una sensación. Esto es así porque la esencia produce una sensación, en el sentido de que puede sentirse como dulce, cálida, tierna, sua­ve, dura, densa, etc. Pero no es la sensación. Son algunas de sus cualidades, pero no su naturaleza básica. Un diamante es duro, pero la dureza no es el diamante. Por eso la esencia es como el diamante. Tiene cualidades, exactamente como el diamante las posee de dureza, brillo, etc. Las cualidades de la esencia, entonces, pueden denominarse sensaciones.

    Aunque esto puede quedar muy claro y quienes conocen la esencia lo den por sentado, a los demás les re­sulta muy confuso. Para dejar aún más clara la diferen­cia entre la experiencia espiritual y la experiencia de la verdad, estudiemos el caso de una persona que busca la esencia y que está viviendo experiencias y revelaciones profundas y expansivas. Supongamos que esta persona alcanza el estado de corazón abierto, con el consecuente flujo de sentimientos de amor y los diversos estados de felicidad. Esto le sucede a muchas personas interesa­das en la práctica de las muchas técnicas de meditación y ejercicios espirituales. En algún momento de esa práctica, el centro del corazón se abre y la persona queda inundada por un profundo e intenso sentimiento de alegría, a veces acompañado de pensamientos hermosos, imágenes o visiones. El corazón se llena de amor y compasión hacia el propio ser y hacia el prójimo. Es probable que la persona contemple luces y colores e intensidades llenas de hermosura. Incluso puede sentir que ella misma está hecha de luz. Podría llegar a descubrir que «yo soy la luz.»

    Todo esto resulta hermoso y positivo. De hecho, es necesario para el desarrollo interior. Pero todavía no es la esencia. Este tipo de experiencia es lo que en general ocu­rre cuando se activa uno de los chakras del cuerpo. Chakra es una palabra hindú que significa «centro» o «rueda». Los chakras son diferentes centros y energías corporales, y el chakra del corazón es uno de ellos. Normalmente se en­cuentran situados en el plexo principal del sistema nervio­so y están muy vinculados con el sistema nervioso y sus procesos. Su función principal consiste en la coordinación de algunos procesos básicos fisiológicos y de los flujos ner­viosos autónomos.

    Las energías de los chakras son las energías primarias básicas de los estados emocionales. Cuando un chakra está activo o «abierto» experimentamos directamente las energías sutiles básicas que entran en la composición de diversas emociones, en lugar de las emociones mismas. Por esta razón experimentamos una libertad emocional cuando el corazón se abre: la energía nos libera, por el momento, de las emociones conflictivas que normalmente anegan nues­tros corazones. La energía básica del chakra del corazón se experimenta como amor, alegría y felicidad. Cuando pode­mos verla se nos aparece como luces de colores en el corazón, normalmente doradas o verdes.

    La activación de los otros chakras producirán una sensación parecida de expansión, libertad, luz, etc., pero no necesariamente de amor. En tales aperturas se produce normalmente una inundación de emociones y sentimien­tos profundos e intensos, en general experimentados como un acontecimiento espectacular lleno de energía. La per­sona tiene la sensación de que se trata de algo único y de que está sufriendo una experiencia espiritual o una unión mística. Todo esto es cierto, pero también lo es que se trata sólo de un nivel transitorio. El acontecimiento se va apa­gando al cabo de un momento, y otro proceso, más sutil y profundo, empieza a desarrollarse.

    Sin embargo, puesto que el nivel de los chakras es espectacular, intensamente emocional y lleno de visiones de bellas luces fosforescentes de todas clases, adquiere una influencia fascinante y cautivadora en la mente y la persona persiste en sus intentos por vivir estas espectaculares experiencias desinteresándose por los procesos más suti­les que son necesarios para encaminarse hacia la dimen­sión de la esencia.

    Este acontecimiento espectacular y este flash son principalmente el resultado de la naturaleza emocional de la experiencia. Cada chakra contiene tantas emociones pro­fundas e intensas que han permanecido sofocadas y acu­mulándose durante tantos años, que cuando se activan las energías de todas estas emociones reprimidas se liberan e inundan la conciencia de la persona. Las emociones más profundas del corazón son las del amor y la alegría, y lo anegan con toda su intensidad produciendo luces hermo­sas, sensaciones y estados extáticos.

    Muchos sistemas de desarrollo interior consideran las experiencias de los chakras, como la del corazón abierto, como tentaciones.El que las persigue puede llegar a convertirse en un adicto a esta dimensión de la experiencia y detenerse ahí , abortando el proceso del desarrollo esencial.

    La característica adictiva de la dimensión de los chakra puede constatarse en personas que son adictas a los nive­les altos de excitación. La energía de la excitación es la misma que opera en el nivel de los chakra. Algunas personas incluso son adictas al miedo. Lo persiguen poniéndose ellas mismas en situaciones peligrosas. Ver películas de terror constituye una forma más de disfrutar de su adicción al miedo. La energía del miedo es la misma que activa la excitación pura, que es la que opera en el nivel del chakra cuando se encuentra anegado por la adrenalina. De este modo, la adicción a la excitación y al miedo es la misma que la adicción a las experiencias espectaculares del reino de los chakra. Las personas adictas al miedo disfrutan con él porque es la única manera que conocen de activar sus chakras, de tener acceso a esas energías. No nos estamos refiriendo a esos individuos neuróticos que se sienten ase­diados por el miedo y la ansiedad. Hablamos de aquellos que buscan la excitación en situaciones aterradoras.

    El chakra del corazón, como todos los demás niveles de los chakras abiertos, funciona como la entrada a un reino más profundo, el reino de la esencia. Este reino es un universo completo, el universo de la esencia. La puerta es hermosa, llena de color y fascinante, pero sólo es la entrada adornada a un reino que lo supera todo en belleza y significado. A veces, la energía del nivel de los chakras aparece simbolizada por una serpiente, la cobra: la kundalini. Esta brillante y cautivadora imagen de la cobra kundalini, aunque hermosa y espléndida, se utiliza también en muchos relatos educativos como símbolo del guardián de un tesoro, un guardián con quien el héroe debe luchar y a quien debe vencer para alcanzar el tesoro. El tesoro es el reino de la esencia, mientras que la serpiente es el guardián apos­tado a la puerta del tesoro (esencia) para guardarlo y pro­tegerlo, y si el héroe quiere conseguirlo y disfrutar de la vida esencial tendrá que superar y derrotar a la serpiente.

    Así pues, el nivel de los chakra, el reino de la serpiente kundalini, es una fase del desarrollo interior que puede resultar útil para continuar hacia delante, pero no es el destino. Si el individuo se decide a buscar más allá, más allá de la excitación y el brillo, el chakra del corazón abierto se aprovecha para avanzar hacia la experiencia de la presencia de la esencia, la presencia más profunda, más tranquila y más sutil del corazón. De hecho, puede ocurrir que la experiencia del corazón abierto sea resultado de un contacto con la esencia en el interior del corazón. La presencia de la esencia podría, por sí misma, abrir el chakra del corazón. La experiencia extática no sólo es emocional sino también esencial, pues, en algunos casos concretos, la esencia brota a raudales aunque se experimenta emocionalmente. En otros casos, el flujo de la esencia se mezcla con la energía emocional del nivel del chakra.

    Cuando una persona resulta cautivada por el aspecto emocional de la experiencia tiende a desperdiciar la presencia de la esencia, perdiendo así la oportunidad de seguir avanzando hacia su reino, más profundo y más rico. Pero si permane­ce presente en la experiencia y mira objetivamente sus componentes, es probable que se enfrente con la presencia de la esencia. Entonces tiene la oportunidad de experimentar el reino de la esencia en su toda pureza, sin la presencia diluyente de las emociones. La cualidad de la experiencia en el corazón será ahora muy diferente de la del nivel del chakra, ya que más allá del chakra del corazón el nivel más profundo podría ser la primera experiencia de la esencia. Es uno de los centros que los sufíes llaman lataif y que a veces se denominan «órganos de percepción».

    En Ibn Arabi, como el sufismo en general, el corazón (qalb) es el órgano que engendra el cono­cimiento verdadero, la intuición detallada, la gnosis (ma’rifa) de Dios y los misterios divinos; en pocas palabras, el órgano de todo lo que connota el término «ciencia esotérica» (ilm al-Batin). Se trata del órgano de una percepción que es a la vez experiencia y verificación íntima (dhawq)… Se trata de una «fisiología sutil» elaborada «sobre la base de la experiencia ascética, extática y contemplativa». . . En pocas palabras, esta «fisiología mística» opera con un «cuerpo sutil» compuesto de órganos psicoespirituales.1

    Este latifa concreto, el del corazón, está vinculado con la experiencia de la compasión. A este nivel de la experiencia, toda la excitación, brillo y espectacularidad del chakra del corazón desaparece. En cambio, lo que se experimenta en la cavidad del pecho es el vacío. Se tiene la sensación de que, a pesar de estar abierto y lúcido, nada ocurre. Si la persona presta una atención más detenida, le parecerá que este vacío tranquilo está dominado por una presencia muy tenue y sutil, tan tenue y sutil que, normalmente, quienes viven la experiencia lo pasan por alto. Esta presencia, te­nue y sutil que domina el vacío del corazón, es el latifa, o su primera manifestación. La persona experimentará una sensación sutil pero exquisita de compasión, hacia sí mis­ma y hacia todos los demás.

    Si la persona presta una atención todavía mayor se dará cuenta de que no hay ninguna emoción, ninguna descarga emocional en absoluto. Entonces ¿de dónde proviene la compasión? Descubrirá que la presencia sutil que inunda la cavidad de su pecho tiene una cualidad particular que no podemos llamar sentimiento. Lo que mejor puede descri­bir esta cualidad es la bondad. Sin embargo, si la persona trata de descifrar con exactitud la cualidad de esta presencia, verá que no es exactamente compasión o bondad, aun­que bondad es el término más cercano del que disponemos en nuestro lenguaje para describirla. Tiene un sentido de cordialidad, ternura, frescura virginal, como la de un niño recién nacido, pero también posee una cualidad intrínseca placentera que resulta muy difícil de describir. Podemos decir que es como una agradable iluminación. No obstante, se puede hablar mucho más sobre su presencia sutil.

    Llamarlo amable bondad se acerca bastante, pero no es exactamente eso. La emoción de la compasión, tal y como se siente normalmente, no es más que la descarga del sis­tema nervioso bajo el impacto de la presencia de esta sutileza. No es la presencia, sino la respuesta emocional del sistema nervioso. Nos acerca a la experiencia de la esencia, pero no logra alcanzarla. En este ejemplo, podemos ver muy claramente la diferencia entre la experiencia de los chakras y la experiencia de la esencia (aquí a nivel de los lataif). La experiencia de los chakras es un proceso de descarga; la esencia es más nuestra propia naturaleza. Lo primero es una actividad, lo segundo una presencia ontológica.

    En la literatura espiritual, la palabra corazón se utiliza a veces para referirse al chakra del corazón y a veces para referirse al centro del corazón, el latifa llamado akhfa, «el más oculto». Otras veces se refiere a otro latifa, qalb, que está en el lado izquierdo del pecho. La palabra qalb (corazón) puede considerarse como una localización anatómica del órgano que ha de ser despertado. Su posición se encuentra en las pulsaciones del corazón físico, que normalmente se localizan en el pecho izquierdo 2. Sin embargo, algunos maestros, la mayoría sufies, utili­zan la palabra corazón para referirse a la misma esencia, la presencia de la verdadera naturaleza, en todas sus facetas.

    Muchos autores que escriben sobre el desarrollo interior utilizan la palabra corazón al margen de los diversos significados que tiene. Esto no supone una dificultad muy grande para el principiante, pero al poco tiempo se convierte en algo de la mayor importancia para quien se pro­pone comprender cual es su verdadero sentido, pues puede suponer una diferencia decisiva para el entendimiento y la experiencia de su persona.

    Extraído del Libro Esencia El Enfoque Diamante para la realización interior Autor: A.H. Almaas

  4. http://es.scribd.com/doc/60170948/Medicina-Sufi-esp

    Medicina SufiSheikh Hisham KabbaniEn el mundo espiritual, la buena salud requiere que el paciente procure un intensocambio personal. El cambio personal para desarrollar la paciencia, el contentamiento, lagratitud, la alegría, el buen humor, el amor, la hospitalidad, el valor, la benevolencia, elreconocimiento de las buenas acciones, la paciencia y la cortesía mejorarán el flujo deenergía y la espiritualidad. Incluso en este campo la sobreactividad y una carencia desupervisión apropiada y la devoción a unos patrones inquietantes aprendidos o la faltade dedicación de un profesor apto también pueden suponer una pesada carga en elintelecto de la persona. Alternativamente, un estancamiento en el progreso espiritualpuede entorpecer el propio crecimiento espiritual, y solo una orientación apta puedeabrirse camino a través de tales obstáculos. Tal entrenamiento deber mantenerseavanzando hasta desarrollar el genuino carácter, rasgos positivos y flujos de energíasaludables.Sin cambio personal en el flujo de energía del cuerpo, eventualmente uno creará otrosproblemas que conducen de nuevo a la fuente que causaba la enfermedad en el primerlugar. Así, el trato con la fuente de la enfermedad es el punto focal del tratamiento. Estabúsqueda estimula la parte mas profunda de nosotros mismos que es llamada a veces «elsi mismo más elevado» o la «chispa de la divinidad» dentro de nosotros. Esta divinidaddentro nosotros, la parte mas profunda de nosotros mismos, nos envía informaciónsobre que tipo de enfermedad necesita ser tratada y que tipo de puntos de contactonecesitan ser tocados, todo ello a través de nuestra meditación.La meditación es una herramienta que da relajación profunda y aquieta la mente. Estoayuda a aliviar la tensión, y por lo tanto permite al sistema interno químico y hormonalrecobrar su equilibrio.Las pruebas médicas han demostrado que hay cambios fisiológicos mensurables en lossujetos que meditan

    Como actúa la Energía sobre la EnfermedadLos sanadores espirituales simbolizan el flujo de la fuerza vital en el cuerpo y en eluniverso como vórtices de energía compuestos por un grupo de conos espirales de energía aún más pequeños. Estos son conocidos en terminología Islámica como «lata’if»,significando manifestaciones sutiles o capas. Los lata’if (singular latiifa) son los puntosde máxima toma de energía y son puntos focales de equilibrio muy importantes dentroel sistema de energía. Enfermedad y malestar ocurren si un latiifa está desequilibrado.Los Lata’if en adultos tienen una pantalla protectora sobre ellos. En un sistemasaludable, estos lata’if giran en ritmo sincronizado con los otros, suministrando energíadesde el campo de energía universal hasta su propio centro interior para que sea usadapor el cuerpo. Cada uno de ellos está afinado en una frecuencia específica que ayuda elcuerpo a permanecer saludable. Sin embargo, en un sistema enfermo estos vórtices noestán sincronizados. La energía de los lata’if que estos vórtices procuran puede ser lentao rápida, espasmódica o desproporcionada.A veces se pueden observar rupturas en todo el patrón energético en las que un latiifapuede ser completa o parcialmente invertido o colapsado. Estos disturbios estánrelacionados con la disfunción o patología del cuerpo físico en ése arrea.Curación a través de la Meditación yde los Puntos Focales Sutiles de los LATA’IFEl sentimiento de dolor puede ser completamente remediado por la meditación dado quela energía inactiva de un cuerpo enfermo es activada por una ignición espiritualproducida por el proceso meditativo. Este proceso espiritual usa siete diferentes puntosfocales en las siete capas, los lata’if.Hay siete puntos focales del lata’if. Estos están situados encima y abajo del corazón,encima y abajo del pecho izquierdo, encima y abajo del pecho derecho, y uno en lafrente. Cada lateefa tiene un color de energía diferente, y cada energía tiene un efectodiferente en una enfermedad específica.Los dos puntos focales encima y abajo del corazón son verdes. Los puntos encima yabajo del pecho izquierdo son amarillos, los que están encima y abajo del pecho derechoson negros, y el que está en la frente es blanco. A través de la meditación estos sietepuntos focales de los lata’if generan energía. Entonces, como un imán, estos puntosfocales activados atraen más energía desde la fuente de energía cósmica universal enforma de diminutas esferas flotantes de luz. El tamaño de estas esferas depende de quelateefa sean activadas, ya que hay una esfera de tamaño diferente para cada color delateefa. Dependiendo de la enfermedad, el sanador activa el lateefa apropiado necesariopara curar la enfermedad. Al girar, el lateefa produce más de su color de energía que asu vez atrae desde la fuente de energía universal más de la misma luz. El resultado deeste bucle de reglamentación positiva es una tremenda efusión de relucientes globos deluz que desciende sobre la persona del sanador desde la fuente de la energía cósmica.A través de esta inundación de esferas de energía con color, el sanador es energetizadohasta el punto en que él radia calor desde su cuerpo a través de sus manos y proyecta luzdesde su frente. Igual como un científico dispara un láser, el sanador espiritual emite laluz y energía que él recibe desde la fuerza universal. Los masajes de sanador sobre lasáreas afectadas y la combinación del calor desde las manos y luz desde la frente inician inmediatamente el proceso curativo

  5. http://es.scribd.com/doc/80565336/Union-Mistica-El-Camino-Sufi

    LA MÍSTICA SUFI

    El sufi es esencialmente un discípulo, él sabe que no sabe lo que es la vida ytambién sabe algo fundamental: que no puede saber. Aún así ha aprendido atransformar su búsqueda en encuentro. Anhela experimentar una y otra vez la llavemaestra: rendirse. Así gana confianza en sí mismo y logra transformar su vivencia deaislamiento y tensión en comunión y paz.Investiga, explora e indaga en su consciencia y al aspirar comprender lo que es lavida reconoce sus propios límites. Sabe que puede obtener habilidad en elconocimiento de la técnica, la ciencia, y quizás en el manejo de su mundo emocional,aun así se confronta con valentía a un hecho ineludible: para lograr un alma centradanecesita de la ayuda de un maestro.Este encuentro nos muestra de modo evidente una cruda verdad: no estamos enpie de igualdad ante el maestro… y este saber no nos disminuye.Con un poco de inteligencia comprendemos que la relación con él no es un clubde debate. Con pruebas de fuego para nuestro ego el maestro nos dice de muchasmaneras: «no soy tu abuelita» y con rosas y diamantes nos guía a movemos connuestras propias fuerzas.Así el discípulo acepta con humildad su ignorancia, abre el espacio inacabable deuna eternidad sin fin, donde flota su pequeñez y allí logra cubrirse de un saberempapado con algo de la dulzura divina encarnada en su maestro.Entonces reconoce lo que finalmente cuenta para salir de su prisión interiorquemando su basura personal: establecer una cooperación con su maestro.El sufi es ante todo un discípulo buscador de lo real que ubica su horizonte en eltiempo subjetivo… ese tiempo que lo conduce hacia su alma, preñándolo derealización, llenándolo de dicha y bendiciones.El discípulo anhela derretirse de amor, sabe que esta es su oportunidad, llora porla luz y clama por la verdad y en el camino de rendirse llena su corazón de dulzuras yamarguras y así aprende a aceptar lo que es.Para el sufi las risas y las lágrimas, dentro del espacio subjetivo, son una certezade que no está sólo, que la presencia de lo Único lo está rondando a través de lacompañía de su maestro. Por eso busca no escapar de la vida para encontrar lo real.Y así comienza a moverse en el tiempo del alma, en el espacio de una interioridadpura y una forma de llamar al logro de este centramiento es unión mística.Entonces un día enamorado de su maestro con la pasión y el agradecimiento delque sabe que recibió tanto que le resulta imposible pensar que dio algo semejante …ese día deja que su corazón hable y exprese su canción de amor que de muchasmaneras dice: «Gracias amado maestro estoy tan feliz de haberte encontrado …gracias».Este libro está hecho de los comentarios de Osho de la canción de amor que elpoeta Hakim Sanai le dedica a su maestro. Aquí están los pasos del camino paracomprender el alma del sufismo.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.