Carta del Mulay Ad-Darqawi

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tasbih¡Oh faquir! El espíritu (ruh) y la alma (nafs) son una misma cosa, dos luces que proceden de una misma luz, y Dios sabe más. Y si son dos, o sea, se presentan como dos cosas distintas, es porque son descritas por dos atributos diferentes, la pureza y la turbiedad. Su raíz es la pureza (safa), mientras que sus ramificaciones son la turbiedad.

Si me preguntas, oh faquir, cómo puede ser, te diré que mientras el espíritu conserva su pureza, su excelencia, su grandeza, su belleza, su nobleza, su altura y su elevación, el nombre que le es propio es el de espíritu (ruh). Si abandona tal pureza, excelencia, grandeza, nobleza, altura y elevación, se degrada con lo que se opone a su naturaleza y se entretiene con otro que su amado, el nombre que le corresponde es el de alma (nafs). Y así es denominada según el grado mundanal que tiene como alma concupiscente (ammara), o reprochadora (lawama) y demás denominaciones. Y de la misma forma es nombrada de formas diferentes según los grados celestiales, que son numerosos, como es de sobra conocido. Así han dicho: «Está tan llena de defectos como Dios de perfecciones».

¡Hermano! Si quieres regresar a tu patria, de la cual viniste, que es el mundo de la pureza, lo que tienes que hacer alejar de ti la patria que no es tuya, que es el mundo de la turbidez. ¡Ponte a ello! Si me preguntas cómo hacerlo, te diré que debes separarte del mundo de la turbidez como se separa la piel del cordero, y olvidarte completamente de él. De esta forma tu luminosidad aumentará, Dios mediante. Es decir, llegarán a ti los ejércitos de los significados con su grandeza, fuerza y fortaleza, y te llevarán raudo a tu patria. ¡Qué Dios maldiga al que mienta! Sin embargo es necesario probarla, pues en la prueba está la ciencia de las realidades. No hay duda de que la realidad del espíritu no la conoce nadie más que Dios, y en ella hay tantos secretos incontables, tal y como Dios le dijo a su Profeta, la paz y las bendiciones sean con él. Cuando los judíos le preguntaron sobre su realidad, no les informó sobre ella, sino que reconoció su desconocimiento, es decir, sobre su realidad. Cuando le preguntaron, lo que querían probar era que «si nos contesta, es que no es profeta, y si no nos contesta, es que lo es». Y no les contestó hasta que Dios le informó sobre lo que les tenía que decir.#

El reconocer la incapacidad es un atributo del siervo, y la servidumbre es la verdadera nobleza. Por eso Dios, cuando se ha dirigido a Su profeta, se refiere a él diciendo: «Gloria a quien llevó a su siervo» (17:1), en vez de decir profeta ni enviado ni otra cosa. Eligió para él el nombre de siervo, puesto que la nobleza está en la servidumbre, y por eso han dicho: «El alma tiene un secreto, que no se le ha manifestado a ninguna criatura, excepto al Faraón, que por eso dijo:»Soy vuestro Señor, el elevado» (79:24)».

salam

Autor: Shihabuddin

Psicólogo y escritor. Practicante del sufismo en la tariqat naqshbandi.

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