Testimonio de Mariam: Cómo llegué a ser Sufí

AlhamdulilLah wa SucrulilLah. La hermana Mariam de Madrid nos envía este emocionante y vivido testimonio contándonos cómo ha sido su periplo espiritual hasta llegar al sufismo. Yo sé que son palabras que nacen del corazón y que, por tanto, llegan al corazón. MashalLah. Qué belleza. Gracias, Mariam, por tu valentía y tu sinceridad. Y más sabiendo lo que tú te juegas.  Quiera Dios recompensártelo sin límite en esta vida y en la otra.

 

Testimonio de Mariam: Cómo llegue a ser sufí

Siempre me ha había gustado visitar los países árabes y /o musulmanes y no sabía la razón de esta curiosidad, pero lo cierto es que por turismo había estado en Turquía, Marruecos, Jordania, Siria, Egipto, Indonesia etc…. Algo pasó en uno de mis viajes y esto fue en Turquía. Recuerdo que nos llevaron a visitar la tumba del poeta y místico sufí Rumi en la ciudad de Konya y que cuando llegue me impactó el lugar, tenía un aspecto muy santo, algo espiritual muy profundo se respiraba en el ambiente, quizá por el silencio, por la devoción de toda la gente que pasaba cada día para visitar su tumba y la de sus sucesores y familia. Cuando pasé por su tumba me puse a rezar el padrenuestro y me hice una foto. Aquella noche nos llevó el grupo de turismo a presenciar una ceremonia derviche para ver a los sufíes de Konya girar y cantar música celestial. Aquello a mi me impactó y a la salida me puse a hablar con el Maestro. Recuerdo que me dio su tarjeta, que aún conservo.

En el viaje de vuelta a Madrid una voz interior me decía… Yo quiero ser sufí algún día. Pasaron algunos años, no recuerdo cuantos, cuando de forma inesperada me llegó un email a mi ordenador para invitarme a un acto de un sufí que venía de Washington llamado Sheik Hissan al Qabbani al Rabbani. La reunión muy privada la organizaba la Casa Árabe en Madrid. Yo fui vestida con ropa árabe para no desentonar, escuché lo que se dijo. Al final me dijeron que al siguiente día iba a haber un acto para presentar un libro del Sheik que trataba sobre los ángeles, en la Facultad de Sociología, que está al lado de Derecho en la Complutense. Me leí la entrevista del libro que le hace un periodista, y sin más me puse de pie. Le dije al Sheik: Pido permiso a los ángeles para preguntar lo siguiente: ¿Dios tiene misericordia con sus hijos? porque yo no la veo. Él me dijo que yo no tenía que invocar a los ángeles, pues yo era un ángel. Él me dijo que si, que Dios tiene misericordia con sus hijos. A la salida hablé con él y le pedí que me hiciera una imposición de manos para protegerme ya que sentía que lo necesitaba, me sentía vulnerable, sola y traicionada. Lo que hizo en mi aura me duró varios días, fue como estar en una cápsula de protección, muy lindo. Recuerdo que una mujer se acercó a mí y me dijo que ellos hacen los viernes una meditación muy bella llamada Diker, sanadora, en donde los ángeles bajan a estar con nosotros. Le pregunté donde lo hacían y empecé a ir los viernes. Allí fui descubriendo que es el sufísmo y me hice simpatizante sufí, incluso llegue a ir dos veces a ver al Gran Sheik Maulana Nazin Al Haqqani Al Rabbani que vive en el Chipre Turco, en concreto en un pueblo llamado Lefke. En Lefke puede pasar de todo, todo es sanador, la comida que tomas, el aire, el como sueñas, yo lo denomino como un agujero divino fuera del tiempo en la tierra. Y no es baladí porque el Gran Maestro Maulana es un santo sufí, pero un santo de todos los tiempos y para todos los que se quieran acercar a él.

Con el paso del tiempo mi maestro más directo es Sheik Ahmed Dedde, que es el sucesor espiritual del poeta Rumí, aquel al que yo recé en Konya, Turquía. ¿Les parece casualidad? a mi no. Es una señal de que este es mi camino espiritual que tendrá que enriquecerse con mi amor a la Virgen y a Jesucristo, pues sigo siendo cristiana. Yo amigos, llegué al Sufísmo por ser un cero, por no tener nada, solo mi corazón. Llegue para hacerme mejor persona, llegué porque sigo esperando la misericordia de Dios y que todavía no la he encontrado, pero sé que me llegará, porque Dios no es injusto, sería imposible, no sería ÉL. Yo sé que a mí me está exigiendo mucho para darme su misericordia por eso quiero acercarme a Él, sola sin él no puedo recibir su gracia, su baraka o bendición. Y yo necesito su gracia, la necesito, lo reconozco, le necesito tanto, esto es un infinito para mí. En el taller de giro derviche que imparté el Sheik Ahmed Dedde me acercó más a Dios, le pido Amor divino solo para dar, no me quedo con nada, y en ese giro encuentro luz, conexión con lo divino, encuentro esperanza, le encuentro cercano a mí. Y sé que dando amor a los demás, llevando la antorcha de su luz el me querrá un poco más, y me sacará de ese cero que soy.

Quiero compartir mi experiencia del sufismo con todo el que lo quiera leer. Lo que le estoy diciendo para que ustedes lo compartan en su corazón, no es superficial. Llevar amor a los demás, y que se quede ese amor en ellos es lo más grande que me ha pasado en mi vida. Quiero llevar este Amor divino por toda España, porque España necesita del amor divino, para que los que estamos aquí, y por el tiempo que estemos tengamos su protección, su luz y podamos vivir con más dignidad, con más justicia divina en la tierra. Pertenezco a este movimiento de Luz divina y nuestro amor, nuestras ganas de servir no tienen límites. Espero que mediante este testimonio Dios me ayude en esta noble misión que quiero compartir con todo mundo que quiera y lo necesite. Si nos unimos en la luz, seremos invencibles aquí y en el más allá. Oh Dios, que tranquilidad llegar a tu hogar con la misión realizada. Se puede pedir más. En mi caso, no.

Firmado

Mariam

Autor: Shihabuddin

Psicólogo y escritor. Practicante del sufismo en la tariqat naqshbandi.

19 opiniones en “Testimonio de Mariam: Cómo llegué a ser Sufí”

      1. Discurso número 53 de Al-Yilani

        No hay escape para las pruebas y tribulaciones.

        Especialmente para aquellos que ejercen pretenciosos reclamos. La tribulación está sobre las espaldas del santo, quien no puede pretender.

        Una de las marcas del santo es su paciencia en tolerar los insultos de las criaturas y su tolerante actitud hacia ellas. Los santos se ciegan ante aquello que los demás hacen y se vuelven sordos de todo aquello que escuchan.

        Tu amor hacia las cosas se vuelve ciego y sordo.

        Ellos aman al Señor de la Verdad, siendo ciegos y sordos a cualquier otra cosa que no sea El.

        Ellos se relacionan con las demás criaturas con discurso elegante, amistoso y cortes, aunque estén enojados con ellos fuera de la búsqueda de Al-lâh y de acuerdo a Su Ira. Son médicos que están atentos y saben que a cada enfermedad, le corresponde un remedio. No tratan a todas las personas enfermas con uno o con el mismo remedio.

        La mano del amor transforma y transporta sus corazones de estado en estado. Ellos dejan sus intereses mundanos a los buscadores de este mundo, y el interés del otro mundo lo dejan en manos de los buscadores del otro mundo, mientras que Su Señor, les pertenece a ellos.
        Ellos no son renuentes a nada.

        Si las cosas mundanas vienen a ellos, las dan con suma facilidad. Entregan las cosas mundanas a los pobres y otorgan las recompensas del mas allá a quienes no pueden alcanzarlas en este mundo.

        Ellos dejan la Creación para lo creado.
        Y dejan al Creador para ellos mismos.

        Un hombre de sabiduría dijo:

        Nadie excepto el conocedor, puede reírse ante la cara del pecador.
        Puede darles instrucciones y prohibiciones y tolerar su insultante comportamiento, solo un conocedor de Al-lâh puede hacer esto.

        Cómo van a fracasar en el trato compasivo hacia los pecadores, cuando ellos están en el punto de la Misericordia y en la estación del arrepentimiento y de la disculpa.

        El carácter del conocedor toma en cuenta las características del Señor de la Verdad, en el duro trabajo de liberar al prisionero de las manos de Satán, de sus bajos estados y de sus emociones.

        El Señor de la Verdad ha enviado a Mensajeros y ha revelado Sus libros. El ha dado también, cautela y advertencias acerca de cómo convocar Su evidencia a la criaturas.

        En la esfera de la ley m existe un espacio para maniobras. En cambio en la esfera del conocimiento solo existe resolución y determinación. Las reglas se aplican tanto en ti mismo, como en los demás. El conocimiento se aplica a ti solamente. Si uno de Uds. pone en funcionamiento su comportamiento externo, el Mensajero (saws) lo alimentará con conocimiento interno, con la ley interna como a un pequeño pájaro.

        Cuando el hombre es puro, no hay nada más puro que él. Cuando está cerca de Su Señor, no hay nada tan cercano. La persona ignorante mira con el ojo de la cabeza, la persona inteligente mira con el ojo de su mente y el conocedor ve con el ojo del corazón.

        El conocedor prefiere Su placer y el displacer de los demás.
        Ningún reproche lo ata a él.

        Esté de acuerdo con Al-lâh acerca de las criaturas y no esté de acuerdo con las criaturas acerca de Al-lâh.

        Roto es quién se rompe, y remendón es él quién se remienda.

        Tus demonios, tus pasiones, tus inclinaciones instintivas y tus malos compañeros son tus enemigos, ten cuidado de ellos en caso que te hagan caer en tu perdición.

        Adquiere conocimiento para saber como combatir contrae ellos y ser tu propio guardián. Así sabrás adorar a tu Señor. El Culto de una persona ignorante no es aceptado.

        El Profeta (saws) dijo:

        «Si alguien adora a Al-lâh en ignorancia, hará mas cosas mal que bien»

        En efecto los actos de adoración de una persona ignorante no suman para nada, se encuentra en total corrupción y oscuridad. El conocimiento no es útil, sin practica. La practica no es útil si no es realizada con intención de sinceridad. También toda la practica sin sinceridad no es útil, si no es aceptada por el practicante. Si Ud. tiene conocimiento y no lo pone en practica, ese saber se volverá en contra tuyo.

        El Profeta (saws) dijo:

        «El ignorante será castigado una sola vez y el sabio, 7 veces»

        Cuando escuchas una voz de conocimiento, ponla en practica rápidamente y enséñala a alguien mas, así tendrás doble recompensa. El premio por haber recibido conocimiento y el de compartirlo.

        Oh tú que clamas por conocimiento, no lo tomes de la mano de tus bajos instintos, o de tus impulsos, o de tus demonios. No lo tomes de tu hipocresía, o de tus pretensiones.

        Tu piadosa apariencia esta en tu exterior. Mientras tanto en tu interior vive aún el apetito.

        Luego de arrepentirte de tu insolencia hacia Él y mantenerte cerca a través de tus oraciones obligatorias. Debes abandonar tus pecados tanto internos como externos y hacer trabajos de caridad tangibles.

        A través de esto actos alcanzaran Su puerta y podrás acercarte a Él y te amara y hará que las demás criaturas te amen.

        El te amara directamente, sin intermediación de Sus criaturas y así lo transmitirá a sus criaturas.

        Todo aquel que tenga Fe en su corazón te amara, salvo los infieles e hipócritas, quienes te detestarán ya que ellos son los demonios de la humanidad.

        No trates de encontrar gente de tu Señor si tu sigues con reclamos, pretensiones y pensamientos de deseos. Nada bueno vendrá de ello.

        No se puede decir nada hasta que estés ciego a las cosas materiales. Hasta que tus piernas no estén incapacitadas y desistan de correr hacia las puertas de los demás. Tampoco se puede decir nada hasta que tu corazón, tu mente y tu cara no se aleje de las criaturas y se acerque al Creador.
        Todo su ser externo, y tu forma física deberá ir hacia las criaturas tu ser interior, tu centro y tu contentamiento hacia El Creador.

        Entonces tu corazón se volverá como el del corazón de los ángeles y el de los Profetas. Tu corazón calmará su sed y apetito.

        Oh mi gente, todo lo que te aleja del verdadero conocimiento de Al-lâh y de Sus santos es tu amor por este mundo. Tu avaricia y deseo por tener todo lo que te ofrece. Recuerda el mas allá y deja atrás este mundo.

        Oh Al-lâh discúlpame de todo. Hazme estar satisfecho en Ti con exclusión de todo aparte de Ti.

  1. La pasada noche mi Ídolo colocó su mano sobre mi pecho,

    me agarró con fuerza y puso un anillo de esclavo en mi oreja.

    Dije: «Amado mío, estoy llorando de amor por Ti».

    Apretó sus labios contra los míos y selló mi boca

  2. Maryam, muchas gracias, muy bello e inspirador tu escrito.

    Que Allah te bendiga y siga derramando su Gracia sobre ti, para que puedas compartirla con todos nosotros

    1. La práctica universal de Yapayoga o repetición

      Colaboración de SWAP

      Índice de Artículos

      La práctica universal de Yapayoga o repetición

      Necesidad de la práctica

      Cómo practicar yapa

      ¿Donde buscar a Dios?

      Las Personificaciones de Dios

      Detalles de la práctica

      Se puede practicar yapa independientemente

      La importancia y beneficios de la práctica regular

      El anhelo es lo esencial

      La práctica de yapa en varias religiones

      Palabras finales

      Todas las páginas

      Yapa /yápa/ o Yapam /yápam/ es la repetición de un mantra o Nombre Sagrado. La palabra mantra literalmente significa: «Aquello que salva el alma a través de la reflexión.» La verdadera naturaleza de cada uno es divina. Todos llevamos en nuestro interior la misma divina conciencia, normalmente cubierta por la ignorancia. El mantra es una fórmula espiritual que puede consistir en una o varias palabras que contienen sublimes y poderosas ideas espirituales y tiene la capacidad de quitar la ignorancia del practicante sincero.

      De acuerdo a las tradiciones religiosas del Hinduismo el aspirante apto debe recibir el mantra de un maestro (gurú) calificado. No debe haber motivo egoísta alguno, de usar o explotar al otro, cuando se da o recibe el mantra para hacer yapa. El único motivo es el amor por Dios. Swami Vivekananda puso mucho énfasis en la idea de no ser egoísta. Dijo al respecto: «Todas las éticas, todas las acciones humanas, y todos los pensamientos humanos, penden de esa idea de no-egoísmo. Toda la idea de la vida humana puede ponerse en esa palabra: no-egoísmo.»

      Las funciones de un maestro (gurú) espiritual común es principalmente sacerdotal. De ninguna manera debe tener algún reclamo de privilegio sobre su discípulo mientras está ejecutando este noble oficio. Se debe cumplir este deber como un privilegio de servir a Dios.

      Es difícil ser un verdadero discípulo. La fidelidad hacia su maestro debe ser incondicional. Swami Vivekananda citó un refrán hindú que dice: «Maestros hay cientos de miles, pero es difícil conseguir un discípulo.» En el Hinduismo cuando alguien imparte la instrucción espiritual de repetir un mantra a otra persona, él es considerado como un gurú (maestro) y el instruido se vuelve un discípulo de dicho gurú. La relación entre gurú y discípulo es divina y eterna.

      Swami Brahmananda, discípulo e hijo espiritual de Sri Ramakrishna decía: «No hay gurú más grande que la propia mente. Cuando tu mente haya sido purificada por la oración y la contemplación, ella te dirigirá desde adentro. Te guiará hasta en tus deberes y tareas cotidianas. Te ayudará en todas estas cosas hasta que hayas alcanzado la meta.» Sri Ramakrishna a menudo decía que Dios, Satchidananda (la Existencia, Conciencia y Dicha Absolutas) es el único Gurú.

      Espiritualmente hablando, Dios y su Santo Nombre son una y la misma cosa. Ambos están hechos de la misma Conciencia. Además, el Santo Nombre o mantra es, verdaderamente, la morada del Señor. En las prácticas devocionales, los devotos claramente sienten la presencia y existencia de Dios en el Nombre o mantra. Cualquier Santo Nombre de Dios es un mantra. De cualquier forma que un devoto lo repita de seguro que lo beneficiará.

      Sri Ramakrishna decía: «Si deseas ver a Dios, ten firme fe en la eficacia de repetir el ‘Nombre’ de Harí (Señor) y trata de discernir entre lo Real y lo irreal.» Además decía: «Ha nacido en vano el hombre que, habiendo logrado el nacimiento humano, tan difícil de obtener, no trata de realizar a Dios en esta misma vida». Practicando regularmente yapa, la repetición de un Santo Nombre o mantra, el practicante sincero consigue volverse conciente acerca de la existencia de Dios en su propia vida y puede realizarLo. A su debido tiempo, el practicante de esta disciplina con seguridad logrará integrarse a la Divinidad superando todas las limitaciones humanas. Tal es el poder y la gloria del Santo Nombre de Dios.

      Repetir, recordar o rememorar continuamente un Santo Nombre o mantra de Dios es una práctica que muchas personas pueden hacer sin obligación o dependencia alguna del exterior.

      Para un aspirante espiritual este ejercicio es lo más dulce y fácil de practicar. Sólo se necesita recordar a Dios con amor. Todos tenemos este amor en nuestro interior. Lo único que hay que hacer es practicar, practicar y practicar hasta que despierte la comprensión de la Verdad. Varios aspirantes espirituales de diversas notables tradiciones religiosas practican la repetición desde tiempo inmemorial. La determinación de hacer yapa regularmente es muy conveniente para un buscador de Dios. Swami Vivekananda dijo: «Toma una idea. Haz de esa idea tu vida; piensa en ella; sueña con ella; vive en esa idea. Que el cerebro, los músculos, los nervios, cada parte de tu cuerpo se llene con esa idea, y abandona las demás ideas. Éste es el camino al éxito, y ésta es la manera en la que se producen los grandes gigantes espirituales.»

      Muchas luminarias espirituales de varias religiones del mundo también dieron gran importancia a esta simple y sencilla práctica de hacer yapa con devoción y la alabaron en elogiosos términos. Sri Ramakrishna dijo: «A sabiendas o no, consciente o inconscientemente, cualquiera sea el estado mental en que el hombre pronuncie el ‘Nombre’ de Dios, adquiere por ello mérito. Ya sea que un hombre vaya voluntariamente a bañarse a un río, o que alguien por la fuerza lo tire al agua o que le echen agua encima mientras está durmiendo, en todos estos casos se recibe el beneficio del baño.» Refiriéndose a Sri Chaitanya, considerado por millones como una encarnación de Dios, Sri Ramakrishna decía: «Sri Chaitanya dijo: ‘Es realmente muy poderoso el ‘Nombre’ del Señor. Puede ser que el resultado no sea inmediato, pero algún día producirá su fruto. Es como una semilla que puede permanecer largo tiempo sobre una cornisa, pero si llega a caer en la tierra germina y crece; quizá cuando el edificio esté ruinoso y sea demolido.'»

      Vemos que el mérito de recordar a Dios no tiene límites.

      Mahatma Gandhi dijo al respecto:

      «Cada repetición … tiene un nuevo significado, cada repetición te acerca más y más a Dios. Este es un hecho tangible, y puedo decirte que no estás hablando con un teórico, sino con alguien que ha experimentado lo que dice a cada minuto de su vida, tanto es así que es más fácil detener la vida que parar este incesante proceso. Se trata de una clara necesidad del alma.»

      ¡Al sólo-repetir! ¡Al sólo-repetir!
      El Santo Nombre. ¡Al sólo-repetir!
      Con amor al sólo-repetir.
      Se revelará así la verdad de Dios.
      Basta con llegar hasta sólo-repetir.
      Con amor al sólo-repetir.

      Sri Ramakrishna decía que el yapa debe practicarse íntimamente en la soledad. Swami Vivekananda explica en el Raja Yoga:

      «Siéntate en una postura recta, y la primera cosa a hacer es enviar una corriente de santos pensamientos a toda la creación. Repite mentalmente, ‘Qué todos los seres sean felices! ¡Qué todos los seres estén tranquilos! ¡Qué todos los seres sean dichosos!’ Haz así hacia el este, el sur, el norte y el oeste. Cuanto más lo hagas mejor te sentirás. Descubrirás al final que la forma más fácil para volvernos saludables es ver que otros están saludables, y la forma más fácil de volvernos felices es ver que otros están felices. Luego de hacer eso, aquellos que creen en Dios deben rogar, no por dinero, ni por salud, ni por el cielo; rueguen por conocimiento y luz; cualquier otra oración es egoísta. Luego, la próxima cosa a hacer es pensar en tu propio cuerpo, ve que está fuerte y saludable; es el mejor instrumento que tienes. Piensa en él como siendo adamantino; con la ayuda de este cuerpo cruzarás el océano de la vida.» Swamiji decía que la libertad nunca puede ser alcanzada por el débil. Deben desechar toda debilidad. Deben decir a su cuerpo y a su mente que son fuertes, tengan ilimitada fe y esperanza en si mismos.

      Luego de esto, uno recién puede empezar a hacer yapa. Mientras se está repitiendo uno debe sentir que la presencia de Dios en el propio interior va quitando toda ignorancia y oscuridad. Se dice en un texto vedántico que «Contemplando en la mente, se debe repetir el mantra atentamente.» Para lograr éxito, el practicante debe conocer el significado del mantra y la Deidad que este manifiesta, que no es más que conciencia misma. El practicante debe entender que el Santo Nombre de Dios y Su mantra están siempre vivos. El practicante del yapa por todos los medios debe fijar su atención en el estado espiritual sin limitarla a los estados físico y mental.

      Dentro de sus posibilidades, el practicante debe ser cuidadoso en elegir el lugar, horario, asiento y la postura. En los horarios de práctica regular debe sentarse en una sencilla postura recta.

      Algunos practicantes prefieren hacer yapa en forma audible, otros moviendo los labios pero sin articular sonido, y otros mentalmente. Lo mejor es realizar yapa silenciosamente, en la mente. Varios practicantes usan el rosario, o sus propios dedos para contar el número de repeticiones del mantra. Varios devotos cantan, también. El yapa puede igualmente practicarse en forma escrita. Oportunamente hacer yapa mentalmente, mientras se realizan otras actividades de la vida cotidiana es una muy buena práctica. De cualquier manera que se haga, cuantas más repeticiones mejor será. Así se disfruta constantemente de la bendita compañia del siempre existente Señor. Al hacer yapa, el devoto recuerda a su Dios de amor, vertiendo continuamente su espíritu en el amor. Cuando no existen motivos egoístas al hacer yapa, este se vuelve natural logrando así la verdadera comunión e integración. El ser humano tiene este privilegio de elevarse conscientemente a su propio estado espiritual. De acuerdo con la escritura:

      «Control de la mente, pureza, silencio, reflexionar sobre el significado del mantra, evitar la distracción, y ausencia de indiferencia son las causas que contribuyen al éxito en el yapa.»

      El practicante comienza a repetir el mantra contemplando sobre su significado. Al mismo tiempo trata de fijar la forma sagrada de Dios todo misericordioso en su corazón. Cuando la concentración mental mejora, uno visualiza la forma de su ideal espiritual elegido. Luego, con mayor concentración, despierta la comprensión profunda de las benevolentes cualidades del ideal espiritual, como la gracia, compasión, conocimiento, amor, pureza y otras. La sincera práctica del yapa con devoción y amor por un período largo conduce al practicante gradualmente a un muy elevado estado espiritual de meditación, a la visión divina y finalmente a la absorción espiritual total.

      La entrega (Sharanam) del practicante de yapa a Dios debe ser total e integral. Entonces encontrará la verdadera paz y armonía en su interior y exterior. Este estado de entrega se describe así en el poema:

      «Sharanam» es entregarte, entregarte;

      es para refugiarte, para cobijarte;

      es para dedicarte y olvidarte;

      ¡A Dios Todo-compasivo darte, darte, darte!

      «Sharanam» es el suplicar para someterte;

      a la voluntad divina entregarte;

      ¡Oh mente! es para darte, darte, darte;

      ¡A Dios Todo-conocedor darte, darte, darte!

      La actitud de entrega es importante. En una escritura sobre la devoción (bhakti), la práctica de la entrega a Dios fue descripta con seis características:
      1.Determinarse a realizar las acciones conducentes a amar a Dios.
      2.Renunciar a las acciones contrarias.
      3.La firme fe de que Dios lo protegerá.
      4.Aferrarse sólo a Él por protección.
      5.Someterse por entero a las manos de Dios y depender de Él.
      6.Esperar humildemente por Su gracia.

      ¡Dios es el Espíritu

      que en realidad nunca cambia!

      Sólo con un Nombre Sagrado,

      como Ramakrishna u otro,

      estamos recordando a la infinita Conciencia

      que nunca cambia,

      siempre es la misma sustancia.

      ¡Dios es el Espíritu

      que en realidad nunca cambia!

      En este inmenso universo cambiante,

      donde las grandes estrellas

      parecen puntitos de luz,

      estamos flotando como burbujas conscientes,

      considerándonos independientes e importantes,

      a menudo llenándonos de las cosas insignificantes,

      o como viviendo en una oscura mazmorra

      ¡Amarillos, negros, blancos o mestizos,

      todos flotamos aquí con nuestras envolturas;

      sin saber porque surgen nociones

      tales como el espacio, el tiempo o la persona!

      ¡Todos somos cubiertos por la ignorancia!

      ¡Sólo con una sincera entrega a Dios infinito

      el devoto consigue trascender esta dolorosa

      existencia!

      La verdadera naturaleza de Dios es infinita e indescriptible, no puede describirse objetivamente. Puede ser mencionada como un Tattva o principio de Existencia absoluta, Conocimiento absoluto y Dicha absoluta. Se dice en la sagrada escritura del Hinduismo Srimad Bhagavatam: «La única realidad, que es de la naturaleza de la conciencia indivisa, es llamada Brahman, el Ser Supremo o Dios.» Los sabios Védicos también describieron a Brahman como «neti, neti», «esto no, esto no», y como un estado en donde las palabras y la mente regresan sin poder alcanzarlo. Los seres humanos tienen el privilegio de realizar ese estado dentro de su propio ser. Ahí yace la consumación del nacimiento humano. ¿En dónde buscar? El gran Guru del Vedanta, Sri Sankaracharya, contestó: «En este mismo cuerpo, en la mente pura, en la cámara secreta del intelecto, hay un espacio conocido como el inmanifestado. Allí el Atman, de belleza extraordinaria, luce como el sol y manifiesta este universo por Su propia refulgencia.» Podemos decir que el Todopoderoso Dios es impersonal, y sin embargo también es personal, sin forma y también con formas y más allá de todo esto. Dios es tanto la toda penetrante Realidad cósmica como la Realidad detrás del alma individual. Él es el Supremo Gobernador y en todo sentido está muy cerca de nosotros. Swami Vivekananda maravillosamente mostró donde encontrar a Dios en forma de poema:

      «Desde el más elevado Brahman

      hasta el más bajo gusano,

      y hasta el más diminuto átomo,

      en todas partes está el mismo Dios,

      el todo Amor.

      Amigo: ofrece mente, alma y cuerpo

      a sus pies.

      Estas son Sus múltiples formas ante ti,

      rechazándolas, ¿dónde buscas a Dios?

      El que ama a todos los seres sin distinción,

      él, en verdad, adora a Dios.»

      Para el practicante del yapa es esencial desarrollar amor, devoción por Dios. En el Srimad Bhagavatam se describen los aspectos de esta práctica de devoción: «Oír acerca de Vishnu (Dios todoabarcante). Cantar acerca de Él. RecordarLo. ServirLo. AdorarLo. SaludarLo. Ser Su servidor. Ser Su compañero. Entregarse a sí mismo y todo cuanto uno tiene a Él.»

      Om Satchidananda Guru.

      Hari Om Ramakrishna Guru.

      Kali, Cristo, Allah, Guru.

      Chaitanya, Buddha, Jehová, Guru.

      La Madre que mora en todo Guru.

      Brahma, Vishnu, Shiva, Guru.

      Somos todos hijos del Guru.

      Todos pertenecemos al Guru.

      El Todopoderoso Dios es el Maestro (Gurú). Él es infinito, pleno y perfecto. Por ende, su creación también es perfecta. No podemos mejorar al mundo ni empeorarlo. Para gracia del devoto, Dios despliega Su inexplicable lila o juego divino de personificaciones humanas como Rama, Krishna, Buddha, Jesús, Moisés, Mahoma, Ramakrishna y otros grandes Maestros de la humanidad. Sólo Dios es el Maestro. Recordando Sus Personificaciones y Sus enseñanzas con devoción un practicante, con certeza, puede realizar a Dios, o sea, hacer a Dios real en su propia vida.

      En contestación a la pregunta: «¿Cómo es posible para Dios, quien es infinito, estar limitado en la forma de un hombre (como una Encarnación Divina)? Swami Vivekananda, el gran sabio de la humanidad entera, respondió: «Es cierto que Dios es infinito, pero no en el sentido que ustedes lo comprenden. Ustedes han confundido la idea de infinitud con la idea materialista de vastedad. Cuando dicen que Dios no puede asumir la forma de un hombre, entienden que una sustancia o forma (como si fuera de la naturaleza material) muy, muy grande, no puede ser comprimida dentro de un muy, muy pequeño espacio. La infinitud de Dios se refiere al carácter ilimitado de una entidad espiritual pura, y como tal, no sufre en lo más mínimo expresándose en una forma humana.»

      Sri Ramakrishna también explicó con un ejemplo muy gráfico: «…bajo la influencia refrescante, por así decirlo, del amor de los devotos, el Infinito aparece tomando una forma. También el hielo se derrite cuando el Sol sale y se vuelve agua como antes. Así también, aquel que sigue el sendero del conocimiento, el sendero del discernimiento, no ve más la forma de Dios. Para él todo es sin forma. El hielo se convierte en agua sin forma con el surgimiento del Sol del conocimiento. Pero atiende esto: la forma y lo sin forma pertenecen a una misma Realidad».

      Hoy en día Sri Ramakrishna mismo es considerado por muchos como una personificación de Dios, un Dios-Hombre en nuestra era. Él decía: «Dios es real y puede ser realizado», «Tantas opiniones, tantos senderos». También decía a los practicantes de la espiritualidad: «Sigue adelante», «Sumérgete hondo». Con una firme determinación de practicar yapa se pueden entender y realizar todas estas verdades en esta misma vida.

      ¡Qué maravillosa es

      la Encarnación Divina!

      ¡El Infinito se revela

      en la forma humana!

      En el Omnipotente,

      gracia, vigor y beatitud

      se manifiestan condensadas

      en Su plenitud.

      Dios Omnisciente, en verdad,

      es un Principio,

      personificándose, por ende,

      no hay misterio.

      Aquí mora en nosotros

      el Guru, Dios-hombre,

      la Madre Divina misma

      toma forma y nombre.

      Dios mío, Dios tuyo,

      Dios es para todos;

      la espiritualidad consiste

      en ser y transformarse.

      La pureza personal del practicante, paciencia, perseverancia y el amor son esenciales para lograr éxito. El yapa se practica de manera silenciosa, sentado en un lugar y postura convenientes.

      El que practica yapa debe tener una voluntad sincera de realizar esta práctica. También es de gran ayuda el practicar autocontrol en las distintas situaciones de la vida diaria, manteniendo ecuanimidad y paz mental. La práctica de las virtudes morales, como por ejemplo el desapego, austeridad, discernimiento, desapasionamiento, continencia, fe y demás, también facilitan la práctica regular del yapa.

      Según las escrituras el practicante siempre debe cuidarse de tres clases de perturbaciones internas y externas:
      •Adhyatmika: causadas por estados irregulares del cuerpo debido a fiebre, dolor de estómago, etc.; y de la mente debido a pasiones, ira, codicia, celos, odio, etc.
      •Adhibhautika: ruidos, picazón, etc. causados por otros seres vivientes como insectos, reptiles, pájaros y personas de carácter y comportamiento irregular.
      •Adhidaivika: cambio irregular de clima, temperatura, etc.

      Bhagavan Sri Krishna dijo: «Aquel que es moderado en la comida, en la diversión, en la acción, en el sueño y en la vigilia, alcanza el yoga que destruye el sufrimiento.»

      Sri Ramakrishna decía: «Por el camino de la devoción uno llega pronto y naturalmente a tener control sobre sus sentidos sutiles. Los placeres carnales se tornan más y más insípidos a medida que el amor divino crece en el corazón.»

      Recordando las enseñanzas de Bhagavan Sri Chaitanya: «Siendo aún más humilde que una brizna de hierba y siendo aún más tolerante que un árbol; sin ser vanidoso y rindiendo honor a otros, uno siempre debe cantar las glorias de Dios.»

      Sri Ramakrishna decía: «Las prácticas devocionales de los mundanos son cosas del momento. No dejan impresiones duraderas en la mente. Pero aquellos que se dedican solamente a Dios, repiten su ‘nombre’ con cada respiración.»

      Con la ayuda del yapa regular, el practicante debe vencer los obstáculos en su propio interior, como la lujuria, la codicia, la ira, etc.

      Según las escrituras del Vedanta, la causa principal de los sufrimientos en la vida de una persona es la dependencia. El yapa-yoga es una práctica espiritual clásica que se puede realizar de forma independiente. Esta disciplina espiritual se puede practicar independientemente del lugar en que uno se encuentre; tampoco depende de momentos o de personas. Sólo es suficiente realizar la repetición mental con devoción.

      El bendito señor Sri Krishna dijo: «Aún un hombre de la peor conducta, si me adora con una devoción sin distracciones, debe ser considerado como recto, pues ha resuelto correctamente. Pronto se vuelve justo y consigue la paz eterna.»

      La mente humana funciona en tres aspectos importantes: la voluntad, el intelecto y la emoción. La combinación de estos con la preponderancia de uno u otros aspecto influye en el tipo de personalidad. Swami Vivekananda aconsejó cuatro yogas principales para practicar. Según el tipo de personalidad o inclinación de cada aspirante espiritual estos yogas se clasifican en:

      Gñana-yoga (el yoga del conocimiento): es para personas con inclinación a la filosofía.

      Raja-yoga (el yoga del control psíquico): es para el místico.

      Bhakti-yoga (el yoga de la devoción): es para el aspirante devocional.

      Karma-yoga (el yoga de la acción correcta): es para personas de tipo activo.

      Swami Vivekananda solía decir que para el trabajador, yoga es la unión entre el hombre y la humanidad entera; para el místico, la unión entre su ser inferior y su ser superior; para el amante, es la unión entre él y el Dios de amor; y para el filósofo es la unión de toda la existencia.»

      Swami Vivekananda nos dio además el ideal del yoga integrado: «Quisiera Dios que los todos los hombres estuvieran constituidos de tal forma, que en sus mentes todos estos elementos de filosofía, misticismo, emoción y trabajo estuvieran igualmente presentes en su totalidad… Llegar a estar armoniosamente balanceado en estas cuatro direcciones es mi ideal de religión.»

      La sincera práctica de hacer yapa ayuda a muchos a progresar hacia la realización exitosa de este ideal.

      El yapa fue considerado por el Señor Krishna como un yajña (sacrificio). Él dijo: «Entre los sacrificios soy yapa». El gran sabio Patanjali expresó en los bien conocidos Aforismos de Yoga: «La palabra que manifiesta al Señor (Ishvara, el Gobernador Supremo) es Om. (El Sendero) Es la repetición de este (Om) y la contemplación sobre su significado.» (Yoga Sutra I.II.16). De acuerdo con esta escritura, el practicante puede realizar la culminación espiritual sólo por la repetición.

      Sri Ramakrishna decía: «Yapa significa repetir el ‘Nombre’ del Señor en silencio y sentado en un lugar tranquilo. Si uno sigue haciendo yapa con devoción y concentración, es seguro que obtendrá al final la visión divina y la realización de Dios. Supón que un grueso tronco de madera está sumergido en el Ganges y que lo sujeta una cadena que a su vez está atada a un pilar sobre la orilla del río. Asiéndote a la cadena y siguiendo sus eslabones, uno tras otro, te irás sumergiendo en el agua hasta llegar al tronco. De la misma manera, si tú logras quedar absorto repitiendo el santo ‘Nombre’, con el tiempo realizarás a Dios.»

      Según las escrituras del Vedanta, la práctica sistemática de la repetición del sagrado mantra con amorosa contemplación devocional trae varios beneficios para un practicante sincero, a saber:
      •El despertar de las tendencias o impresiones espirituales latentes, y la comprensión y realización espiritual.
      •Intensificación del poder de concentración, de la devoción y del anhelo por Dios.
      •La purificación física y mental en forma de curación física, mental, etc., eliminando gradualmente la pereza, duda, sed de placeres sensorios, tristeza y otros obstáculos.

      Muchas personas pueden beneficiarse recordando a Dios a través de esta sencilla práctica de repetición.

      Le preguntaron a Sri Ramakrishna: «¿Por qué medios puede verse a Dios?», y él respondió: «¿Puedes llorar por Él con intenso anhelo? Los hombres lloran a baldes por hijos, esposa y dinero, pero ¿quién llora por Dios?» También decía: «¡Ah, esa inquietud es todo! Cualquiera sea el sendero que sigas, seas hindú, musulmán, cristiano, shakta, vaishnava o brahmo, el punto vital es el anhelo. Dios es nuestro Guía Interior. No importa si tomas un sendero erróneo. Sólo importa estar ansioso por Él. Él mismo te pondrá en la senda adecuada.» El bendito Señor Jesús dijo: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.»El practicante siempre debe mantener en la mente la firme convicción que repetir el mantra es tener una constante compañía santa, que es esencial para cualquier aspirante a llevar una vida espiritual.

      La práctica del yapa es considerada como una forma muy sencilla de adorar a Dios. La adoración sincera nos acerca al Dios interior. La meta de la adoración es realizar la identidad con la Divinidad. Esto solamente sucede en un profundo estado de contemplación. Así, el yapa, es una clase de meditación parcial. El practicante del yapa se vuelve paulatinamente absorto en la profundidad de su propio Ser, que es espiritual. Así se trascienden las limitaciones de los propios estados físico y mental. La Santa Madre Sri Sarada Devi decía: «Mirá qué minúscula semilla es el Nombre del Señor. De él, con el tiempo, surgen estados de ánimo divinos: devoción, amor y la culminación espiritual.»

      Los sabios del Rig Veda oraban así: «Nosotros, deseosos de obtener realización, sólo tomamos Tu nombre.» Los practicantes no-dualistas del Vedanta repiten Aham Brahmasmi («Soy Brahman»), o Tat Tvam Asi («Tú eres Aquello»), etc. En la tradición Budista se practica la repetición de sagradas fórmulas como: Om manipadme hum («Om, joya en el loto del corazón»); Namu-Myo-Ho-Ren-Ge-Kyo, («Gloria al sutra del loto de la Verdad»), Namo Amida Butsu («Saludo al Buda de la Infinita Luz») etc. En el Cristianismo también se repiten oraciones como: Ave María, «Señor Jesucristo, ten piedad de mí» y otros. En el Salmo (34:3-4) del Antiguo Testamento se menciona: «Oh, alaba al Señor conmigo, y exaltemos Su nombre». En el Judaismo también se practican frases como: Barukh Atah Adonai («Bendito eres Tú, oh Señor»); Adonai, Adonai, El Rahum ve Hannun («Señor, Señor, misericordioso y compasivo») entre otros. En las prácticas espirituales Islámicas también se usan sagradas frases como Bismillah ir-Rahman ir-Rahim («En el nombre de Alá, el Misericordioso y Compasivo»), Allahu Akbar («Dios es grande») y Allah («Alá»).

      Los practicantes del Hinduismo usan frases sagradas como Namah Shivaya («Saludo al Señor Shiva»); Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna Krishna, Hare Hare («Saludo al Señor Krishna, quien nos atrae hacia Él») entre otras. Repetir OM RAMAKRISHNA también resulta espiritualmente muy beneficioso para muchas personas.

      Mahatma Gandhi, por muchos considerado como el padre de la India Moderna, también dijo: «No hay más que un Dios para todos nosotros, así lo hayamos encontrado a través del Corán, del Zend-Avesta, del Talmud, de la Biblia o del Gita. Y es el Dios de Amor y de la Verdad.»

      Una firme y sincera determinación devocional por hacer yapa regularmente es muy importante. De esta manera se vuelve un yoga, una manera de unirse con la Realidad última en el propio interior del practicante, sin importar las situaciones del exterior. La mente, cuerpo y habla (incluyendo todos los órganos sensorios) del practicante deben llenarse con la idea de la práctica de yapa, así entonces, se manifestará la espiritualidad latente. El poder, la gloria y las otras cualidades, se manifestarán a su debido tiempo. El practicante nunca debe sentirse desanimado por las limitaciones del momento. El poder del mantra, la gracia de Dios y el propio esfuerzo sincero del practicante hacen que la elevación espiritual sea posible.

      Por todos los medios posibles, el practicante espiritual tiene que retirar su mente del mundo de los sentidos y volverse consciente de su propia divinidad interior. Esto se llama práctica espiritual y el yapa es una manera muy eficaz para hacer esto y cuando un practicante, aunque sea por una vez, disfrutó la dicha que acompaña a esta práctica, de seguro que continuará por siempre, sin abandonarla. Con certeza llegará el siddhi (la perfección). Las escrituras orientales enfatizan: yapat siddhi, «La perfección llega por hacer yapa.» El practicante de yapa sólo debe ser sincero en concentrarse, contemplar, comprender, y continuar con todo el cariño de su corazón, cuidándose de los factores contrarios a su vida espiritual.

      Todas las realizaciones espirituales ocurren dentro del corazón, en el interior del practicante, porque allí está la morada de Dios. Srimat Bhagavad Gita menciona: «Es la luz de todas las luces, y se dice que está más allá de las tinieblas. Es el conocimiento, lo que debe ser conocido, la meta de todo conocimiento; y está en el corazón de todos los seres.» El Señor Jesús dijo: «El reino de los cielos está en vuestro interior.» La escritura Tantra de la India también declara: «Siendo divino, adora lo Divino.» La sincera y regular práctica de hacer yapa capacita al practicante a realizar estas verdades contundentemente.

      En el mundo exterior existen muchas divisiones, diferencias, conflictos, etc., pero en el estado devocional del verdadero devoto no existen más divisiones. Por lo tanto, para minimizar las divisiones y conflictos globalmente necesitamos desarrollar e intensificar el anhelo por recordar a Dios, y amar la Verdad. Conscientemente debemos practicar la espiritualidad para poder elevarnos de lo sensorial a lo espiritual. ¡Seremos benditos! ¡Seremos dignos de llamarnos seres humanos; los hijos de la Inmortalidad!

      Swami Vivekananda escribió: «Queremos llevar a la humanidad al lugar en el que no hay Vedas, ni Biblia, ni Corán. Sin embargo ésto debe hacerse por medio de la armonización de los Vedas, de la Biblia y del Corán. Se le debería enseñar a la humanidad que las religiones no son sino las diversas expresiones de LA RELIGION, la cual es Unidad, y que cada uno puede elegir el camino que más le convenga.»

      Incesantemente canta

      con amor tu mantra,

      hallarás la fuente

      de paz, luz y ananda.

      Dios y Su mantra

      son una y la misma cosa,

      la Madre Divina, Guru misma,

      Diosa todopoderosa.

      Ve cumpliendo tus tareas

      de este mundo ilusorio,

      recordar a Dios siempre

      es el deber verdadero.

      Incesantemente canta,

      incesantemente canta…

      OM TAT SAT OM

  3. Viaje al Señor del Poder, de Ibn Arabi.

    Toda persona racional debe saber que el viaje está basado en los esfuerzos y dificultades de la vida, en las aflicciones y las dudas y en la aceptación de los peligros y grandes temores. No es posible que el viajero encuentre en este viaje comodidad, seguridad o deleite. Las aguas van cambiando, el clima varía, y el carácter de las personas es diferente en cada lugar en que paras. El viajero tiene que aprender lo que hay de útil en cada lugar. Permanece en cada uno de ellos durante una noche o una hora y después, se va. ¿Cómo se podría esperar facilidad en tales condiciones?

    No hemos mencionado esto para responder a las personas acostumbradas a las comodidades de este mundo, que luchan por ellas y se afanan por acopiar cualquier fruslería mundana. No nos ocupamos de los que se dedican a esas actividades ridículas y sin importancia, o no fijamos la atención en ellos, sino que lo hemos mencionado como un consejo para todo el que quiera prepararse para la felicidad de la contemplación en un reino distinto al que se le ha dado y llegar al estado de fana’, a la desaparición, en cualquier otro lugar que no sea el suyo de origen, y a su asimilación a lo Real desapareciendo de los mundos.

    Los maestros que hay entre nosotros desdeñan esta ambición, porque es una pérdida de tiempo y una desviación de la verdadera línea y relaciona el Reino con lo que no le conviene. El mundo es la prisión del Rey, no su casa; y todo el que busque al Rey en Su prisión, sin haber salido completamente de ella, viola la regla de la correcta conducta (adab) y se le escapa algo de gran importancia. Porque el tiempo de fana’, en Verdad, es el momento de trascender a un estado superior al alcanzado.

    La Revelación depende de la extensión y la forma del conocimiento. Después, con la contemplación, te das cuenta del conocimiento de Él, desde Él, que adquieres cuando te esfuerzas y te ejercitas. Pero lo que contemples de Él será la forma del conocimiento que hayas adquirido antes. No avanzas en nada excepto en el paso del conocimiento (‘ilm) a visión (‘ayn); y la forma es única.

    Con la contemplación alcanzas lo que deberías haber dejado en su propio Reino y ésa es la Casa del Otro Mundo, en la que no hay trabajo. Por eso, mejor te sería que, al tiempo De tu Contemplación, estuvieses ocupado en una labor dirigida al exterior y, al mismo tiempo, en la recepción interior del conocimiento que procede de Allah. Incrementarás la virtud y la belleza de tu naturaleza espiritual, que busca a su Señor por medio del conocimiento recibido de Él mediante los trabajos y la oración, y también la de tu naturaleza personal, que busca su paraíso. La naturaleza sutil del hombre resucita según su conocimiento y los cuerpos resucitan según sus trabajos, tanto en la belleza como en la fealdad.

    Y esto es así hasta el último aliento, cuando te apartas del mundo de la obligación y del Reino de las sendas ascendentes y el desarrollo progresivo. Y sólo entonces cosecharás los frutos que has plantado.

    Si has entendido todo esto, has de saber entonces (Allah nos conceda el éxito a los dos) que si quieres llegar a la presencia de la Verdad y recibir de Él sin intermediarios y si deseas intimar con Él, esto no será posible mientras tu corazón reconozca otro señor que no sea Él. Tú perteneces a quien ejerce su autoridad sobre ti. De esto no hay duda. Y, para el retiro (khalwa) de la sociedad humana, te será inevitable y preferible separarte de los demás, ya que la distancia que te separa de la creación es la distancia que te aproxima a Allah, en lo exterior y en lo interior.

    Tu primera obligación es buscar la sabiduría que establece tus abluciones y tu oración, tu ayuno y tu devoción. No estás obligado a buscar nada más que esto. Ésta es la primera puerta del viaje: el trabajo, la moralidad, el ascetismo, la fe. Y en el primero de los estados de fe te sucederán cuatro milagros. Son signos evidentes de que has logrado el primer grado de fe. Esos signos cruzan la tierra, surcan las aguas, atraviesan el aire y se nutren del universo. Y esto es lo que hay pasada esta puerta. Después, las estaciones y los estados y los milagros y las revelaciones te vienen continuamente, hasta la muerte.

  4. El artículo que a continuación presentamos es la primera parte de un trabajo del doctor Javad Nurbakhsh, titulado: Sufismo y psicoanálisis, que fue publicado en The International Journal of Social Psychiatry, Vol. 24, Nº 3. La primera parte, bajo el título: ¿Qué es el sufísmo?, ofrece al lector una visión general de lo que es el sufismo, y en especial, el sufismo de origen persa. En la segunda parte hace una novedosa comparación entre el sufismo y el psicoanálisis, que les ofreceremos en el siguiente número de la revista, con la esperanza de que sea de su interés.

    El sufismo es la escuela de la iluminación interior y no la de la discusión, y el sufí es algo en lo que uno “se convierte” y no algo que uno aprende intelectualmente. Ahora bien, lo referente a la iluminación interior no puede expresarse con palabras. Por tanto, según afirman los grandes maestros sufíes, “aquello de lo que se puede hablar no es sufismo”. O bien, en palabras de Ŷalāl-ol Din Rumi

    Por mucho que hablo de él o defino al amor,

    al llegar a él me avergüenzo de mis palabras.

    (Rumi 1926, p.10)

    De aquí que todo lo que han dicho eminentes sufíes acerca del sufismo sea tan sólo un intento de expresar con palabras sus propios estados interiores. Puede servir para dar una muestra de la naturaleza del sufismo y de sus características, pero no puede constituir una definición general y completa del sufismo. En un intento de formular una definición completa podríamos decir lo siguiente: “El sufismo es un camino hacia la Realidad Absoluta, cuya fuerza motivante es el amor, y los medios que se aplican son el continuo recuerdo de Dios (zekr) y la vida en un estado de estabilidad en cualquier circunstancia; el objetivo de este camino es Dios.” En otras palabras, al final de la senda sufí nada queda sino Dios.

    Objetivo del sufismo

    El objetivo del sufismo es el conocimiento de la Realidad Absoluta, no como nos la enseñan los hombres instruidos, a través de la lógica y de la demostración, sino tal como es en sí misma. Este conocimiento sólo se puede alcanzar con el “ojo del corazón”, esto es, mediante la iluminación y la contemplación.

    Definición del sufí

    El sufí es aquel que recorre la senda del amor y de la devoción, dirigiéndose hacia lo Absolutamente Real. Cree que el conocimiento de lo Real sólo está al alcance del Hombre Perfecto y que el hombre imperfecto está impedido para alcanzarlo en razón a su propia imperfección. El sufí considera que el hombre “común”, con sus imperfecciones, sufre una enfermedad que hace que su percepción y su discernimiento sean constantemente erróneos. Por tanto, la gente ordinaria distorsiona su concepción de la Realidad, debido a su misma imperfección, e inconscientemente se extravía.

    La psicología moderna ha demostrado que la mayoría de los actos y de los comportamientos del ser humano se determinan inconscientemente. El sufismo, por su parte, sostiene que el nafs-e ammāra (el yo dominante, el ego)[1] ejerce un control tiránico sobre el pensamiento y la conducta humanos. Como consecuencia, el discernimiento del individuo que se halla bajo su influjo no puede ser puro, sano y desinteresado y, por tanto, no puede en modo alguno ser correcto ni justo.

    Aquellos que proclaman conocer el sufismo

    Aquellos estudiosos que, por su conocimiento de la situación sociológica o de la doctrina del sufismo, afirman que entienden el sufismo, no poseen, por supuesto, las características de los sufíes o, mejor dicho, no hay ninguna razón para que tengan las cualidades reales y los atributos de los fieles del amor. No se puede decir que hayan, de ningún modo, realmente conocido o entendido lo que los sufíes ven con el ojo del corazón. Por tanto, para los sufíes, las afirmaciones de esas personas carecen de valor, si bien, sin embargo, pueden ser interesantes para los no sufíes interesados en el estudio del sufismo desde el exterior.

    El Hombre Perfecto

    Desde un punto de vista teórico, y con un sentido espiritual e interior, el Hombre Perfecto es aquella persona que ha escapado a la dominación del yo dominante. Su realidad, tanto exterior como interior, ha quedado determinada por cualidades de una Naturaleza sublime, de lo que resulta la liberación del ego individual y la unificación con Dios. En una palabra, se ha convertido en un espejo que refleja en todos los aspectos a lo Único Real. Mirándole, uno no ve sino la Verdad.

    El sufismo afirma que la única manera disponible para el hombre de transformarse en Hombre Perfecto es convertirse en discípulo de un maestro espiritual perfecto (Qotb), para conseguir purificarse y alcanzar la perfección. Este periodo de formación guiado por un maestro tal se llama Tariqat o Senda. La Shari’at, los preceptos religiosos, se considera como la escuela primaria para el sufí. La etapa de formación más avanzada, que se realiza respetando la Ley, se llama Tariqat y en la etapa final el sufí es llevado a alcanzar la Haqiqat, la Realidad Absoluta.

    Los sufíes toman como base para dividir el camino espiritual en tres etapas el siguiente dicho del Profeta Mohammad: “La Shari’at son mis palabras, la Tariqat mis actos y la Haqiqat mi estado interior.” A la persona que entra en la Tariqat se le llama morid o discípulo, mientras al maestro se le llama morād o Qotb.

    Talab, la búsqueda

    Considerando el significado del siguiente versículo del Qorán: Tú no eres responsable de guiarles, Dios es quien guía a quien Él desea (2;272), el sufismo afirma que todo avance hacia la Senda espiritual o Tariqat está determinado por la Voluntad de Dios. El estado que produce este movimiento se conoce como talab y puede considerarse como una especie de tensión que atrae al hombre hacia su meta final, la perfección. Basándose también en el versículo: Ciertamente tú guías a los hombres hacia el camino recto (Qor 42;52), los sufíes consideran que el Qotb posee las cualidades para guiar en el camino espiritual.

    La atracción o búsqueda en el sufí es la fuerza que constantemente le motiva en la Senda hacia la perfección. Puede decirse que es una intensa añoranza la que anima y da fuerzas al discípulo, en todo momento, en la Senda. Es un anhelo que continuamente provoca en el caminante de la Senda insatisfacción con el recorrido ya realizado, y deseo de acercarse aún más cerca de su Objetivo final. Su añoranza y su anhelo refuerzan constantemente su aspiración de escapar de su estado limitado, y de alcanzar un mayor nivel de calma y de sosiego donde poder saborear el deleite de una existencia más segura y armoniosa.

    El amor y la búsqueda del sufí le llevan hacia la belleza, la bondad y la perfección, y a intentar poseer por siempre esas cualidades. El movimiento y el ardor del amor resultan del hecho que el amor trata constantemente de crear la perfección eterna, ya que sólo mediante una continua creación y generación puede ser eterna la perfección.

    Faqir

    En el sufismo se considera que el anhelo del amor nace del faqr (pobreza espiritual), y a aquel que lo posee se le llama faqir. Faqr se debe a la no posesión de una cosa y al deseo de poseerla. En otras palabras, aquel que siente en sí una cierta carencia de la sublime perfección humana, y que desea sinceramente remediarlo es un faqir.

    Morid, el discípulo

    En la “escuela secundaria” de espiritualidad, la Tariqat, existe un programa específico que debe realizar el discípulo y que es determinado por el Qotb. El objetivo de la disciplina y de la formación incluidos en este programa es transformar las tendencias pasionales y diabólicas (nafs-e ammāra: el yo carnal) del viajero espiritual, o sālek, en tendencias modificables (nafs-e lawwāma).

    Las tendencias pasionales del alma humana conducen al hombre a satisfacer todos sus instintos animales, sexuales y agresivos. Las tendencias modificables son aquellas que reprochan al alma el tener sus instintos pasionales y animales, y que desean alcanzar la perfección y remediar las imperfecciones del alma. Finalmente, el estado del alma cuando asume las cualidades de sublimidad y serenidad (nafs-e motma’enna) corresponde al abandono de las pasiones y a su transformación y su sublimación en atributos más elevados. Cuando alcanza esta estación el discípulo ha llegado al final de la Tariqat. Y, conforme al versículo: Oh alma apaciguada (nafs-e motma’enna) regresa a tu Señor, contenta y agradable a tu Señor (Qor 89;27-28), se considera que un hombre con tal perfección ha entrado en la presencia de Dios.

    Al cumplir con sus obligaciones hacia la Tariqat, el discípulo va escapando gradualmente de la presión de los conflictos psicológicos. Sus tendencias animales y pasionales se transforman, y la energía que servía para alimentar a las pasiones se convierte en el modo de pulir el espejo del corazón y de abrir la vía para la iluminación del espíritu. El discípulo luego, en la etapa final, queda purificado de sus propiedades básicas para ser adornado con los Atributos Divinos. En palabras del poeta Hāfez

    Lávate primero y luego entra en el jarābāt

    no sea que esta taberna, se vuelva impura con tu presencia.

    (Hāfez 1983, Vol. 1, gazal 414, v. 3)

    La expresión “lávate” se refiere a la purificación del corazón por medio de la Tariqat, mientras que jarābāt (taberna) es una imagen poética común para designar la aniquilación del ego, el anonadamiento del yo, la última etapa de la Senda sufí, que es en realidad equivalente a alcanzar la Realidad Absoluta.

    El objetivo de la primera etapa de la Tariqat, el periodo inmediatamente previo a la iniciación formal en el sufismo, es que el buscador de lo Real desarrolle una creencia firme en el maestro espiritual o Qotb. Debe tener la seguridad de que el maestro le va a guiar hasta la meta final y hasta la perfección a la que aspira. Por su parte el Qotb debe observar en el discípulo potencial la sinceridad y la devoción que pueden hacer de él un candidato válido para ser guiado. Una vez que el maestro y el discípulo potencial se han aceptado mutuamente, se le asegura a este último, en primer lugar, que todos sus pecados y errores pasados le serán perdonados, a condición de que se arrepienta sinceramente y se aparte de las pasiones y de los actos prohibidos.

    En la terminología del sufismo se considera a la entrada en el círculo de los sufíes como un segundo nacimiento, y como testimonio están las palabras de Jesús, “El que no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios” (Jn 3;3). Desde el punto de vista del sufismo todos deben pasar por dos nacimientos. El primero consiste en nacer a este mundo y el segundo, mucho más difícil, en dejar este mundo de la materialidad y de la multiplicidad para entrar en el mundo del amor, de la devoción y de la Unidad.

    Se considera que esta etapa preliminar de la Tariqat debe durar, como máximo, entre siete y doce años. Refiriéndose a esta etapa, dice el poeta:

    El pastor de los fieles [Moisés] llegó a encontrar un maestro,

    después de servir largos años a Sho`eib.

    (Hāfez, op. cit., gazal 449, v. 6)

    Tras arrepentirse y después de haber aceptado la autoridad del maestro espiritual, el discípulo se hace digno del honor de ser formalmente iniciado, luego de lo cual se le revelan las técnicas espirituales de la Tariqat.

    Morad o Qotb, el maestro espiritual

    El maestro espiritual es un Hombre Perfecto que, como mínimo, ha recorrido las etapas del camino espiritual. Pero, por supuesto, el mero hecho de proclamarse Qotb no es suficiente para demostrar que ha recorrido, realmente, las etapas del camino. Su designación como maestro debe venir, de hecho, del Qotb bajo cuya dirección ha realizado su periodo de discipulado. Por esta razón, los Qotbs y sheijes sufíes deben indicar claramente la cadena de iniciación que les ha llevado a ser sufíes- o, en terminología sufí, el Qotb debe mostrar su jerqa o manto de iniciación.

    Básicamente, existen dos formas de recorrer la Senda espiritual. En la primera, Dios, por la acción de Su gracia y de Su benevolencia, atrae en un solo paso a una de Sus criaturas a Su presencia, liberándole de su ego individual. A estas personas se les llama maŷzub (raptado) y son casos muy raros. La segunda forma es la Tariqat. Al contrario de lo que ocurre con el maŷzub, la Tariqat precisa del esfuerzo y de la voluntad del discípulo. A ello se refiere Dios cuando dice: Pero a aquellos que luchan por Nuestra causa, con seguridad los guiaremos por Nuestros caminos (Qor 29;69). La travesía de la Senda espiritual se llama, tanto en persa como en árabe, seir wa soluk (el recorrido interior y la conducta exterior). Sólo se puede acometer bajo la dirección y guía de un Qotb.

    Conviene recordar aquí que ni el maŷzub, ni la persona que tan sólo ha recorrido la Senda espiritual están calificados para convertirse en Qotb. Esto se debe a que el Qotb debe haber recorrido el camino de las dos maneras. Debe haber completado las etapas de la Tariqat después de haber sido un maŷzub, o bien haber sido raptado en el curso del recorrido de la Senda. O sea, tanto aquel que sólo ha sido un maŷzub, como el que sólo ha recorrido la Tariqat son incompletos. En resumen, el Hombre Perfecto o Qotb debe haber tenido una visión verdadera de la Senda, haberla recorrido de principio a fin, y debe conocerla bien para poder guiar a otros por ella.

    Disciplina y cortesía en la Senda

    El discípulo devoto debe percibir en el espejo de su corazón el arquetipo espiritual de su maestro y estar ardiendo de amor por él, un amor que en lo sucesivo será la fuente de todo su gozo. Mientras el discípulo no tenga este amor por su maestro espiritual, no será capaz de aceptar sin rechistar y con los brazos abiertos cualquier instrucción que el maestro le pueda dar; porque, de hecho, el discípulo realiza la voluntad de su maestro, y no sigue sus propios caprichos. Por ello dijo el poeta, “Oh corazón, si quieres que el Bienamado esté satisfecho contigo, debes hacer y decir cuanto Él te ordene. Si dice, ‘¡Llora sangre!’, no preguntes, ‘¿Porqué?’; y si dice, ‘¡Muere!’, no digas ‘¿Es lo adecuado?’ .”

    Queda pues claro que la primera y más importante obligación del discípulo es aceptar, sin cuestionarlas, todas las instrucciones del maestro. También sobre este tema escribe Hāfez:

    En el camino de la casa de Laila (la Bienamada), donde hay peligros mortales,

    la primera condición es perder la razón (Majnún) [2].

    (Op. cit., gazal 1, v. 3)

    En el relato del Qorán sobre Moisés y Jezr (18;61-83), Moisés le pide a Jezr ser su discípulo y éste le contesta lo siguiente: Si me sigues, pues, no me preguntes nada sin que yo te lo sugiera (18;69). El discípulo no sólo no debe cuestionar al maestro; debe además realizar todos sus actos de acuerdo con las observaciones y las instrucciones del Qotb. Nunca debe actuar sin su aprobación, ni revelar ninguno de los secretos que existen entre él y el Qotb. Es más, es su obligación informar al maestro de todas aquellas cosas fuera de lo normal que vea estando dormido o despierto.

    El discípulo no debe nunca intentar adelantarse al Qotb ni en palabras ni en actos. Conforme al versículo: Oh creyentes, no os adelantéis a Dios ni a Su mensajero (Qor 49;1), el discípulo tiene la obligación de permanecer siempre humilde en presencia del maestro, para evitar cualquier tipo de protagonismo, de no decir nada sin estar autorizado, ni de hacer nada sin que se lo pidan. En este sentido es por lo que se dice en el sufismo, “El amor es refinamiento y buenas maneras”. La Tariqat es en sí misma el respeto de la ética y el modo correcto de comportarse. El discípulo no debe hablar en voz alta en presencia del maestro: Oh creyentes, no habléis más alto que la voz del Profeta (Qor 49;2). Esto se debe a que los sufíes creen que su maestro es respecto de sus discípulos como el Profeta con los miembros de su comunidad.

    Programa a seguir en la Tariqat

    De lo que se ha dicho anteriormente queda claro que el programa de la Senda espiritual empieza con la eliminación de los “nudos” psíquicos, de los complejos y de las tendencias pasionales del discípulo, con lo que alcanza, después de un cierto tiempo, el equilibrio psíquico y la salud moral. La segunda etapa de la Tariqat es la asunción por el discípulo de las virtudes espirituales, quedando entonces adornado por las Cualidades y Atributos Divinos.

    A fin de dirigir el desarrollo espiritual del discípulo, el maestro controla su comportamiento hasta el último detalle. Un aspecto que concentra en gran medida la atención del Qotb, y que hoy en día concita el interés de los psicoanalistas, aunque no se den cuenta de su aspecto espiritual, es el de los sueños. El maestro soluciona los problemas psíquicos y espirituales del discípulo analizando sus sueños, que sólo se cuentan al maestro en persona.

    Por tanto, la primera fase de la Tariqat es un periodo de “psicoterapia espiritual” que varía de discípulo a discípulo. Y, de paso, anotemos que el trabajo de los psicoanalistas de hoy en día es una imitación imperfecta del que realiza el Qotb, pues prescinde totalmente de la relación con Dios.

    Al ejercer sus métodos de curación, el maestro “lava” y purifica al discípulo de sus tendencias pasionales y diabólicas por medio del “agua de la Devoción y del Amor”. Sustituye las cualidades negativas del discípulo por los Atributos Divinos.

    Para iniciar la disciplina espiritual de la Tariqat, el discípulo debe cumplir ciertos requisitos indispensables. Debe (a) ser creyente; (b) ser caritativo con los demás; (c) mantener los misterios de la Tariqat; y (d) obedecer las instrucciones del maestro hasta el final de la Senda. Sólo cuando el maestro observa que se cumplen estas condiciones en el discípulo, y cuando sabe que es digno de la Tariqat, es cuando le hace el honor de permitirle emplear el zekr, el recuerdo permanente de los Nombres Divinos.

    Zekr, el continuo recuerdo de Dios

    El zekr consiste en la repetición metódica de ciertos Nombres de Dios, inculcados, a la hora de la iniciación, al discípulo por el maestro. Se corresponde con el sentido del verso del poeta:

    Durante tanto tiempo se sentó el Amado frente a mi ávido corazón,

    que éste se transformó del todo en Él.

    (Maqrebi 1990, gazal 156)

    Los sufíes creen que si un discípulo medita constantemente en Dios, su alma se irá gradualmente impregnando de las Cualidades Divinas, y sus tendencias pasionales desaparecerán.

    El objetivo de esta constante invocación de Dios es, en primer lugar, crear en el discípulo una concentración perseverante. El discípulo, que hasta entonces había estado invadido por pensamientos dispersos y por miles de intereses y de deseos, empieza progresivamente a concentrar todo su poder mental en un solo punto, y este es Dios. Gracias al zekr, deja de gastar su energía en agitación mental para concentrarla completamente en el recuerdo de Dios. Queda entonces liberado de conflictos psíquicos y dotado de equilibrio, calma y seguridad.

    Mientras practican el zekr, los sufíes repiten varios Nombres de Dios, y enfocan su atención no sólo en la pronunciación de los Nombres sino también en su significado. Teniendo en cuenta que el hombre conoce el sentido de las cosas por la palabra, el objetivo de pronunciar constantemente una palabra es el de llegar a realizar su sentido. Los sufíes creen que si uno se fija solamente en la pronunciación del Nombre durante la invocación se trataría tan sólo de idolatría. La palabra en sí no tiene eficacia alguna. Por supuesto, ni que decir tiene que al inicio de la Senda el discípulo no puede evitar el fijarse en la pronunciación misma. Sólo después de algún tiempo empieza a familiarizarse con el sentido espiritual y no formal, y a separar el Nombre de su articulación verbal. A propósito de esto Rumi dice:

    Borraré las palabras, los sonidos y los discursos,

    para poder, sin ellos, conversar Contigo.

    (Rumi 1926, Vol. 1, v. 1740)

    Durante el zekr, el discípulo debe olvidarse no sólo de todo lo que le une a este mundo y al del más allá, sino que debe olvidarse incluso de sí mismo. El discípulo que permanece consciente de que está realizando la invocación ha caído, de hecho, en dualismo y, por tanto, ha profanado la realidad de la Unicidad Divina, el tawhid. Por ello es por lo que en el zekr se suprime la partícula vocativa y, por ejemplo, en lugar de decir “Oh Dios” (yā Allāh) se usa solamente el nombre de Dios (Allāh). En efecto, si se usara la partícula “Oh” (yā), quedaría claro que alguien se estaba dirigiendo a Dios, mientras que la doctrina de la Unicidad Divina indica, en su raíz, que toda existencia es ilusión, excepto Dios mismo.

    En realidad se considera al zekr como un torrente que, además de eliminar las cualidades indeseables del discípulo para substituirlas por los Atributos Divinos, elimina, en última instancia, el ego individual de tal manera que no queda rastro del “yo”. Este es el final de la Tariqat y el inicio del océano del anonadamiento o fanā en Dios.

    Debe tenerse en cuenta que el zekr sólo es eficaz bajo la guía estricta del maestro. La devoción del discípulo hacia el maestro es la que hace que el árbol del zekr alcance la madurez y produzca el fruto del anonadamiento

    Algunas palabras sobre los Nombres y los Atributos de Dios

    Los sufíes consideran que Dios tiene un número ilimitado de Nombres, y que cada uno de ellos describe uno de Sus Atributos: A Dios pertenecen los Nombres más bellos (Qor 7;179). Cada Nombre tiene su correspondiente Atributo y cada Atributo implica un modo particular de conocimiento. A su vez, cada uno de estos modos manifiesta un aspecto particular de la Divinidad que requiere una forma particular de adoración y de veneración.

    La imagen que un Atributo Divino adopta en el molde de un Nombre depende esencialmente de la capacidad y de la aptitud del receptáculo humano. El Atributo se refleja en cada momento en el corazón del sufí bajo las formas teofánicas del mundo imaginal (mundus imaginalis) , dándole así paz y sosiego. A cada instante el sufí experimenta éxtasis indescriptibles e iluminaciones inefables, que le revelan siempre y a cada vez los múltiples aspectos de los Nombres Divinos.

    Milagros

    En principio, el sufismo ni siquiera tiene en cuenta el karāmāt, los milagros y los actos carismáticos atribuidos a los amigos de Dios. Los sufíes no se declaran capaces de realizar hechos extraordinarios ni actos ajenos a la experiencia humana normal. Un verdadero sufí niega todo aquello que no es Dios, incluso se niega a sí mismo; por tanto, cómo podría pretenderse capaz de realizar milagros, afirmando así su ego individual, cuando de hecho él mismo no existe. Su principio arquetípico es la negación de su propio “yo”. Por tanto, los grandes sufíes han considerado la declaración de realizar milagros como una falta que priva al hombre de la cercanía a Dios.

    No obstante, puede ocurrir que un discípulo, en su intensa devoción hacia su maestro, vea en éste, por la influencia espiritual que ejerce sobre el discípulo, la manifestación del karāmāt. En estos casos, corresponde al maestro instruir al discípulo, cuando alcanza una determinada etapa de la Senda, de ignorar estos fenómenos, no sea que le lleven al dualismo y a la idolatría.

    Libre albedrío y determinismo

    Como se dijo anteriormente, el sufismo confía en la fuerza de voluntad del discípulo. Al inicio del camino espiritual al viajero místico (sālek) le asaltan múltiples presiones procedentes de su falta de equilibrio psíquico y de su debilidad frente a sus pasiones. En esta etapa de la Senda, el viajero debe creer en el libre albedrío, como dice el versículo: El hombre tendrá en su cuenta sólo lo que haya ganado (Qor 53;40). En efecto, sólo ejercitando su voluntad podrá eliminar sus tendencias pasionales y diabólicas y prepararse para ser adornado con los Atributos Divinos. Sólo podrá alcanzar su objetivo sublime mediante la atracción Divina conjugada con su esfuerzo individual. En este sentido dijo Hāfez:

    Aun cuando la unión con Él no se dé por tus esfuerzos,

    ¡oh corazón! esfuérzate hasta el límite para lograrlo.

    (op. cit., gazal 279, v. 5)

    Pero debe señalarse que en las etapas realmente avanzadas de la Senda, cuando el sufí ha sido adornado con los Atributos Divinos, cree entonces en el determinismo, aunque en el contexto de la libertad absoluta. Esto es porque ahí ya no existe el ego individual, y todo lo que realiza el sufí es por voluntad Divina.

    Intimidad con Dios en el seno de la sociedad

    Para el sufí, la pereza y la ociosidad son cualidades negativas. Intentará, por tanto, en la medida de lo posible servir a la sociedad en la que habita. En cualquier caso no le queda más remedio que ejercer alguna actividad externa y, por ello, estar aparentemente ocupado con los demás miembros de la sociedad; interiormente, sin embargo, está ocupado con Dios. A propósito de esto dice Sa’di:

    ¿Has sabido alguna vez de aquél, ausente y presente al mismo tiempo?

    Yo vivo entre la multitud, mientras que mi corazón vuela más allá.

    (Sa’di s.f. , p. 554)

    La forma más ardua de ascetismo y de mortificación para un sufí es vivir en armonía en la sociedad. Más aún, el sufismo considera que esta armonía es el símbolo de la perfección humana y cree que aquel que es incapaz de vivir en buenos términos con sus vecinos está, de hecho, enfermo. Considera, por tanto, a aquellos que se retiran de la sociedad y adoptan la soledad para desarrollar su vida espiritual como seres imperfectos y desequilibrados.

    En otras palabras, el recorrido interior no es suficiente para el viajero. Para alcanzar la perfección debe también ser capaz de adaptarse a la comunidad y vivir en armonía con ella. No sólo debe servir a los demás sino además no sentirse nunca inquieto ni molesto cuando está con la gente. De hecho, el contacto con la sociedad es para él la prueba de su deseo de progresar hacia la perfección, ya que es en el mundo donde debe demostrar que está libre de tendencias pasionales y que ha dejado atrás su ego. En este estado avanzado el sufí nunca se siente perturbado por el daño que otros le puedan hacer. Se considera que el discípulo que se siente perturbado o molesto es aún un incrédulo. Por eso dijo Hāfez:

    Amor ofrecemos con paciencia y felicidad, que en nuestro camino

    el ofenderse es la infidelidad misma.

    (Hāfez, op. cit., gazal 385, v. 3)

    El discípulo que se siente perturbado está, de hecho, viendo doble; se considera aún a sí mismo como real y, por tanto, no ha cesado de “asociar” a un otro aparentemente real con lo verdaderamente Real, Dios.

    El hecho de que, con frecuencia, se considere al sufismo como retiro del mundo y ascetismo, no significa que la soledad, la mortificación y el ayuno sean elementos de la Senda hacia la perfección. Sin embargo, puede ocurrir que, en ciertos casos, el maestro espiritual vea en el discípulo un cierto desequilibrio psíquico y que le ordene retirarse temporalmente del mundo y abstenerse de comer productos de origen animal hasta que recobre el equilibrio y esté listo de nuevo para servir a la sociedad. Por tanto, para los sufíes, la “soledad” y la “mortificación” constituyen un tipo de remedio contra desórdenes psíquicos y no una prescripción para la perfección espiritual. Por el contrario, los sufíes siempre han sido muy conscientes de la necesidad de una alimentación correcta para tener la energía necesaria para esforzarse en el camino espiritual y en el servicio a la sociedad. Como dice Rumi:

    Este come y resulta más hambriento, más vicioso,

    mientras que otro come y se convierte todo en luz divina.

    Este come y se vuelve más impuro y distanciado,

    mientras que otro come y todo su ser será la luz del Único.

    (Rumi 1926, Vol. 1, v. 273/274)

    El sufí aprovecha su alimentación para permitirle realizar tareas de naturaleza espiritual, mientras que la gente común pone toda su energía al servicio de sus pasiones y sus caprichos.

    La escuela de la Realidad Absoluta (Haqiqat)

    Esta “escuela” tiene dos fases, fanā (anonadamiento) y baqā (subsistencia), simbolizando el fanā a la entrada en la jarābāt. Ya hemos visto que cuando el discípulo alcanza el final de la Tariqat, llega en primer lugar a la contemplación de la Divinidad. Este es el estado de fanā, o muerte del ego, del cual existen dos clases, exterior e interior.

    El fanā exterior es la aniquilación de los actos del discípulo por la manifestación de la Voluntad Divina. El discípulo alcanza un estado en el que está sumergido en el océano de los Actos Divinos, de tal modo que ve la Voluntad Divina en todo lo que ocurre y no su propia voluntad ni la de los demás. En esta etapa queda totalmente privado de libre albedrío.

    El fanā interior es la aniquilación de los atributos y del ser del sufí. En esta etapa, contempla en algunos momentos los Atributos Divinos, en los cuales sus propios atributos han quedado aniquilados, y en otros instantes contempla el Ser de la Divinidad, que aniquila por tanto su propio ser. Al principio del fanā interior, el discípulo queda privado de toda sensación; pero gradualmente, de acuerdo con sus capacidades, se vuelve consciente del mundo exterior, aunque su ser haya cesado de existir. Su estado interior es de aniquilación en Dios, mientras exteriormente está presente en el entorno y es completamente consciente de lo que ocurre a su alrededor.

    El baqā consiste en la subsistencia en Dios y se realiza cuando Dios concede al discípulo una nueva voluntad, que procede directamente de Él, para sustituir a aquella que quedó aniquilada en el recorrer del camino. Esta subsistencia, o “permanencia”, se obtiene a cambio de la aniquilación interior, que consiste en la desaparición del ser y de los atributos temporales del discípulo, que son como un velo que lo separa de lo Real. En este estado tan avanzado, Dios ya no es un velo que oculta el mundo a los ojos del sufí, ni el mundo un velo que oculte a Dios; ya no existe más ninguna clase de separación, y la dualidad se ha transformado en Unidad.

    Referencias

    Arberry, A. J. (1964). The Koran Interpreted, Londres.

    Freud, S. (1961). Introductory Lectures on Psycho-Analysis, J. Rivière (trad.), Londres.

    Hāfez (1983). The Diwan, P. N. Khānlari (ed.), Teherán.

    Nurbakhsh, J. (1959). The Life and Works of Shāh Ne’mato’llāh Wali, Teherán.

    Perry, W. H. (1966). ‘The Revolt against Moses’, Tomorrow, Londres.

    Racker, H. (1966). Transference and Countertransference, Londres.

    Rumi, J. (1926). The Mathnawi, R. A. Nicholson (trad.), Londres.

    Rumi, J. (1956). Ghazaliyāt-e Shams-e Tabrizi, M. Moshfeq (ed.), Teherán.

    Ruzbahān (1970). ‘Abharo’l-‘Asheqin, Dr. J. Nurbakhsh (ed.), Teherán.

    Saŷādi, I. (1960). Farhang-e mostalahāt-e ‘orafā’, Teherán.

    Sheij Bahā’i (s.f.). Kashkul, Qom.

    Shāh Nematollāh Wali (1964). Rasā’el, Dr. J. Nurbakhsh (ed.), Vol. IV, Teherán.

    [1] – El término nafs en la terminología sufí posee un amplio significado, como, por ejemplo: el alma, el yo, el ego, etc,. Para más información sobre el nafs y sus diferentes niveles, véase el libro La Psicología Sufí del autor. Editorial Nur, Madrid, 1997.

    [2] – Laila y Majnún: los dos protagonistas de una de las historias de amor más bellas de la literatura persa, obra de Nezāmi Ganŷawi (siglo XIII). Esta obra posee especial valor para los sufíes, por su contenido interior. El significado de la palabra Majnún es “el loco”

    1. el canto del pájaro de anthony de Mello anthonhttp://www.vocacionreligiosa.org/espiritualidad/libros/pajaro.pdf

      La primera vez que lo leí recuerdo el don de su corazón de ver la belleza de los seres, como trato de ayudar a chicos que la sociedad considera difíciles, que los aislan, así son más rebeldes, y realizan más actos por falta de conciencia,, y como uno de sus chicos escribió su historia…ALLAH PONGA MUCHOS DE ESTOS SERES EN LA VIDA, Y SI ES EN NUESTRO CAMINAR…MEJOR…BENDICIONES

    2. Cuanto de importante es el amor cuando hacemos el camino, sin amor no se puede hacer camino, no se puede meditar, no se puede rezar con el corazón, el amor da la mano al que va detras, yo siempre voy la última, abrazar desde el corazón, dar una sonrisa, no una oratoria, un oído para escuchar, la veracidad en las palabras, si realmente tanta historia es esto, Allah nos ama a todos por igual, a todos, por eso a los más pecadores, nos ayuda más pues vamos más lentos, pero a todos por igual, maulana es lo mismo, ama a todos por igual, por eso a cada uno le dice una cosa en función de suj estado, de su nivel pero ama igual el numero uno, que al 5000, porque para él no hay primewros ni últimos,

  5. Salam.
    Escuchando esta música, losniños revuelan, pues estamos gracias a Dios en buena vibración,pregunto¿subo el video?, los niños son abiertos, los adultos llenos de, es que, bueno pero…..ahí lo perdemos todo.
    Perdemos el amor, la pureza, lo hermoso LATIF…lo Nombro… pero no me abro a sacar eso tan sutil, tenemos tantos miedos.

    El corazón Sutil, sólo conoce lo sutil, la inocencia, la Pureza, la inocencia……..que no es sinónimo de tonto……

    Los cuentos tienen tanto para dar, en función de cuanto estoy dispuesto a abrirme.

  6. «No debemos de caminar solos, sino atrevernos a dialogar y compartir nuestras inquietudes con compañeros de camino y a la vez escuchar a los que antes buscaron y encontraron

    1. Desde mi punto de vista no existe ni la más mínima incompatibilidad entre el sufismo y el cristianismo. Para otras personas, entendiendo el término de una manera más restrictiva, opinarán que es necesario ser musulmán para ser sufí. Pero incluso el musulmán es cristiano, ya que para los musulmanes Jesucristo es el Ruh de AlLah, es decir el espíritu de Dios (Espiritu Santo) insuflado directamente en el vientre de María. El corán o el último profeta no vienen a negar las revelaciones anteriores (Jesús, Moisés…) sino a confirmarlas y actualizarlas. Y algunas veces he visto a Mawlana (el maestro sufí) decir a personas cristianas que le hacían esa pregunta que no hay el más mínimo problema, que la mejor manera para ellos de ser «sufís» es siendo buenos cristianos.

      Un abrazo y bendiciones

    2. Puedes ser Ser, Amar, que todas las intenciones sean amor, lo demas viene por añadidura,¿el nombre?

      El importante es Allah, importante dar los pasos de Allah, Moises tiene sus diez mandamientos, algo tan sencillo, que no cumplimos, pero ahí estamos, cujando ponemos nombres etiquetas apostillamos esta o la otra, concurren barreras, de verdad que pena cuando surgen esas cosas pero forma parte de la evolución, caminar, que te haga vibrar, eso como dice Abdul karim te sostiene ese propósito, es como encontrar la zapatilla que calza pewrfecto en tu pie, por eso aunque hayn barreras, tormentas, y no sepas nadar, no sepas como salir a flote, saldras, pues amas ese medio, te aseguro así lo siento yo, no me importa sufí o musulmana, sé que por aquí quiero desarrollarme, tengo mi vida bien, gente a la que quiero, y más por permitirme hacer este camino, no lo ewntienden, pero yo quiero hacerlo así, pero cualquier otro es bueno si te sientes en amor si esto te hace vibrar, entonces es la forma, pero todo es aceptable, uno anda comn los budistas aprende con ellos y puede estar haciendo otras cosas……bendiciones

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