Qué es el sufismo

Místicas vivas: Sufismo.

 

El sufismo no es algo que se pueda expresar con palabras, sino la realización de una certidumbre absoluta. Muchos ignorantes se regocija en su ignorancia y muchos que conocen sufren por su conocimiento

Mustafa al-‘Alawi (Maestro Sufí)

(Texto de http://www.madridpsicologia.com/articulos/sufismo.html)

Mestro Sufi Mawlana Sheij Nazim Al Haqqani An Naqshbandi

Mestro Sufi Mawlana Sheij Nazim Al Haqqani An Naqshbandi

El Sufismo (Tasawwuf) es la tradición mística universal. Desarrollada a lo largo de los siglos en el judaísmo, el cristianismo y luego en la matriz cultural islámica. Si bien, para algunos autores hunde sus raíces en el zoroastrismo persa e incluso en doctrinas anteriores y ancestrales. Pero, y aún en ese caso, el sufismo está profundamente arraigado en las tradiciones persas y árabes y ha sido sustancialmente enriquecido por el universo musulmán. Podría decirse que en el sufismo se sintetizan las prácticas espirituales más antiguas y las más modernas.

Tanto el Profeta Muhammad (sws) como ‘Alí (primo y yerno del Profeta) o Abu Bakr (su amigo íntimo)  son figuras centrales del Sufismo. Aunque hay que recordar que el propio Qo’ran reconoce hasta a 124.000 profetas o mensajeros, entre ellos Jesús, Moisés, David, Salomón y Abraham. Tanto es así que, desde algunas escuelas (Sendas o Tariqat) sufíes se sostiene que el Sufismo, como camino espiritual (esotérico), es compatible con cualquier religión o creencia organizada (exotérica) [incluso con el ateísmo] siempre que se fundamente en el pilar básico del Amor. Para otros, sin embargo, el sufismo es la esencia misma del Islam, su corazón místico y espiritual.

Se suelen proponer dos etimologías posibles: Saaf que vendría a significar pureza. Y Suf que es el manto de lana, tradicionalmente la única posesión del sufí o derviche (darwish). Aunque también se ha sugerido, pero es muy improbable, que pueda derivar del término griego sophos (sabiduría).

Desde la disciplina de la religión comparada (Religionswissenschaft) suele considerarse que las religiones tienen una vertiente exterior, cultural y formalista, llamada exotérica constituida por las instituciones, normativas, reglamentos, etc. Y una dimensión interior, espiritual y sapiencial, o esotérica que buscaría la “experiencia mística directa”, la comunión del alma con la Realidad Absoluta. Desde este planteamiento (limitado por los presupuestos de la propia disciplina), muchos autores consideran al Sufismo como la médula esotérica del Islam, es decir, como una de las manifestaciones de un núcleo espiritual universal revelado, en cada época y cultura, por diferentes profetas y tradiciones pero con un mensaje esencialmente idéntico. Es lo que se ha dado en llamar la Religio Perennis, Philosophia Perennis (o sabiduría perenne) que sería, para estos autores, como una misma obra de Dios traducida a los diferentes idiomas de los hombres. Así, el Sufismo sería la principal expresión esotérica dentro del complejo mundo islámico.

O dicho de una manera más sencilla, El Absoluto se ha revelado varias veces en la historia a través de diversos profetas (Moisés, Jesús, Noé…). El Sufí se nutriría de esa única tradición (puesta al día o actualizada en diferentes momentos) pero centrándose especialmente de la última revelación (El Islam) por ser la más completa y la que, por ser la última, mejor se conserva y adecúa a este tiempo.

Uno de los conceptos centrales del Sufismo es el de zekr o diker que puede traducirse como “recuerdo” o “recitación”, referido al Continuo Recuerdo de Dios a través de la recitación de mantras, que es la práctica central del derviche (o practicante del sufismo). Los zekr son Nombres Divinos (o Atributos Divinos), que se repiten como una salmodia o mantra, ya sea en voz alta (zekr-e yali) o, como en el diker del corazón (zekr-e jafi o qalbi), en ocasiones, acompasándolo con la respiración, de tal manera que “no pase un sólo aliento sin el continuo recuerdo de Dios”. Un zekr muy habitual es, por ejemplo, La illaha illal-Llah (no hay otro Dios más que Dios). Este diker engarza directamente con la doctrina filosófica y sapiencial de la Unidad (o interrelación de todas las cosas en un único gran proceso divino) muy presente en la práctica sufí.

Los sufíes se reúnen, al menos una vez por semana, en el centro de meditación (Janaqah, zawiya o Derga) para practicar el dhikr que es un ritual que consiste en la recitación, individual o colectiva del zekr o Nombre Divino guiados por un maestro (Sheij) considerado como el representante de la “cadena de oro” (Silsila) que asciende hasta el Profeta Muhammad (saws). Suelen acompañarse de música (sama) y poesía, en un ambiente que invita a la profundización y el rapto espiritual. La Derga suele tener además una decoración muy cuidada y de una gran fuerza expresiva y simbólica.

La finalidad de estas prácticas es, nada menos, que la purificación del ego o nafs hasta embellecer el alma con los atributos o nombres divinos, llegando, en última instancia al anodadamiento (fana) en lo divino. Se busca, como en otras tradiciones, la liberación del ego o nafs a través de varias estaciones (maqam) y estados (hal) equivalentes a moradas o grados de iniciación espiritual. Es un camino de gnosis (ma’refat) basado en el efecto transformador del Amor a Dios. “Tanto he pensado en Ti que mi ser se cambio por Tu Ser; paso a paso te acercaste a mí, paso a paso me alejé de mí” dicen los sufíes.

Existen diferentes escuelas, llamadas tariqas, turuq (o “sendas”) en el sufismo. En españa pueden encontrarse la Naqshbandi (del Maestro Mawlana Sheij Nazim al Haqqani), la Mevlevi (Sheij Ahmed Dede, entre otros), la Nematulaji (Javad Nurkbash), etc.

El Sufismo, como otros caminos esotéricos (zen, yoga…), es a la vez un camino de conocimiento y una vía práctica, de una gran belleza poética, con una riquísima red de metáforas y alegorías de los estados interiores más sutiles –que las psicologías occidentales, por cierto, ni sospechan– que deben saborearse (dawq) y experimentarse para conocer a Dios en todas sus manifestaciones: el universo, las criaturas, los seres humanos y sobretodo en la propia alma que es la depositaria final del secreto (sirr) del Espíritu (ruh). En el fondo, toda realidad es Teofanía o manifestación de lo divino. El sufismo es, en fin, un inmenso tesoro de sabiduría espiritual, el “Vino de Dios” que conduce a la embriaguez sagrada. Uno de los mil caminos que conduce de regreso a la Totalidad.

(Texto de http://www.madridpsicologia.com/articulos/sufismo.html)

 

 

 

 

Nota: Actualmente se puede entrar en contacto con grupos sufíes en España. Puede consultarse, por ejemplo. O ponerse en contacto con el autor de este artículo.

www.meditacionsufi.com o SufismoNaqshbandi en Madrid

Sobre Shihabuddin

Psicólogo y escritor. Practicante del sufismo en la tariqat naqshbandi.