El bebé derviche

Haqq” (La Realidad Divina) fue la primera palabra de Ibrahim, en un árabe claro y dulce. Y muy pronto se le empezó a escuchar recitando “Allah”.

Con tres meses ya pasaba largos ratos haciendo diker, es decir, repitiendo “Allah, Allah, Allah…“, una y otra vez, bella y acompasadamente, como una nana o una salmodia.

De nuevo, la pronunciación era impecable, incluida su Sachda, es decir, el énfasis adecuado en la Lam (la “ele” de Allah) y el deje sordo de la Ha (hache) final, como si el último aliento condensara toda la sacralidad de lo impronunciable, del noble aliento que viene depués de Al-Lahhh…

A veces, en una mezquita, templo o lugar de oración, a ese “Allah” claro y limpio le acompañba un “Huuuu” o un “Haqq“.

Ibrahim ya sabía los nombres de Dios antes de aprender ningún otro nombre. ¡MashalLah! Quienes lo conocen pueden atestiguarlo. Y su caso es el de otros tantos hijos de amigos y hermanos que se asombran al ver a sus pequeños pronunciando las palabras sagradas del Islam.

Cuando escucha el Azan (la llamada a la oración), Ibrahim se queda quieto, abre sus ojos muy atento, y eleva la mirada al infinito mientras entrelaza sus manitas, solemne y concentrado; siguiendo estrictamente el Adab (las buenas formas) de la llamada. Quien sabe lo que estará mirando, porque realmente da la impresión de que está viendo ángeles o “tayalis” bendiciones de luz derramándose en el espacio.

En los Hadrahs, rituales de danza sagrada, se mueve rítmicamente y baila feliz, participando activamente con los demás y alegrando los corazones de los asistentes.

El Tasbih o rosario es uno de sus objetos favoritos (curiosamente junto a las bolsitas de té).
Hace pocos días empezó, de repente, a decir “Amín“. Justo en el momento preciso, mientras hacíamos una du’a (petición) colectiva. Desde entonces ha afianzado su uso. Repite “Amín” cuando bendecimos la comida o cuando pronunciamos la Fatiha (primera sura del qur’an que, como el padrenuestro cristiano, acaba con un “Amín”).

Después de un taller de giro derviche se ha aficionado a dar vueltas. Siempre en el sentido de la sunnah, es decir, antihorario, con la mano derecha levantada y la izquierda dirigida hacia el suelo. Como lo hacen los sufíes desde hace siglos.

A veces se ayuda a girar recitándose Allah él mismo, e incluso algo que suena como el sagrado mantra “La ilaha ilalLah” (“no hay más realidad que El Absoluto”).

Es difícil grabarlo, porque la magia se acaba en cuanto sacamos la cámara. Pero, gracias a Dios, algo tenemos, algo que merece la pena compartir con el mundo.

Después de pensarlo mucho, sólo puedo llegar a una conclusión. El din del Islam, la última revelación, es universal y, como suele decirse, todos nacemos musulmanes. Al menos el pequeño Ibrahim ha nacido musulmán. AlhamdulilLah.

Y Allah sabe más.

Aquí está un vídeo. Subiremos más, inshalLah:

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Sobre Shihabuddin

Psicólogo y escritor. Practicante del sufismo en la tariqat naqshbandi.